Capítulo 5: Un informe con extraños resultados

1295 Words
Valentina miraba la pantalla de su computadora, paralizada, con la mirada fija en el documento abierto frente a ella. La palabra "INFORME" estaba en la parte superior, escrita en negrita, pero debajo de eso, solo había un mar de números y palabras incomprensibles que solo lograban aumentar su ansiedad. Cada vez que intentaba organizar sus ideas, todo parecía empeorar. ¿Cómo era posible que los informes de la gente normal tuvieran sentido y el suyo pareciera un lenguaje alienígena? Estaba a punto de romper el teclado, cuando una voz fría la sacó de su trance. —Valentina. La voz la hizo saltar del asiento. ¡Otra vez él! En la puerta estaba Álex Montes, con su típica mirada fría e indiferente, como si fuera el guardián de una prisión, no el jefe de una de las empresas más grandes de la ciudad. Su presencia lo llenaba todo, incluso el aire parecía volverse más espeso. —¿Ya tienes el informe? —dijo, con la calma de alguien que no tiene ni una pizca de estrés en su vida. ¿El informe? ¿Qué informe? Valentina pensó mientras miraba el reloj. Eran las 4:45 p.m.. Tenía quince minutos para entregar algo que ni siquiera estaba cerca de estar listo. —Eh, sí, claro. Estoy... en ello —respondió, con una sonrisa tan forzada que parecía que su rostro estaba a punto de romperse. Se preguntó si Álex podía ver el sudor que corría por su frente. Álex dio un paso al frente y miró el documento en su pantalla. El caos que se veía allí era evidente. No había ni un solo gráfico coherente, ni un número que tuviera sentido. —¿En serio? —dijo, con una ceja levantada. ¿De verdad? —Su voz era tan fría que Valentina sintió un escalofrío recorrerle la espalda. —Sí... —dijo, sin saber qué más decir. ¡Ay, no! Tenía que encontrar algo para salvar su pellejo. —Lo que pasa es que... este informe es muy complejo, ¿sabes? Necesito tiempo para... organizar los datos. Álex la miró fijamente. No dijo nada, pero su mirada le decía todo. "Si sigues siendo tan incompetente, no sé qué voy a hacer contigo". El silencio entre ellos era tan espeso que Valentina se sintió como si fuera a ser tragada por la tierra. Finalmente, Álex rompió el silencio. —Tienes 5 minutos más. Si no veo un informe decente, voy a tomarme muy en serio el considerar a alguien más para el puesto. Valentina pensó que podría caerse desmayada en ese instante. Cinco minutos. Cinco minutos para convertir un desastre en algo digno de ser presentado a un hombre que nunca se mostraba satisfecho. —Cinco minutos... —dijo ella, como si estuviera hablando con un ser sobrenatural. No podía ni creer lo que acababa de escuchar. Pero al mismo tiempo, la presión comenzó a funcionar. Su cerebro parecía estar volviendo a la vida, aunque de una manera muy desorganizada. Álex se dio la vuelta y salió sin decir una palabra más. Valentina se quedó allí, mirando la pantalla, preguntándose si este iba a ser el final de su carrera. No, no podía ser, pensó. Todavía podía hacer esto. Solo tenía que respirar profundo y no perder la cabeza. O al menos eso pensaba… hasta que escuchó el sonido de su silla deslizándose y, al mirar, vio que su computadora había decidido ponerse en huelga. El cursor parpadeaba y la página parecía negarse a cargar. —¡Ay, no! —Valentina gritó en su mente, mirando cómo la pantalla de su computadora se congelaba lentamente. —¡¿En serio?! ¡Esto no me puede estar pasando ahora! Frustrada, comenzó a golpear la tecla de "Control + Alt + Suprimir" como si estuviera realizando un ritual de invocación. Nada. ¿Por qué no funcionaba? Su corazón latía con fuerza, y los cinco minutos parecían un reloj de arena con un reloj nuclear al lado. ¿Qué hacer? Se