Adrián no dijo nada, pero en sus ojos se mostró una mirada que decía más que mil palabras. La tomó entre sus brazos y luego la acostó en la cama, la cubrió con total amor y le dio un beso lleno de ternura. —No tengas miedo, cariño. Elévate todo lo que desees, porque no va a suceder nada. Que tú no quieras que suceda, ahora descansa, mi amor. Mariana se quedó dormida debido al cansancio, lo último que miró fue a su marido acostándose a su lado y una sensación de tranquilidad a la que se acostumbraba cada día más. Adrián, por su parte, se levantó de la cama luego de unas horas. Miró que Mariana todavía dormía profundamente y besó su antebrazo que estaba desnudo, caminó en dirección al baño y se dio una ducha fría. Al llegar a la ventana de su habitación, pudo ver que había una tranquilid

