La conversación en la oficina de Adrián llegó a su final, él parecía mostrarse pensativo y, luego de un silencio algo prolongado, asintió levemente. —Muy bien, sabes que cuentas con todo mi apoyo. Eres mi esposa y confío mi vida en tus manos. —Te lo agradezco, cariño —ella le dio un beso en la mejilla —. Ahora sí, vamos a casa. —Está bien —Adrián tomó su saco que descansaba en una de las sillas que estaban delante de su escritorio —. Por cierto, tus padres vienen este fin de semana. Quiero organizar un asado para darles la bienvenida y de paso invitar a los chicos. —Me parece genial, gracias por eso, cariño —Mariana le dio un beso en la mejilla a Adrián —ahora vamos, hay que ir a casa para poder descansar de esta larga jornada. Ellos salieron de la oficina y fueron directo al elevado

