La muerte de mi padre era algo que no podía quedar impune. Esa convicción era la que me había sostenido todos estos años, la que me impulsó a construir todo lo que tengo ahora. Trabajo tras trabajo, día tras día. Y ahora, por fin, tenía los recursos suficientes para hacer justicia. Me incliné hacia adelante, con las manos entrelazadas y los codos apoyados en las rodillas. Miré al frente, aunque no había nadie. —Te lo juro, papá —murmuré, con la voz firme—. Voy a hacer hasta lo imposible para que esa mujer pague todo lo que te hizo. No voy a escatimar en nada. Cada recurso que logré, cada paso que di… será para ti. Para que, de una vez por todas, puedas descansar en paz. Perspectiva de Lyana El día siguiente amaneció tranquilo. El clima estaba agradable, y por primera vez en semanas se

