Capítulo 1

1990 Words
Me bajo del escenario luego de terminar con mi show y me dirijo hacia la barra, dónde detrás de está se encuentra mi hermana. Por suerte todos los clientes están ocupados con las demás chicas, así que se encuentra vacío y es justo lo que necesito. Mi hermana melliza es la unica familia que tengo. Nunca conocimos a nuestro padre, aunque dudo que nuestra madre supiera quien es. Así que luego de su muerte quedamos solas las dos, que desde siempre hemos sido nosotras contra el mundo. Se que mientras tenga a Thea no hay nada que no pueda superar. - ¿Qué quieres tomar? - me pregunta apoyando sus codos sobre la mesada. - Creo que por el momento iré solo por un vaso de agua. - respondo. - Estoy un tanto desorientada. - ¿Las luces nuevas te siguen encandilando? - Si, ya le dije a Zeus, pero me respondió que lo unico que le interesa es que los clientes vean bien. - respondo. - Maldito cabrón. - susurra molesta. - Muero por un día darle su merecido. - No digas tonterías. - la regaño severa en voz baja. - Apolo decía lo mismo y mira nomás como lo dejó. - Yo no soy Apolo. - sentencia. - Precisamente. Nosotros le servimos porque somos su fuente de dinero, solo por eso no se deshace de nosotros. - En cambio yo soy reemplazable. - No fue eso lo que quise decir... - Está bien, se que lo soy. Le dedico una dulce sonrisa. - No te creas, no hay tragos como los tuyos en todas Las Vegas. - Volvió a llamarme Lauren, la dueña del "Delirium". - comenta Thea. - ¿Te sigue queriendo como bartender de su club? - Si. - responde. - Al parecer escucho tú patrocinio de "no hay tragos como los tuyos en todas Las Vegas". Río. - No me extraña, eres la mejor. - digo. Ella también ríe. - ¿Y cuando empiezas? - No le he dicho que si. - ¡Thea! - exclamo molesta. - Trabajaras en un club donde las personas van a bailar y a pasarla bien, no a mirar traseros. Eso es lo que quieres. - No puedo dejarlas solas aquí, ni a ti, ni a Artemisa, sobre todo a ella, que es como una niña. - No te corresponde a ti hacernos ni de niñera, ni de guardaespaldas. - sentencio. - Ya lo sé, pero... - empieza a decir dubitativa. - La Thea que yo conozco es la persona más segura, que no le teme a dar el primer paso. - ¡No tengo miedo! - exclama indignada. Río. Apoyo mi mano sobre la suya. - Tienes que empezar a vivir. Me mira fijo. - Lo mismo va para ti. - dice. - Tú puedes más que esto. No te dejes morir aquí como mamá. Quedo tensa al oír esa ultima oración. Mi madre literalmente murió en este lugar. Dejó que eso la absorbiera toda su vida, su luz y su sueños. No me gustaría que de acá a 10 años, despertarme un día y darme cuenta que voy a terminar igual, y que ya no puedo hacer nada para cambiarlo. Esa sin duda sería mi peor pesadilla. Y lo es, ya que suelo soñar con eso. - Atenea. - me llama Artemisa, apoyándose a mi lado y sacándome de mis pensamientos. - Otra vez está ese sujeto raro, anda preguntando por ti. Hago una mueca de desagrado. - ¿Ha pagado por un privado? - pregunto. - Hasta donde yo se, no. - responde, mira a mi hermana. - Thea, ¿me preparas una piña colada? Porfis... - le pide con voz dulce. - Claro. - le contesta y toma un vaso para empezar a preparárselo. - No entiendo cuál es el problema que tienen con él. - sigue diciendo. - Es guapísimo. - Lo sabemos chica, no somos ciegas. - comenta Artemisa. - No es por el físico, sino por la forma en la que me mira. - aclaro. - ¿Cómo si quisiera desnudarte? - menciona Thea divertida, mientras prepara el trago. - Porque déjame contarte un secreto... todos vienen a eso. - Es diferente. - continúo. - Créeme, conozco la mirada de un hombre que busca manosearme como si fuera una muñeca, él lo hace diferente. - ¿Diferente en que sentido? - pregunta mi hermana extrañada. Quedo pensativa, ya que no se bien explicar con palabras lo que intento decir, porque no es tan sencillo. - Como analizándome. - respondo luego de unos segundos. - Y me inquieta un poco. - ¿Por qué es guapo? - pregunta pícara Artemisa. - Puede ser.... pero creo que tiene más que ver que... que me hace sentir desnuda cuando me mira así. - ¿Acaso has visto lo que llevas puesto? - inquiere Thea. - Porque no deja mucho a la imaginación. - Me refiero a otra clase de desnudez. Como si me desnudara el alma y así pudiera ver más allá de Atenea, como si fuera capaz de ver a Nina. Y eso me hace sentir vulnerable, porque estoy acostumbrada a mantener la máscara, me hace sentir segura tomar el papel de Atenea, ella es segura y cautivadora, a diferencia de Nina que es siempre dubitativa. Vuelvo a la realidad y noto que ambas me están mirando en silencio, expectantes. - Solo voy a decir que eres rara, hermana. - ¿Qué he dicho de referirse a ustedes de esa forma? - pregunta Hera con brusquedad, deteniéndose a nuestro lado. - Siempre llamarnos por nuestro nombre asignado completo, sin apodos, ni insinuando relaciones. - respondemos las tres a coro. - Si lo saben ¿por qué no lo cumplen? Es simple. - sigue diciendo con ese semblante serio y voz firme. Me mira. - Un cliente ha pagado por un privado contigo. - ¿Es el hombre joven de cabello largo y barba oscura? - pregunto, rogando para que no sea él. - Si, está