Era su cuarto día en el hospital y el cansancio ya empezaba a causar mella en su organismo. Le parecía que levitaba en lugar de caminar y que las horas ya no tenían ningún sentido al no poder dormir lo suficiente. La orden del médico fue terminante: Abigaíl no sería movilizada si no se controlaba su estado. La fiebre iba y venía y eso le hacía imposible que pudiese llevar a cabo su plan de salir de allí. Eso, y la presencia de Nico, quien no la dejaba sola ni un segundo. Se suponía que la visita del médico esa mañana le daría un indicio sobre su próximo paso. Lo único que la tranquilizaba, era la certeza de que su hija no padecía nada grave; una intoxicación de alimentos había sido el diagnóstico. Decidió intentar dormir un momento mientras esperaba que el pediatra llegara a la habitac

