Misión «Cena benéfica» I

1236 Words
Sábado, 3:27 p.m. °~~~~~° Hoy pudo haber sido un sábado mágico. Me podría haber quedado durmiendo hasta tarde, podría haber desayunado a las doce y muy difícil que salga de casa en las primeras 15 horas del día. Pero no, hoy me levantaron a las 7:00 de la mañana porque me ven cara de "No sé qué cosa", para mandarme a casa de los Hilfiguer a perfeccionar el diseño que tendría el salón donde haríamos la cena benéfica esta noche. Al principio no quería ir. Ni ahora tampoco, pero entendieron el punto. En esa casa estaría el demonio de Ayden merodeando por ahí, pero muy amablemente Alaska me informó que hoy había salido a dar una vuelta con unos amigos. Al menos, sólo por una vez, los planetas se alinearon a mi favor. *Insertar aquí coros angelicales* Tenía casi cinco horas intentando encontrar el diseño perfecto para el salón, cuando recordé una línea que había leído y que incluso la tenía pagada en mi habitación en un póster. "... Puedo vivir sin ti, pero que podamos vivir sin algunas cosas no significa que debamos hacerlo..." Me quedé pensando en lo mucho que esa mujer debía haber deseado que ese hombre se quede a su lado, cuando lo recordé... ¡La obra! Me di una muy merecida facepalm. Esas líneas la tenían que decir yo, y era parte de una obra en la que tendría que participar mañana. Definitivamente hoy no era mi día. Y eso que sólo estaba empezando. °~~~~~° Bufé mientras movía el letrero gigante con el nombre y la temática de la fiesta que estaba tamaño pequeño en la maqueta. "A lo mejor si lo pones en un lugar alto, alguien muy alto se choque con él." Me reí de esa imagen mental tan divertida. Definitivamente no, no haría eso. Detallé cuidadosamente el anuncio. Decía: «Cena anual benéfica. Tema: Runas Silvestres» en letras negras, con un efecto que la hacía parecer que se derretían, rodeada de runas verdes y musgo n***o. Puse el cartel con el nombre en una de las cornisas que estaban cerca de la entrada. Algo bajo para que todos los lean y muy alto para que nadie se choque. Le di un vistazo al trabajo que había conseguido hasta ahora. No estaba nada mal. Ahora faltaba menos. Algunos retoques y sería libre. °~~~~~° Sábado, 5:19 p.m. Ya estaba en casa. Había terminado la decoración y había supervisado que todo estuviera en su perfecto orden para esta noche. Había revisado tanto las cosas y tantas veces, que cada vez que veía algo desorganizado en mi habitación corría a ordenarlo. Se llaman nervios, gente. "Yo no veo el por qué de tu nerviosismo", me dijo mi cabeza. A ver, pasemos lista... Tendría que subirme a un escenario, cantar la canción más melodiosa que conozco a más o menos cien personas y fingir que no me quiero morir, no tropezarme, que no se me salga el gallo y lucir como toda una dama. "¡Perfecto! Ya tienes un plan." Me reñí a mí misma por esos pensamientos tan sarcástico que no me dejaban concentrarme en lo verdaderamente importante. La cena, la obra, la cena, la obra, la cena, la cena, la cena... Mientras me daba una charla mental que giraba en torno a «No te vas a caer, Ginebra. Ya deja el drama», busqué ansiosamente el guion de la obra que me tenía los pelos de punta. "Síguete engañando con eso, ilusa", me dijo mi subconsciente."Tú mejor que nadie sabe que no es por la obra." Me paré un segundo a pensar en algo... ¿Por qué yo misma estaba echándome al medio? "No somos las mismas... Yo soy más inteligente." Sacudí la cabeza para alejar los comentarios sarcásticos de mi otra yo. Creo que ya me volví loca. Justo cuando pensé que ya había acabado ese pequeño momento tan tenso entre mis pensamientos y yo, encontré el guión de la obra. Odio Fingido. «A veces el amor más puro, está en el odio más fingido». —¿Que tendrá el universo contra mí? —murmuré mientras buscaba algo para entrar el folleto de la obra y mi teléfono. No creo necesitar nada más. Ya con todo preparado en un bolso n***o, abrí el armario para sacar el vestido que habíamos comprado en la tarde y la caja con el par de tacones. Empecé a desvestirme para colocarme el vestido. La seda blanca se fue adhiriendo a mi figura conforme me lo ponía, hasta que finalmente quedó. El vestido tiene una abertura en la pierna, dejando ver mi pierna derecha hasta lo alto de mi muslo. Por delante no tenía escote, pero la espalda la tenía descubierta, dejando ver unas runas que me hizo Gris para la presentación. Me empecé a poner los tacones con cuidado de no borrar ninguna de las runas de mi espalda o de mi cuello. Después de terminar, me propuse a limpiar un poco mi tocador. Me detuve en el espejo de cuerpo completo a mirarme y suspiré de alivio al ver que todas las runas seguían intactas. Si le dabas muchas vueltas todo podría salir mal, en cambio, sí me terminaba de vestir rápido y no pensaba en nada, me podía imaginar un escenario diferente donde no me caigo o empujo a alguien sin querer. Dejé de limpiar el tocador y me propuse a maquillarme. Todo va a salir bien. Con ese pensamiento en mente, terminé de maquillarme y bajé antes de arrepentirme. °~~~~~° Al llegar al lugar de la fiesta lo único que pude hacer fue pensar en lo hermoso que era el lugar y lo muy bien que estaba decorado. .. Ah, esperen, lo decoré yo. Me reí mentalmente ante ese comentario tan egocéntrico que me pasó por la cabeza. —Gin —la amiga de mi madre, Chloe, me llamó para que me acercara a ella. —¿Sí? Ella me llevó hasta dentro a paso rápido. Al parecer, el bullicio de las personas que estaban afuera y los paparazzis no la dejaban oírme bien. —Tu madre está hablando con una entrevistadora afuera y me dijo que te trajera dentro —Chloe me quitó unas arrugas imaginarias del vestido—. Ve adentro y siéntate en la silla con tu nombre, ¿Sí? Nos vemos al rato. Suspiré, resignada. Qué más da. Igual era mejor estar sentada sola que aquí, en medio del pasillo. Empecé a caminar cuando vi en la lejanía a Alaska que por lo que se dejaba ver, estaba discutiendo con su padre. El señor Hilfiguer, a diferencia de su mujer, era un hombre muy serio y estricto por lo que siempre tenía una opinión para todo lo que tenía que ver con sus hijos. Y no siempre ellos lo tomaban bien. Quería caminar hasta ella y quedarme a su lado, pero Nikolas me da miedo. "Si, si a ti te da miedo, imagínate a Alaska." Eso era cierto. Dejé mi bolso en la mesa que tenía mi nombre y el de mi madre, y me encaminé hasta donde se encontraba la mesa de los Hilfiguers. —Señor Hilfiguer —lo saludé con la sonrisa más deslumbrante que pude. Nikolas dejó de mirar an Alaska y posó su vista en mí. Sus ojos, como dos dagas, no dejaban de mirarme, poniéndome los pelos de punta.
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