Mariana llegó a la casa de subastas, pudo notar que el personal que la había tratado mal, no estaba más en sus puestos. Al final llegó a su oficina y se asustó en el momento en que Adrián entró por una puerta que conectaba al otro lado. —Hoy es el último día en que te vienes con el chófer, a partir de mañana vas a ir y a venir conmigo en lo que aprendes a manejar. —Está bien, pero por amor a Dios no me andes dando esos sustos de muerte que me vas a mandar de vuelta al hospital —ella se levantó de su silla y fue a los brazos de Adrián —. ¿Qué es lo que tengo que hacer ahora? Necesito trabajar y no quiero pasar en esta oficina todo el santo día. —Hay unas piezas nuevas que necesito que revises, es para verificar su autenticidad y, de ser así, que también las restaures. Son de la dinastía