preguntaba, mientras la pantalla seguía ahí, congelada, como si el universo entero quisiera reírse de ella. De repente, la puerta se abrió de nuevo. Valentina no quería mirar, pero sabía que tenía que hacerlo. Allí estaba Álex, con su mirada helada y su paso firme. Valentina trató de sonar tranquila, aunque dentro de ella la ansiedad estaba a punto de hacer que su cerebro estallara. —Álex, esto... —dijo, con voz temblorosa. —Estaba... ajustando los últimos detalles, pero... la computadora... no... está funcionando. Álex la observó durante un largo momento, con esa expresión distante que siempre tenía, como si nada de lo que estuviera pasando le importara realmente. —Valentina —dijo, con esa calma que solo los jefes con demasiado poder podían tener. —Eres una persona que siempre tiene una excusa para todo. Ya no me interesa saber si la computadora está rota o si los números no tienen sentido. Lo único que me interesa es que trabajes más rápido. Valentina se quedó completamente quieta, mirando a Álex, que parecía no inmutarse. ¿"Trabajar más rápido"? ¿Cómo iba a hacer eso en cinco minutos? Si se apresuraba más, la computadora podría explotar. —Lo... lo haré, Álex. Lo prometo. ¡Voy a... hacerlo ahora! —exclamó, de forma casi patética. Álex no respondió, solo asintió con la cabeza y dio la vuelta, saliendo de la oficina de nuevo. Valentina miró la pantalla una vez más, preguntándose si todo era un sueño. ¿En serio? ¿En serio me está pasando esto? Finalmente, Valentina, entre desesperada y con la necesidad de salvar su vida laboral, se levantó y comenzó a mover el ratón frenéticamente, con la esperanza de que la computadora, por alguna razón milagrosa, decidiera no bloquearse. Como si el destino estuviera de su lado, la pantalla comenzó a cargar lentamente, mostrando finalmente el archivo de texto. Valentina suspiró aliviada. Aunque todavía no estaba lista para presentarlo, al menos la máquina no la había dejado colgada en ese momento tan crítico. ¡Sí! gritó mentalmente. Pero luego vio la hora. ¡Solo quedaban tres minutos! —¡No puedo creer esto! —Valentina exclamó mientras, con el pánico en sus ojos, comenzó a escribir un resumen apresurado del informe, apenas entendiendo lo que estaba haciendo. Finalmente, cuando se dieron las 5:00 p.m., Valentina había hecho lo imposible. El informe, aunque definitivamente no era el mejor informe que jamás había creado, parecía lo suficientemente decente para evitar que Álex la destruyera. Tomó una respiración profunda, recogió los papeles, y salió a toda prisa de su oficina para entregarlo. Cuando entró en la oficina de Álex, lo encontró sentado en su escritorio, mirando la pantalla de su computadora sin prestarle mucha atención. Con el corazón en la garganta, Valentina se acercó a su escritorio y le entregó el informe, esperando lo peor. Álex levantó la mirada y tomó el informe con la misma expresión impasible. —¿Es esto lo que has logrado en cinco minutos? —preguntó, sin hacer ningún esfuerzo por disimular la desconfianza. Valentina tragó saliva, pero antes de que pudiera decir algo, Álex dejó escapar un suspiro. —Está bien —dijo, por fin, después de una pausa incómoda. —Pero solo porque hoy estoy de buen humor. ¿De buen humor? Valentina no sabía si era la mejor o la peor noticia que había escuchado en todo el día. Sin embargo, respiró profundamente y decidió que no podía confiar en esa "buena voluntad" por mucho tiempo. ¿Qué significaba para Valentina que Álex la dejara "salvarse" esta vez? ¿Realmente estaba de buen humor, o solo estaba esperando el momento perfecto para despedirla? La incertidumbre de Álex parecía más grande que nunca.
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