Sofía miraba a su alrededor, como si buscara alguna señal de qué iba a suceder a continuación. El silencio pesaba. Nadie se atrevía a decir nada. Nadie se movía. —¿Y bien? —preguntó, con la voz firme, aunque su respiración delataba la tensión—. ¿Charlotte tendrá que pagar esa cantidad absurda de dinero para que por fin entienda por qué me mandaste al demonio? Sus ojos se clavaron en Nicolás, y él no supo dónde mirar. —Sofía, por favor… no lo hagas más difícil —dijo él en voz baja, sin atreverse a acercarse—. Hay verdades que es mejor no conocer. A veces, cerrar un capítulo sin explicaciones es lo más sano… por el bien de todos. —Prefiero sufrir con la verdad, a vivir en una mentira —replicó ella, con los ojos encendidos—. Así que decides tú: ¿me entero por tu boca o por la de este homb

