Cuando Adrián miró aquel sitio, se quedó de palo, pero eso no demoró mucho tiempo. La rabia pronto se apoderó de su cuerpo y su rostro se tornó rojo debido a la cólera. —No puedo creerlo, ¿Por qué no me habías dicho que te habían acomodado en este sitio? Simplemente, me parece inconcebible. Para tu información, este cuarto va a ser remodelado para guardar las cosas de aseo. —Lo supuse, no sé qué es lo que está pasando, pero desde el día que vine, todos los empleados tienen algo en mi contra. —Voy a arreglar las cosas en este momento —cuando Adrián intentó salir, el brazo de Mariana lo detuvo con gentileza y su mirada fue igual de dulce —. ¿Qué sucede? ¿Por qué me estás deteniendo? —Porque no quiero que armes un gran alboroto por algo tan insignificante, si lo haces, no voy a tener la c

