Correr sin parar

1059 Words

El doctor Collins llamó su atención y le hizo un gesto mal disimulado para que salieran de la habitación antes de decir: —Maya, necesito entregarte las recetas. —Yo te ayudo a cambiarte, mientras Nico ve por el auto —dijo Pía mirando con una sonrisa artificial al susodicho, que le devolvió las atenciones al mostrarle con disimulo el dedo del medio—. Querida, ve por los medicamentos y te esperamos en tu apartamento. —Se quedarán a mi casa. —Nico se detuvo con brusquedad y la miró con fuego en los ojos—. ¿No es así, cariño? —Ella extrañará su cama —intervino con suavidad y acarició la enorme mano masculina que estaba sobre el pomo de la habitación. El doctor aclaró su garganta, incómodo, pero lo ignoró. Collins no le había sido útil y ahora solo necesitaba ganar tiempo. —Sé que lo enti

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