Sofía no dijo nada, solo se dio la vuelta y luego de recoger su cabello rojizo, mostró aquella marca de nacimiento, la cuál había buscado por tanto tiempo. —No, no puede ser posible —me levanté y la tomé entre mis brazos con mucho cuidado —. ¿Eres tú, Angelyaniz? Pero… Te llamas Sofía. —Angelyaniz Sofía, ese es mi nombre completo —sus ojos me vieron con un amor profundo y unas lágrimas que se comenzaban a asomar en los bordes —después de tantos años. Ella no dijo nada, solo se acercó a mis labios y me dio un beso cargado de amor. Su mano acariciaba mi mejilla y con su otra mano me atraía a ella. —Te amo, Nicolás, ahora no tengo duda alguna. Siempre has sido, eres y serás la persona que cautivó mi corazón por completo. Y fue de esta manera en que me enamoré de Sofía. De sus ojos, de su

