Miré a Sebastián con orgullo, sabía bien que él podría contestar todas las preguntas del matrimonio. Al final, a las bodas que íbamos, siempre terminaba hablando de lo que a mí me gustaría incluir. —¿Y qué vestido es el que Charlotte desea? No me digas que también va a ser el de su madre, porque no te lo voy a creer —Sofía miró el álbum de bodas y vio a mi mamá —eso es demasiado anticuado. —No, ella quiere otra cosa —Sebastián tomó la tablet —ahora si voy a ocupar esto. Sebastián comenzó a revisar en internet y pronto tuvo no solo mi vestido, sino también mis zapatos, el ramo, el velo, las invitaciones y todo lo relacionado con la fiesta. —Él tiene razón en cada cosa que ha dicho —les dije a Sofía y a la señora Margot que se encontraban boquiabiertas —quizás Sebastián puede dar pinta d

