—¡Adrián! Espera un momento — Romina corrió hacia mí. —Ahora no, Romina. Necesito hablar con Mariana. El pasillo de la universidad se estiró infinitamente mientras me acercaba al salón de clases. Fue entonces cuando la vi, en los brazos de otro compañero, besándose. No podía creer lo que veían mis ojos. La misma urgencia que tenía por llegar a ella me impulsó a retroceder por el mismo camino que había recorrido minutos antes. —Adrián — Romina se arrodilló frente a mí—. Intenté decírtelo, pero no me escuchaste. —Por favor, déjame solo. No puedo creer que Mariana esté con alguien más. Por un momento pensé que me quería a mí. —Te quiere, pero no de esa manera — acarició mi rostro—. La que realmente desea estar contigo soy yo. Miré a Romina y, sin pensarlo mucho, la besé. Pero en lugar