en el privado tres, no lo hagas esperar. - responde y continúa caminando. Suspiro con pesar. - Diablos. - me quejo. Tomo el vaso de Artemisa y le hago fondo. - ¡Oye! ¡Atenea! ¡Era mío! - rezonga, mientras yo me voy alejando. - Lo siento. - me disculpo. - Lo voy a necesitar más que tú. - ¡Perra! - sigue protestando. Río. Me dirijo hacia la zona del club dónde se encuentran las salas privadas, que allí se hacen los encuentros con los clientes que pagan para pasar una hora contigo. La sala es pequeña, justo para dos personas, hay un tubo en el centro de la tarima circular, que la rodea un sofá. Al atravesar la cortina de flecos, lo veo allí sentado con sus brazos extendidos por el respaldo, con sus piernas cruzadas mientras tiene un cigarrillo entre sus dedos al cuál le da una calada. Mis ojos se cruzan con los suyos oscuros, y enseguida los aparto. No logro mantener la mirada con él, si que consigue incomodarme y eso no me gusta. Me subo a la tarima, me aferro al tubo de acero y comienzo a deslizarme por este, de arriba hacía abajo. - ¿Cómo te llamas? - me pregunta después de unos minutos en silencio, en los que solo se oía la música, haciendo que me sorprenda, pero sigo con mi acto. - Atenea. - me limito a responder. - Aunque creí que ya lo sabías. - Me refiero a tú nombre real. - dice, luego de darle otra calada a su cigarrillo. - Ese es el unico nombre que importa aquí. - ¿Y te pagan bien en este lugar? - sigue preguntando, mientras yo continúo bailando encima de la tarima. - Lo necesario para vivir bien. - ¿Te gusta lo que haces? - No tiene que gustarme, tan solo debe dejarme buen dinero. Y lo hace. - ¿No has pensado en buscar otro trabajo? No puedo evitar detenerme en seco. Frunzo el seño. - ¿Qué insinúa? - pregunto con brusquedad. - No trabajo como dama de compañía, ni tampoco como prostituta. Si es por eso que preguntabas. - Tranquila, no insinuaba eso. Soy policía. - ¿Y eso que? ¿Te crees que no viene policías por acá? Déjame decirte que son los peores. - Soy detective, trabajo para el FBI. - continúa diciendo. - Muchos de ellos tienen negocios con Zeus, el dueño, así que ni te molestes en intentar recaudar información para arrestarlo. Está inmunizado contra eso. Además de que nadie con cerebro testificaría contra él. - No vengo por eso, no me interesa meterme en los negocios sucios de otros policías. - ¿Y por qué viene entonces? - pregunto con curiosidad. - Por ti. - responde. - Ya le dije que... - comienzo a decir. - Déjame terminar. - me interrumpe. - Por favor. Miro hacia afuera y veo a Hera apoyada en la barra, mirando en mi dirección. Vuelvo la vista a él y sigo bailando encima de la tarima. - Anda, continúa. - digo. - Pero al menos has cara de que lo estás disfrutando, porque notarán que hay algo raro y me meterás en problemas. - Busco a una chica bonita y encantadora que me ayude con un trabajo. - empieza a decir. - Te vengo observando desde hace meses y eres la indicada para eso. Tienes a todos los hombres comiendo de la palma de tú mano, incluso llegué hasta ti por un compañero del trabajo quién adora pasar su sábados a la noche viéndote arriba de ese escenario. - Vaya, me siento alagada. - digo con una sonrisa, mientras me deslizo por el tubo. - No necesitas ser condescendiente conmigo, no tienes que fingir. - ¿Acaso no me pagas para eso? - pregunto mientras me bajo de la tarima y me acerco más a él. Apoyo una rodilla a cada lado suyo, sobre el sofá, y quedo sentada encima, en sus piernas. Deslizo mi mano por su pecho, metiéndola dentro de su remera, tocando su piel cálida, entre tanto hago movimientos suaves de fricción con mi pelvis. Me mira embobado. Con mi mano libre le quito el cigarrillo de la suya y se lo apoyo en los labios. Tomo sus muñecas y apoyo sus manos en mi trasero. Continúo con mis movimientos hacia adelante y hacia atrás. - ¿Te gusta lo que hago? - le susurro al oído con esa voz seductora que he aprendido a usar. Me llevo un susto cuando me toma de las muñecas y me frena con brusquedad. Me observa con una mirada firme. - Te estoy ofreciendo una salida. - sentencia con voz severa. - ¿Qué es lo que quieres? - pregunto extrañada. - Ya te he dicho, que hagas un trabajo por mi. - responde. - Te quiero para que te metas de infiltrada en la empresa de un hombre muy poderoso. - Estás demente. - hago ademán para pararme, pero él me lo impide. - Dame una oportunidad para explicarte y verás que es sencillo. - Yo no... - Señor. - oigo la voz firme de Hera a mis espaldas. - Creo que será mejor si suelta a la chica y deja pasar al siguiente cliente. El desconocido me suelta, y yo salgo de encima suyo. - Gracias. - me agradece una vez que se para. Saca un billete de su bolsillo y me lo engancha en la liga. Sale del privado, dejándome sola con Hera. - ¿Qué fue todo eso? - me pregunta. - Nada. - respondo. - Solo otro ebrio. Me observa por unos segundos en silencio, como si pudiera descifrar lo que sucedió tan solo mirándome. Se da la media vuelta y salé. Suspiro. Tomo el billete y noto que tiene algo escrito. Lo abro y veo que es un número de celular, junto a su nombre. Detective Sebastian Renner.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD