Aquellas mujeres salieron de la casa de subastas, siendo acompañadas por los guardias de seguridad. Mariana miró al par con total pena y luego a su esposo. —Ni se te ocurra abogar por ellas, mira el desastre que han hecho —Adrián miró la pintura como si quisiera volverse loco —. Simplemente, me es inconcebible este tipo de cosas. Ese cuadro lo saqué para que tú trabajaras en él y no otra persona. —No te preocupes, cariño. Confía en tu esposa, ten por seguro que lo voy a restaurar por completo y se va a ver como si nada le hubiera pasado. —Eso espero, amor. Ahora te dejo trabajar —Adrián caminó en dirección a la salida, pero se detuvo y se giró sobre sus talones —. Espero que tu oficina te gustara. —Sí, me gustó —Mariana respondió con una sonrisa tensa —. Me quedaré trabajando aquí, aho

