Sebastian
Todavía no suena la alarma cuando ya estoy despierto en la cocina, fumando el que es mi segundo cigarrillo en lo que va de la mañana, mientras intento preparar café en la vieja cafetera que compré en una tienda de segunda mano, hace unos años atrás.
- ¿Sigues batallando con ese cacharro? - me pregunta Emma entrando a la cocina. Poso mi vista en ella, que está apoyada en el marco y veo que lleva tan solo una de mis remeras.
- Será un cacharro, pero prepara el mejor café. - respondo volviendo la mirada al aparato y dándole otra calada a mi cigarrillo, que está apoyado sobre mis labios.
- ¿Ya has encendido un cigarro? - me pregunta en tono de reproche.
La miro. - No...
Lleva sus manos a la cintura. - Te lo estoy viendo, Sebastian.
- Iba a decir que ya voy encendiendo dos.
Suspira con pesar. - No se como es que aún conservas el aire.
- Como si las enfermeras no fumaran. - replico. - Yo no me creo nada eso que los del personal de salud no fuman.
- ¡Yo no! - exclama.
- Como sea, fumar es parte de mi trabajo, me ayuda a canalizar. - regreso a mi tarea de hacer funcionar la maquina añeja que tengo sobre la mesada.
- Si, a canalizar un cáncer o problemas respiratorios. - me sigue reprochando.
- Es lo unico que me mantiene centrado, no juzgues. - digo. Se oye un leve estruendo proveniente de la cafetera y a los segundos comienza a salir el café. La miro con una sonrisa triunfante.
- Un día harás que tú casa se incendie por esa cosa que está a nada de hacer cortocircuito.
- ¿Pero que dices? Si funciona estupendo.
- Solo voy a decir que fue un gusto conocerte. - se da la meda vuelta y se dirige hacia la mesa que está en el medio de la pequeña sala que se conecta a la cocina.
- Ja ja, muy chistosa. - hablo con sarcasmo.
- Oye, ¿debería ponerme celosa que tengas una carpeta llena de fotos de otra chica? - pregunta hojeando el archivo que tengo de la muchacha que trabaja en ese club de stripper.
- ¿Acaso tengo que explicarte el termino de folla amigos?
Pone los ojos en blanco. - ¿Has hablado con ella?
- No, no aún. - respondo entre tanto preparo las dos tazas de café.
- Es muy hermosa. - comenta, aún mirando las fotografías que le saqué una mañana que la estaba investigando, mientras salía del club.
- Si, lo es, y es justo lo que necesito, alguien que venga con un bonito envoltorio.
- No seas un cretino. - me regaña.
- Esto es trabajo Emma, no una cita. - sentencio, mirándola firme.
- Aún así, no lograrás convencerla de nada si no eres amable.
- Si no logro convencerla, pues buscaré a otra.
- Lo dices como si fuera tan así de sencillo, es decir, la llevas siguiendo por meses. Hasta es algo creepy ya.
- Solo trato de averiguar por que tiene a todos los hombres tan cautivados.
- ¿Y ya lo sabes? Porque me vendría bien tener ese tip, no consigo más que repelerlos como si fueran moscas.
- ¿Sigues enamorada de tú jefe? Es ese que está casado ¿verdad?
- ¡No estoy enamorada! Solo me parece guapo.
- ¿Guapo? ¿Así se le dice a estar cachonda cada vez que lo ves que necesitas encerrarte en la sala de descanso de las enfermeras? - pregunto divertido.
- ¡Ah! - exclama con fastidio, regresando a la cocina. - No puedo creer que te haya contado eso.
- Me lo debías luego de que gritaras su nombre mientras teníamos sexo. Heriste mi ego masculino. - digo. - ¡Mírame! - exclamo abriendo mis brazos.
- Lo hago, ponte unos calzones.
- Creí que disfrutarías la vista.
- Lo hice, anoche, con las luces apagadas.
- Auch, segundo strike.
Ríe. - Sabes que adoro tú pene, ¿por qué crees que sigo viniendo luego de todos estos años?
- Querrás decir luego de cada fracaso amoroso. - le corrijo. - Es ahí cuando te apareces.
- Ya deje de intentarlo. Los hombres me tienen harta. - levanto una ceja. - A excepción de ti, claro.
- No me conviertas en el garche seguro.
- ¿Qué no eres eso?
- Si, pero solo digo que no te confíes.
- Ya se, ya se, "no soy hombre de una relación estable". - me imita con voz masculina bastante forzada. - Te he escuchado decir esa frase hasta el cansancio.
- Quién avisa no traiciona. - cito. - Además, conociéndote, de acá a un año vas a esperar te me arrodille y te proponga matrimonio.
- Mis fantasías contigo no llegan tan lejos.
Me acerco, le extiendo una taza de café, la cuál agarra, y dejo un beso en su frente. - Esa es mi chica lista.
- Ojalá tú fueras más listo.
- ¿Y eso que significa? - pregunto extrañado, pero con una sonrisa.
Me observa en silencio por unos segundos. - No importa, no lo entenderías de todos modos.
- Pruébame.
Abre la boca para responderme, pero se interrumpe con la melodía de mi celular.
- Es el tono del trabajo, ve. - dice en cambio.
La miro una ultima vez y me dirijo hacia la habitación, la cuál se encuentra revuelta como todo en mi casa. Voy hacia la mesita de noche y tomo mi celular, que está vibrando encima.
- Detective Renner. - contesto al atender.
- Renner, estaté listo que en 10 paso por ti, y más te vale estar en la puerta de tú edificio. - anuncia al otro lado de la línea mi compañero.
- Espero que sean minutos y no segundos. - respondo. - A menos claro que quieras verme desnudo, arrojándome por la ventana.
- En 10 minutos te veo abajo. - repite con voz firme y corta.
Tiro el celular sobre la cama y comienzo a vestirme con la ropa que voy encontrando tirada en el piso.
- ¿Al menos está limpia? - pregunta Emma apoyándose en el marco de la puerta de la habitación, con la taza de café entre sus manos.
- Si no tiene una mancha la considero limpia. - respondo mientras me calzo el jean luego de ponerme los boxers.
- ¿Cuándo planeas arreglar tú lavadora?
- Cuando me acuerde a una hora decente para llamar al técnico.
- Vives a destiempo.
- Eso decía mi abuela. - me pongo la remera y me siento en el borde de la cama para calzarme.
- ¿Acaso no quieres algo de orden en tú vida? - pregunta. No puedo evitar levantar mi mirada y posarla en sus ojos, noto algo de preocupación en ellos.
- Mientras tenga orden en el trabajo, lo demás no importa. - respondo parándome. Vuelvo a dejar un beso en su frente. - Vístete que debo irme, Derek vendrá por mi en menos de 10 minutos. - le pido. Asiente.
Salgo de la habitación, me pongo la chaqueta y guardo mi arma junto con mi placa.
Emma no tarda en vestirse y los dos salimos del departamento. Nos despedimos con un beso en los labios y ella se marcha por su lado, mientras yo aguardo a Derek, mi compañero.
Cuando estaciona su auto en la entrada en dónde vivo, abro la puerta y me siento, no termino de cerrarla del todo que él ya arranca con velocidad.
- Tranquilo Toretto, que harás que vomite mi desayuno. - digo poniéndome el cinturón de seguridad.
- Encontraron un cadáver hace unos 30 minutos, colgaba de uno de esos carteles de neón de un bar muy conocido. Al parecer era el dueño.
- Eso si que son buenos días, eh. - saco mi atado de cigarrillos, me pongo uno en mis labios y lo enciendo, para luego volver a guardarlo. Apoyo mi brazo por el borde de la ventanilla que se encuentra baja.
- ¿Por qué estás de tan buen humor? - pregunta extrañado, echándome una mirada de reojo. - No es usual en ti, ¿acaso tuviste sexo está mañana?
Le doy una calada a mi cigarro. - Está mañana, anoche... varias veces.
- Eso lo explica.
Lo observo con atención. Tiene su ceño fruncido y su boca es una línea recta. - ¿Y tú que? Ahora eres el malhumorado e irritable. ¿Te has peleado con tu esposa de nuevo?
- Si. - responde cortante.
Eso lo explica.
- ¿Y está vez que hiciste?
- Lo mismo de siempre, que no estoy mucho en casa con ella y los niños, y que cuando si estoy, solo pienso en el trabajo.
- ¿Por qué no te divorcias, te mudas a un departamento y te consigues una novia 10 años menor que tú?
- ¿Ese es tú consejo?
- Soy partidario de que nuestro trabajo no combina con una vida familiar, créeme me asegure de eso, es por lo que elegí este trabajo. Así que no puedo serte de mucha ayuda en cuanto a un consejo positivo. Soy anti familia, anti relaciones. Irónicamente tú eres la relación más estable que tengo.
- ¿Y que hay de esa chica? - pregunta mientras sigue conduciendo. - De la que te despediste con un breve beso en los labios.
- Pero si eres un chusma. - digo. - Ya te he contado de Emma, es mi folla amiga.
- ¿La que es enfermera? - pregunta extrañado.
- Esa misma. - respondo mientras doy otra calada.
- ¿Es que sigues viéndote con ella? - pregunta con sorpresa.
- Pues dado que hace cinco minutos me acabas de ver con ella, ¿tú que crees?
- ¿Te gusta? - pregunta luego de unos segundos.
- Pues si. - respondo obviando. - Es muy guapa, divertida, simpática y coge que no te imaginas.
- No me refería a eso. - comenta con fastidio.
- Si vas por el plano sentimental, no indagues por ahí que solo encontraras el Sahara, algo desierto.
- No puedes...
- ¿Hay alguna suposición de por qué apareció muerto este hombre? - pregunto cambiando de tema.
- Es... o Era Francis Barton, el testaferro del clan Castaneda. - me informa. - Algunos oficiales ya están allí interrogando a los empleados. Estos salieron a decir que el hombre tenía problema con las apuestas y que fue un ajuste de cuenta.
- Sabemos que no es así. - comento firme.
- Así es. - confirma, con su semblante serio. - Torres iba a conseguirlo para que testificara y una semana después aparece colgado.
- Sorpresa, sorpresa. - exclamo irritado tirando el cigarrillo por la ventana. - Que conveniente.
- Nos acercamos un paso de los Castaneda para luego retroceder cinco. - sigue hablando molesto.
Detiene el auto al llegar al lugar, el cuál se encuentra repleto de policías y patrullas. Ambos nos bajamos y nos acercamos.
- Detective Renner. - anuncio mostrando mi placa al oficial que está junto a la cinta amarilla que marca la escena.
- Detective Cobb. - anuncia Derek, también enseñando su placa.
El policía nos deja pasar y atravesamos la cinta.
- Detectives. - nos saluda uno de los policías. - Soy el oficial a cargo, Henderson.
- Soy el detective Cobb y mi compañero el detective Renner.
- ¿Pudieron averiguar algo más? - pregunto observando la escena a mi alrededor.
- Lo encontró el encargado del bar, cuando se marchaba para su casa luego de cerrar. - responde. - Está allí sentado. - señala con su cabeza a un hombre que se encuentra a unos pocos metros de nosotros sentado en el borde de la calle. Con Derek nos miramos y nos encaminamos hacía allí.
- Hola señor, somos los detectives a cargo del caso. - comienza a decir mi compañero, a lo que el hombre levanta la vista. - ¿Le podemos hacer unas preguntas?
- ¿Acaso tengo opción?
- No, no en realidad. - respondo.
- ¿A que hora cierra el club? - empieza a preguntarle Derek.
- A las 6 en punto tenemos la orden de detener la música y encender las luces.
- ¿Y a que hora suele marcharse a su casa? - sigue preguntando.
- Alrededor de las 7, luego de asegurarme de que todo está en orden para la noche.
- Cuando usted reportó haber encontrado el cuerpo de su jefe eran alrededor de las 8. - comento. - Una hora después de su supuesta salida, ¿Qué lo retuvo por una hora?
- No respondas Dennis. - oímos una voz masculina acercarse.
Y al oler el aroma que se percibe en el ambiente ya se bien de quien se trata. Me doy la vuelta.
- Señor Lozano. - digo con una sonrisa falsa, bastante fastidiado.
- Saben muy bien caballeros que no pueden interrogar a alguien si no está presente su abogado. - responde con esa arrogancia que lo caracteriza.
- No lo creímos necesario, no estamos acusando a su cliente de nada. - menciona Derek.
- En ese caso, si no hay cargos, voy a proceder a llevar a mi cliente a su casa, ya lo han retenido demasiado. - sigue diciendo. - Dennis. - lo llama con voz firme, a lo que este se para y ambos se marchan en dirección a dónde está su auto.
- Maldito y sucio Lozano. - me quejo irritado.
- Esto tiene que tener un alto, no pueden seguir así. - dice Derek molesto.
- No, no vamos a parar hasta detenerlos. - digo. Lo miro. - Está noche iré a hablar con la chica.
- ¿Sigues creyendo que es una buena idea?
- ¿Qué otra opción tenemos? Ella nos guiara a Lozano y Lozano a los Castaneda. Venimos detrás de ellos desde hace 5 años y lo más cerca que hemos estado de ellos ahora cuelga de ese cartel.
- ¿Y que pasa si no accede? - pregunta. - El plan se va a la basura.
- Va a acceder. - afirmo.
- ¿Tan seguro estás de tus encantos?
- No se trata de eso, sino que le estamos ofreciendo a está chica una salida de ese mundo de mierda para el cuál trabaja.
Suspira. - Esta bien. Dejaré que tú te encargues entonces.
Sonrío triunfante. - No te arrepentirás.
- Eso es lo primero que oigo en mi cabeza mientras estoy arreglando tus desastres.
- ¡No es cierto! - me quejo.
- Te dicen gatillo fácil, Seb.
- Porque son todos unos imbéciles.
- A excepción de ti al parecer.
- Pues claro, por algo tú me elegiste como tú compañero.
- Es que desde niño que tengo la tendencia de elegir al que nadie elige para su equipo.
Le muestro el dedo medio con fastidio y él ríe. Enciendo el cigarrillo luego de sacar uno del atado y apoyarlo en mis labios.
- ¿Ya estás fumando de nuevo? No son ni las nueve de la mañana.
- Ya voy por el cuarto.
- Tú tienes un problema.
- Es lo que dice mi terapeuta. - digo. - También dice que encubro mis sentimientos con un sarcasmo agresivo. - le doy una calada a mi cigarro. - ¿Tú crees que soy agresivo?
- Tú asegúrate que acceda.
- Lo haré, y se que ella lo hará. - respondo con confianza. - Estoy muy seguro de eso.
Es casi como si la conociera...