Estaba fuera de control y sus nervios ya no podían sostenerla como debía. No tuvo una sola oportunidad desde que abandonaron el hospital, porque llevaron a Pía con la niña en el apartamento y Dora se ofreció a hacer el almuerzo para todos, y eso la dejó sin opciones. Su amiga la miró con insistencia, pero sabía que por mucho que presionara, pasarían horas antes de que pudiesen estar solas para hablar. Tal y como Nicolás dijo, fueron a hacer todas sus diligencias juntos. En el restaurante, su jefe la sorprendió al mostrarse amable y dócil al entregarle su cheque, incluso le dijo que su lugar estaría disponible para ella cuando quisiera volver, aunque sabía a quién se debía ese cambio tan repentino de actitud. Vania miró hacia todos lados, con la sensación de estar siendo observada desde

