Borracho de amor II

1292 Words
—¿Qué...? Él sonrió. —No, nada —no tardó más tiempo en sellar mi boca con la suya, llevándose un jadeo de asombro por mi parte. Yo le seguí el beso. El sabor de la cerveza llenó mi boca en cuestión de segundos, pero por esta vez no me importó. Llevé mis manos hacia su nuca para atraerlo más hacia mí. Adentré mi lengua hacia su boca, ganándome un gruñido por parte de él. Sonreí por eso. Ayden me estaba besando y eso me... ¿Ah? Ayden me estaba besando... ¡Ayden me estaba besando! Me separé abruptamente de él. "Lo que te dolió separarte, eh Ginebra" me dijo mi conciencia. —Aléjate de mí, demonio. Ayden alzó una ceja. —¿Demonio? Ah, ya había olvidado ese mote que me tienes. Empezó a acercase otra vez. —¿Por qué era...? No recuerdo —cada vez estaba más cerca de mí. —Ayden... —lo amenacé. —Como desees. —me dio un casto beso en los labios antes de volver a su antigua posición: Solo apoyando sus brazos a mí al rededor. —Entonces, —empezó a susurrar Ayden para si—. Pongo nerviosa a Ginebra. "Y si supiera qué más..." Sacudí la cabeza mentalmente. No pude haber pensado eso, eso no es propio de mi... ¡Oh por Dios! Pero qué es lo que me pasa. Ayden pareció adivinar lo que estaba pensando, por lo que sonrió perversamente. Ay no. Esa sonrisa es la que siempre pone antes de meterme en problemas. —Oye Blossom, dijiste que odiabas el olor a cerveza, ¿verdad? Lo miré confundida antes de bajar la vista a mi blusa. Estaba empapada de cerveza, igual que mi cabello. Me sentía pegajosa y ni sé porqué. —Emm... si —le respondí finalmente—. ¿Qué piensas hacer? Ayden se acercó, y me susurró al oído: —Quítate la blusa. —Ay no —lo empujé hasta que pude ver su cara—. No querido, ¿qué te crees? Esto no es así. Éste hizo un ademán con la mano, restándole importancia al asunto. —Igual ibas a quedarte sin ella. —¿De qué hablas? —muy tarde. Como siempre... "Al parecer tu cerebro no funciona bien cuando estas cerca de Ayden." ... Ayden había tomado el enganche que sujetaba mi blusa por la parte de atrás, y lo había soltado. ¿Adivinen quien está en ropa interior de la cintura hacia arriba? —¡Ayden! ¿Qué rayos te pasa? —chillé tapándome con los brazos, porque el muy idiota se había llevado mi blusa. "Eso Ginebra, aférrate a tu dignidad con fuerza." Incluso mi subconsciente se burla de mí. —Ayden, devuélvemela. Fingió pensárselo mientras miraba la blusa, después me miró a mí, con esa sonrisa socarrona tan característica de él. —No quiero. Arg, las ganas que tengo de ahorcarlo. "Repita otra vez eso... Tu otra mitad del cerebro que le presta atención a Graciela mientras habla de libros quiere que especifiques sobre qué hablas". Ignoré esa odiosa voz dentro de mí. —Ayden, por favor dámela —eso ya sonaba a súplica. Pero no me importaba, lo único que quería era conseguir era mi blusa. —Hagamos un trato. —No me digas, ¿uno de eso tratos tuyos donde sólo ganas tú? Me ignoró. —Ya es muy tarde, y debemos ir a dormir. Miré el reloj de la pared. Una de la mañana. —Sigue —dije, ya sin ganas. —Y no vas a poder dormir con esa ropa tan... —tomó una pausa para evaluar mi ropa, y se quedó mirando de más cierta parte que ya no tiene casi tela. —Ayden. —... Incómoda —terminó. —¿Qué sugieres, genio? ¿Qué me quite toda la ropa y me acueste a dormir contigo a lo fucker? Ayden sonrió con malicia. —No iba a sugerir eso, conejita. Pero ya que esta la oferta está en la mesa... Tiró la blusa a un lado, y se colocó encima de mí, pero sin poner todo su peso. —Tiene que ser una broma —Ayden rió—. Si, eso, una mala broma. —Sabes, conejita —¿Ahora que tiene con llamarme así?—. Para ser tan gruñona eres muy bonita. Bufé. —Si es uno de tus baratos intentos para ligar conmigo, no va a funcionar. Hizo un puchero, pero en sus ojos podía ver que se estaba divirtiendo a mi costa. —Ayden, me estas aplastando. Este suspiró, murmuró un «bien», pero no se alejó de mí. Solo se movió y cayó a mi lado, aprisionándome contra su cuerpo. Genial, si cree que voy a dormirme así, está muy equivocado. —Conejita... Rodé los ojos. —Mande. Duró un rato en silencio, hasta que habló: —¿Duermes con falda? Hice una mueca. El zipper de la falda, más los tacones no ayudaba a dormir, pero no es como si fuera a quitarme todo lo que me incomodara solo para poder dormir bien junto a Ayden. No mi cielo. —Posiblemente. Se dio la vuelta hacia mí. —Mentirosa. —Y qué pretendes ahora —dije exasperada—. ¿Qué me la quite? "¿Eres o te haces?, deja de darle ideas, mensa", me dijo obvio, mi subconsciente. Abrí los ojos de par en par cuando sentí que Ayden tenía una de sus manos bajando el zipper de mi falda. —A-ayden... ¿Q-qué ha-haces? Él pegó su nariz de mi cabeza, para apoyarse de mí. —Nada. —Si crees que literalmente desnudarme no es nada, sé bienvenido al club. Ayden soltó una risita, pero aún no soltaba el zipper. Hijo de su madre... Cuando lo agarre... "Enserio, está al lado de ti. Dudo mucho que lo agarres más cerca, a menos que..." Tragué grueso. —Invítame a un café, al menos. Ayden solo soltó una risa nasal, que no hubiera sentido de estar lejos de él. Sólo pude sentir su aliento en el cuello. Señor... ¿Qué he hecho? Solo soy una humilde pecadora... "Pues pecar, idiota." Al final, Ayden dejó el zipper de la falda tranquilo. Al parecer ya se había hartado; o eso creía hasta que sentí su mano en mi ropa interior. —Ayden, deja eso —le reñí. Ya las palabras casi ni me salían. Suerte tuve, porque esas no las tartamudee. En ningún momento Ayden apartó sus dedos de mi espalda baja, dándome pequeñas caricias que nunca llegaban muy abajo. Bien, viéndolo por un lado Ayden tiene razón: Esta ropa es incómoda. Y conociéndolo, no me dejará ir. Y por el otro lado, se supone que no debería hacer esto, pero... —Está bien —solté un sonoro suspiro—. Me la voy a quitar, pero solo si me prometes no mirar —sentí como asentía al instante—. Pero tienes que soltarme. Ayden se hizo a un lado, y me dio la espalda. Me levanté y empecé a quitarme la falda. La brisa fría se deslizó por mi cuerpo semidesnudo. Procedí a quitarme los tacones. Qué alivio. Me volteé para encontrarme con la sorpresa de que Ayden no llevaba puesta la camiseta, ni el pantalón. —A-ayden... ¿Por qué no tienes ropa? Él se tiró en la cama, bocabajo, pero aun así su vista seguía fija en mí. —Si tengo. El sentimiento de tibieza se fue expandiendo por todo mi vientre bajo, hasta mi centro. Creo que mejor me acuesto. Me hice un lado en la cama, antes de que Ayden tenga tiempo para terminarme de quitarme la poca ropa que tenía mentalmente. Mañana sería un día muy entretenido.
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