—Bien —dijo mi madre, apartando a todos de mi—. Ya la conocieron, ahora si nos disculpan...
Intentó agarrarme del brazo, pero la señora de ojos azules pequeños me atrajo hacia ella.
—Pero si solo la vi. Yo quiero conocerla mejor —me acercó más hacia ella—. Y tampoco ella nos conoce.
No quiero, gracias. Me apartó de ella para regalarme la sonrisa más amplia que había visto jamás.
—Soy tu tía Martha. Era la melliza de Steven.
—¿En serio? —pregunté con asombro y emoción. No se parecían tanto. Mi padre era robusto, mientras ella parecía una muñeca de porcelana.
—Si —me mostró una pequeña sonrisa—. No nos parecíamos tanto, pero nos queríamos. Además, yo siempre fui la más bonita.
Quise reírme, pero el pensamiento de que ellos habían sido los culpables de que mi padre esté muerto me quitó la gracia.
—Jaja, qué gracioso —murmuré, más para mí que para ella.
Al darse cuenta de que mi interés disminuía mucho, continuó con el resto de la familia:
—Esos son mis dos hijos mayores, Josh y Eleonor.
Llevé mi vista a donde su dedo señalaba. Había tres jóvenes sentados cerca, y dos de ellos eran Josh y Eleonor (lo supe por el parecido: Ambos piel trigueña y ojos verdes). Levanté mi mano a manera de saludo.
—Y ese es el más pequeño, Liam, y mi esposo, Emiliano.
Miré a un pequeño castaño en brazos de un hombre de tez clara y ojos color miel, a diferencia de él, el pequeño tenía la piel trigueña y unos ojos azules, como su madre.
También les hice un ademán en modo de saludo.
—Esa es Karol. Es mi hermana menor —miré a la pelinegra ojos cafés que estaba apoyada de la pared de manera desinteresada. La saludé una pequeña "sonrisa", que estoy cien por ciento segura de que lucía más como una mueca.
—Ese es Rafael, es mi hermano mayor y protector de toda la familia —lo miré desde mi lugar en el comedor. Se parecía a mi padre, mucho. Era el más parecido a mi padre de todos. Tenía la piel morena, y al igual que él, unos ojos verdes esmeralda.
—Un gusto —murmuré.
—Igualmente —él me regaló una sonrisa que no correspondí.
—Esa es Liliana, la novia de Josh —miré a la castaña que estaba sentada junto a Josh, e hice un pequeño saludo con la mano.
—Y estos... —dirigí mi mirada hacia donde ella me indicaba—. Son tus abuelos. Ella es Marta, pero sin "h", y él es Jonh.
"¿Abuelos? A mí me parece que ese nombre le queda grande a ellos".
Fruncí el ceño. ¿Todos se llaman igual?
—Ya lo sé —dijo Martha, como si pudiera leer mi mente—. Mis padres no tienen mucha imaginación.
Todos -casi- en la sala rieron ante ese comentario. Sin incluir a mi madre (que ya estaba pálida de toda la tensión que tenía en el cuerpo) y yo.
—Vengan todos —nos invitó Martha—. Siéntense en la mesa. Ya es hora de comer.
No importa cuánto esfuerzo hacían por romper el hielo, yo tenía en la mente algo y no lo sacaría tan fácilmente.
En la mesa del comedor, ya a la hora de comer, nos sentaron una al lado de la otra. Necesitaba algo para distraer mi madre, aunque sea un solo momento y que pueda olvidarlo todo.
A ver... Piensa cabeza, piensa. Uh, ya sé.
Me incliné hacia ella. —¿Como sabrá Ayden que estoy aquí y no en casa? —le susurré para que solo ella lo escuchara, pero aun así pude ver como todos nos miraban, interesados por saber que le dije a mi madre.
Mi madre me miró con disimulo. —Cierto, no lo había pensado. Deja y llamo a Camilla.
Se disculpó y fue a hablar afuera. En lo que venía, mis llamados "abuelos" aprovecharon para preguntarme cosas más... Personales.
—¿Tu madre está casada? —preguntó, (nada sutil, si me preguntan) Marta.
—¿Tiene novio? —esta vez preguntó Jonh, su esposo.
—¿Está comprometida? —volvió a preguntar mi Marta.
—¿Te ha hablado de que quiere volverse a casar o que...
—¡Ya basta! —los cortó Martha—. Dejen de... —levantó su mano, e hizo señas muy raras con ellas—. De acosarla. Déjenla comer tranquila.
Me quedé callada. ¿Qué se supone que querían que les respondiera? Mi madre y yo últimamente nos habíamos distanciado mucho.
Ella no sabía casi de mi vida, y yo no sabía nada de la suya.
Así que las respuestas a todas sus preguntas eran un rotundo «No sé».
Claro que no pude responder nada, ya que mi madre había vuelto a sentarse en la mesa.
—Hablé con su madre y le envié la dirección. Dice que vendrá por ti como a las cuatro —dijo, pero esta vez no habló tan bajo.
Asentí para que supiera que la había escuchado.
Casi toda la comida había pasado en tranquilidad, cuando ocurrió... Claro, porque no puede pasar ni un día en el que algo malo no me ocurra. Verán, ¿cómo les explico?
Había un servidor de pasta automático (no pregunten cómo funciona, porque si hubiera sabido cómo funciona, no hubiera pasado tremendo desastre) y lo que pasaba era que Josh quería más pasta, y como yo estaba más cerca, pues me tocó a mí.
Y dónde está lo malo, dirán.
Pues sucede que la máquina infernal esa, tenía un botón donde empezaba a dar vueltas... ¡NO SE PORQUÉ! Y sin querer queriendo, lo presioné.
El bowl voló por los aires, ensuciando a todos con su contenido, y rompiéndose en mil pedazos contra el piso. Intentamos apagar la máquina diabólica esa, pero al intentar hacerlo, se cayeron más cosas al suelo.
Y así, llegamos al presente.
Fin del flashback
—Bueno, al menos comimos tranquilos los primeros diez minutos —dijo Jenna, riendo.
Miré el reloj que traía en la muñeca. No habían pasado diez minutos, había pasado casi media hora.
—Perdón —me disculpé con ellos por mi desastre.
—No te preocupes, princesa. Esas cosas pasan.
Aún con lo que dijeron para tranquilizarme, me seguía sintiendo culpable.
Yo y mi torpeza siempre... Y hablando de torpeza, acabo de tropezarme con alguien.
Era Josh, el hijo de Martha.
—Lo siento, no te vi —se disculpó.
Me puse de pie. —No pasa nada. Pero no me estarás de diciendo enana, ¿verdad?
El rió y se puso de pie también. —Claro que no, aunque sabes que no eres la persona más alta, ¿cierto?
Reprimí una carcajada para poder fingir estar molesta.
—Pero qué falta de respeto.