Cuando abrí los ojos estaba recostada en mi cama, me habían quitado mi ropa mojada y me habían puesto un camisón. Salvador y Lol estaban a mi lado con verdadera cara de preocupación, ella cepillaba suavemente mi cabello y él me tomaba la tensión arterial; traté de incorporarme, pero no me lo permitieron. — Miriam, descansa, no hagas ningún esfuerzo por favor, estuviste a punto de morir ahogada, debes descansar para que tus pulmones se repongan del gran esfuerzo que hicieron — dijo Salvador registrando la cifra en una libreta y mirándome complacido al ver que me encontraba bien. — ¡Mis bebés! ¿Mis bebés están bien? — pregunté angustiada por haber puesto en peligro la vida de mis hijos— ¡Por favor dime que ellos están bien! — supliqué llorosa al darme cuenta de la magnitud de lo suce

