7

1152 Words
El consultorio olía a esencia de vainilla y canela, unos olores que a ella le causaban dolor de cabeza. Athenas se detuvo un segundo antes de entrar. Hacía años que no cruzaba esa puerta. Desde que sus padres, nerviosos y cansados, la habían traído cuando tenía catorce. —Athenas —dijo el médico al verla—. Has crecido. Sonrió con una calidez real, no profesional. Se levantó para saludarla y le indicó la silla frente a su escritorio. —La última vez que te vi, no mirabas al frente como ahora. Ella esbozó una sonrisa mínima y se sentó. El médico ocupó la silla frente a ella con un gesto tranquilo. Era un hombre de unos cincuenta y tantos años, de movimientos pausados, como si nunca tuviera prisa. Tenía el cabello entrecano, cuidadosamente peinado hacia atrás, y unas gafas de marco delgado que se acomodó sobre la nariz con un gesto conocido, casi ritual. Su voz solía llegar antes que cualquier juicio: baja, firme, paciente. —¿Cómo estás? —preguntó, acomodándose las gafas. Athenas dudó un instante. —Confundida. Su mirada se perdía en los detalles del lugar. Las paredes del consultorio estaban cubiertas de estanterías con libros subrayados, algunos demasiado antiguos para seguir modas, otros claramente releídos. En el escritorio no había desorden, pero tampoco rigidez: una libreta abierta, una lapicera gastada, una taza de café ya frío. Todo en él transmitía la sensación de alguien que escucha más de lo que habla… y que recuerda. El médico asintió, como si esa respuesta fuera suficiente para empezar. —Estoy leyendo tu expediente…¿sigues vinculada a aquel personaje? —dijo con cuidado—. El ninja del anime. Athenas frunció apenas el ceño. —Su nombre es K. —Claro —respondió él sin ironía—. ¿Siguen juntos? —Sí —dijo ella—. Seguimos juntos. —¿Cómo relación o como fantasía? —Como relación. A ella realmente no le importaba si pensaban que estaba loca. Creía en su postura y sabía quien era, tenia derecho ser lo que le diera la gana, en tanto no lastimara a nadie. El médico anotó algo, sin apuro. —Pero no viniste por eso —añadió— al menos lo noto en tu voz, no parece que tienes problemas con…tu novio. Athenas entrelazó las manos. —Estoy teniendo alucinaciones. El médico alzó la vista, atento. —¿Con el ninja? —No, de otro tipo. Hace unas semanas —comenzó—, en el cementerio… vi a una mujer. Caminaba entre las lápidas, como si no perteneciera a ese lugar. Pensé que era… un fantasma. El médico no la interrumpió. —No la conocía —continuó—. Nunca la había visto. Pero al día siguiente trajeron su cuerpo para enterrarlo. El silencio se espesó. —Eso es… profundo —dijo él al fin—. Y extraño. Athenas sostuvo su mirada. —No busco que me diga que estoy loca. —No lo pienso —respondió con firmeza—. Pero debo decirte algo con honestidad: en principio, los fantasmas no existen. Ella asintió despacio. —Lo sé. Pero estas experiencias no las provoco yo. No las busco. Es como si algo se estuviera escapando de mi entendimiento. El médico inclinó la cabeza. —¿Algo o alguien? Athenas tragó saliva. —Un hombre —dijo—. Se llama Cyan. Todo con él es… extraño. El médico respiró hondo. —Este hombre…¿es real? —Si, es real — responde fastidiada — doctor le voy a responder lo mismo que le dije aquella vez. No creo que K sea real, sé que no lo es, pero es mi relación, así la quiero llevar, no ando hablando con el sola por las calles como si lo estuviera viendo a mi costado. —¿Entonces no es una terapia de pareja? Ella le da una sonrisa divertida —No — responde fastidiada El suspira, resignado. —No puedo descartar que esto sea producto de tu imaginación —admitió—. Pero también es cierto que presenciar la muerte a diario podría alterar tu percepción de la realidad, incluso si lo normalizas, es importante saber que puede producir un choque emocional, que genere temor a la perdida. Ella bajó la mirada. —No suelo indagar mucho que pasa allá adentro — se toca el corazón — vivo en piloto automático. Solo no quiero perder el control —Y no lo estás perdiendo —dijo él con suavidad—. Por eso estás aquí. Se recostó en la silla. —Quiero proponerte algo. Necesitas personas reales. No parejas, no vínculos que se parezcan a los que ya tienes. Amigos. Gente que te saque de tu mente. —¿Amigos? —repitió ella. —En clases, en actividades presenciales… incluso en internet, si es necesario —explicó—. Personas distintas a ti, con gustos diferentes. Salir de esa zona donde todo es seguro, pero también cerrada. Athenas no respondió. —Por ahora —continuó—, te recetaré un ansiolítico suave. Nada invasivo. Y quiero que construyas rutinas lejos del cementerio. Gimnasio. Un curso presencial. Algo que te obligue a estar en el cuerpo, no solo en la cabeza. Escribió la receta y se la tendió. —La forma de romper la fantasía —concluyó— es enfrentarla con la realidad. Eres demasiado hermosa como para cerrarte al amor. Ella se sonrojo al escuchar eso. —Gracias. —No me malinterpretes no lo digo con malas intenciones. Es que te pareces a mi hija, ella también le tiene miedo a salir lastimada, entonces se cierra que no quiere salir con nadie. ¿Sigues con tu perro robots? —¿Bots? Se le acabaron las baterías, creo que le voy a comprar unas nuevas. Athenas tomó el papel. —Recuerda que la felicidad no solo es la ausencia del dolor, sentirlo también nos ayuda avanzar. En principio nadie quiere que le hagan daño, pero eres la misma Athenas que conocí a los 14 años, debes explorar nuevas facetas de ti, crecer, saber de lo que eres capaz, eso solo va a pasar si te atreves a lo diferente. —Gracias —dijo, por inercia. Salió del consultorio con pasos obedientes. En la calle, el ruido del mundo la envolvió: autos, voces, vida. Sabía que haría lo que él le había dicho. No porque creyera que estaba equivocada. Sino porque entendió algo con una claridad amarga: Nadie más iba a creerle y la verdad, tener amigos no la mataría. Lo que pasó con Leo fue una mala experiencia. No podía pensar que siempre pasaría de esa forma. Suspiró y pensó en visitar a su tia Francia, siempre la llamaba a saber como estaba, tal vez era el momento de salir de su zona de confort e ir a escucharla hablar por horas de recetas de comida, que nunca iba a preparar.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD