Sofía finalizó la llamada y luego de esto se dio la vuelta. Su sonrisa y aquellos grandes ojos me vieron con una dulzura que nunca antes había visto en las mujeres que me pretendían de alguna manera. —Ya he pedido el combo, vienen las alitas que tanto quieres. Disculpa por recibirte con comida rápida, pero prometo que mañana después del trabajo vendré a preparar comida casera. —No te preocupes, cariño, yo… De repente sentí los ojos de alguien clavarse en mí, era como una especie de rayo láser que quería matarme de una manera lenta y tortuosa. —Gabrielle —Sofía fue a los brazos de su hermano sin percatarse de la mirada que él me lanzaba —no te he escuchado venir. —Sí, al parecer tampoco me ha escuchado Leonard, ¿Verdad, amigo? El tono de Gabrielle fue pasivo-agresivo, pensé que Sofía

