Porque, aunque no entendía del todo mis propios sentimientos, sabía que me ilusionaba la idea de que alguien más me correspondiera. ¿Pero por qué tenía estos pensamientos sobre Nicolás? Se suponía que mi corazón pertenecía a Leonard. Se suponía que debía ser fiel a esos sentimientos. Y, sin embargo, estaba aquí, esperando que Nicolás me dijera que sí. Que sí sentía algo por mí. Que su actitud extraña tenía un motivo. Que no me lo había imaginado todo. —¿Y bien? —inquirí, con el corazón palpitándome en los oídos—. ¿Piensas quedarte callado toda la vida? —Cruzó la mandíbula con más fuerza, pero seguía sin responder. No me gustaba que me dejaran en la incertidumbre. Así que insistí. —Solo necesito que me ayudes a entender tu actitud tan rara hacia mí. Y entonces, finalmente, habló. —Ese

