POV Antone
Caos
—Creeme que para mí tampoco ha sido nada grato descubrir que eres tú con quien debía encontrarme hoy. Solo tengo ganas de romperte la cara a golpes.
Logan Hoffmann estaba de pie en mi oficina delante de mi escritorio hablándome como si yo fuese cualquier imbécil que se hubiese cruzado en su camino.
Es cierto que yo había iniciado esa conversación con el pie izquierdo al desdeñar de su presencia. En primer lugar, al enterarme de que el inversionista era también el sujeto que había estado rondando a Rosy, pero sobre todo, al escucharle diciendo aquello, no pude evitar sentir un estallido de furia y rencor que me empujó a levantarme de mi asiento para irme de frente contra él.
Logan era el contacto de Jules, él era el arma secreta que ella tenía para lograr saltear el acuerdo entre mi familia y la familia Foster; se suponía que sería él el inversionista clave para que mi nueva empresa pudiese resurgir en medio de la devastación de ese supuesto divorcio que debía ocurrir, pero ahora nada de eso me importaba.
Ahora yo no quería divorcio. Ahora solo quería a Rosylyn para mí.
—¡Mira, imbécil! —le grité en la cara cuando rodeé el escritorio para plantarme frente a él y decirle esas cuatro cosas que me brotaban del alma—. Si aún no te he hecho de mi edificio, ha sido por el simple hecho de que necesito que algo te quede bien en claro…
—Y si yo no me he retirado, es precisamente por lo mismo —me interrumpió él sin dar una mínima muestra de haberse intimidado por mi presencia.
Él era un hombre incluso un poco más alto que yo y su cuerpo parecía ser el de un peleador de artes marciales mixtas, pero yo solo quería patearle el trasero.
—Esto lo diré solo una vez —bufé señalándole con mi dedo índice.
—Igual que yo —espetó él.
—Te quiero lejos de mi esposa —le advertí sin disimular ni un ápice de la amenaza que se desprendía de la rabia que gobernaba mi alma en ese momento.
Logan no se inmutó ni por un segundo. Su rostro siguió mostrando el mismo rictus de serena impulsividad. Su ceño fruncido y sus ojos fijos en mí me dejaron en claro que éramos dos fuerzas imparables chocando de una manera inevitable.
—Y yo quiero que le quedé en claro señor Macclain, que no estoy dispuesto a permitir, por nada del mundo, que la señorita Foster vuelva a tener un día de tortura a su lado.
Apreté mis puños y me preparé para responderle eso de la forma que se lo merecía, pero en ese instante la puerta de mi oficina volvió a abrirse y Lis interrumpió lo que podía convertirse en un choque de titanes.
—¡Señor Macclain! Acaban de llamar del hospital… su esposa tuvo un accidente.
Al escuchar esto quedé completamente en blanco. De pronto las palabras de mi asistente dejaron de tener sentido. Yo nunca antes había permitido que mi alma sintiese ni una pizca de interés por ella, por Rosy, pero ahora, de pronto, parecía como si una fuerza acumulada me uniese a ella de una manera abismal. Solo bastó enterarme de eso para que el desespero se adueñase de mi alma.
Logan reaccionó mucho más rápido al escuchar la noticia. Él se dio la vuelta y salió corriendo de la mi oficina. Yo traté de hacer lo mismo, tanto para estar cuanto antes al lado de mi esposa, como para ganarle a ese imbécil y bajarlo de su nube, pero Lis me tomó del brazo y me obligó a detenerme.
—¡¿Qué demonios te pasa mujer?! ¡Tengo que irme! —le grité
—Señor, hay algo que debe saber —Lis temblaba y sus ojos llorosos me dejaron saber que algo no andaba bien—: Yo fui la responsable de ese accidente… tiene que ayudarme.
—¡¿De qué demonios está hablando Lis?! —le interrogué con furia después de escuchar su confesión. La rubia se me quedó viendo con un gesto de desconcierto absoluto y mucho miedo.
—Señor, usted me pidió jugarle una broma a esa mojigata…
—¡Una broma Lis! —Grité de la furia que sentí— ¡Era una maldita broma la que tenías que jugar, no que pusieras su vida en riesgo!
Lis era un mar de nervios en ese punto, pero sabía que de alguna manera yo era el responsable de que aquello estuviera ocurriendo por mi necedad al querer desmoralizar a Rosylyn con todos esos malos tratos del pasado. Cada vez me sentía más asqueado por mi actitud de los últimos años.
—Antone lo siento, pero sabes que ella siempre es muy reservada conduciendo… yo solo quería asustarle, pero la estúpida hoy decidió pisar el acelerador a fondo… jamás pensé que esa fuga en el sistema de frenos pudiera tener tales consecuencias.
Quería explotar. Estaba completamente desbordado de la rabia al tener que escuchar una excusa tan paupérrima como esa.
—Lis lo hablaremos después.
—Antone, la policía…
—Ya te dije que lo hablaremos después, ahora mismo solo quiero saber si mi esposa está bien.
Dije esto y pasé a su lado sin siquiera voltear a verle. Solo quería salir de ahí para ir con Rosy, pero Lis tenía algo más para decir y poner a prueba mi paciencia.
—¡¿Entonces es cierto?! ¡¿Es real entonces?! —la voz quebrada, pero al mismo tiempo altiva de ella hacía que sus palabras fuese mucho más punzantes. Lis estaba fuera de sí misma—. Ahora se supone que la mojigata al fin te doblegó Antone… ¡No puedes hacerme esto, yo debía ser tu esposa, no ella Antone, lo sabes bien!
Me detuve solo un segundo para respirar y tratar de conseguir la calma que tanto necesitaba. Lis era verdaderamente insoportable, para ese punto me planteaba seriamente si de verdad era tan buena en su trabajo como para soportar eso.
—Lis, Rosylyn Foster es mi esposa, tú solo eres mi asistente y es lo que siempre serás… sea lo que sea, lo que haya pasado entre tú y yo ya está en el pasado… Tú eres mi empleada y yo soy tu jefe y te conviene hablarme como tal.
Terminé de decirle esto y la dejé atrás. Yo sabía que debía hacerle pagar por haber cometido tal imprudencia, pero por lo pronto solo quería llegar cuanto antes a ese hospital.
Cruce la ciudad sin siquiera mirar atrás. Mi chofer ni se enteró de nada.
Cuando llegué al hospital me fui directo y sin pedir ninguna autorización. Mi alma solo anhelaba encontrarla con bien, pero cuando crucé aquella puerta, me llevé un baño de realidad:
Rosylyn estaba feliz en los brazos de Logan Hoffmann.
Había llegado tarde.