Valentina no podía dejar de mirar la pantalla de su computadora, esperando que el archivo del informe se abriera mágicamente por sí solo, como si pudiera hacer que todo fuera perfecto con un par de deseos. Después de todo, eso era lo que pasaba en las películas, ¿no? Cuando las cosas iban mal, el protagonista solo cerraba los ojos y todo se resolvía en un abrir y cerrar de ojos.
El problema era que Valentina no estaba en una película, sino en una oficina llena de gente extremadamente seria, con montones de documentos importantes y, lo peor de todo, Álex Montes. El mismo Álex que parecía tener un sexto sentido para detectar cuando alguien estaba cometiendo el error más estúpido de su vida.
—¿Ya resolviste el informe? —su voz fría cortó el aire como una cuchilla.
Valentina levantó la mirada y, como siempre, se encontró con su expresión de mármol. No había una sola pizca de emoción en su rostro. Si algo había aprendido en esos dos días era que Álex Montes era como un robot que había sido programado solo para una cosa: ser perfecto.
—Ehh… sí, claro. Estoy… ¡en ello! —respondió Valentina, con la mirada nerviosa, como si pudiera desaparecer entre las montañas de papeles que había en su escritorio.
¡No! ¿Qué hago ahora? Pensó. ¿Se nota que no he hecho nada en todo el día?
—No me digas que "estás en ello". Solo me interesa si ya lo has terminado. —dijo él, con una mirada fulminante que la atravesó de una manera que hizo que Valentina se sintiera como si estuviera siendo investigada por la policía.
—¡Lo tengo! ¡Por supuesto que lo tengo! —exclamó Valentina, tomando el primer archivo que encontró frente a ella y mostrándoselo a Álex, con una sonrisa tan forzada que pensó que le iba a hacer un daño facial permanente.
Álex levantó una ceja, como si estuviera observando el caos de una manera completamente desapasionada. La expresión en su rostro sugería que estaba a punto de decir algo, algo que no podía ser bueno.
—¿Sabes? Si fuera a calificar tu esfuerzo, te daría un 0 por no mostrarme el informe en lugar de un archivo cualquiera que ni siquiera tiene mi nombre en él. —dijo con esa voz monótona que parecía haber nacido para dar lecciones de humillación.
Valentina tragó saliva. ¡Qué desastre!
—¡Ah! ¡Es que…! —Valentina intentó pensar en algo que justificara el caos que acababa de cometer, pero las palabras se atascaron en su garganta. ¿Cómo podía salir de esta? —. Está claro que todo está en mi computadora. Solo necesitaba un momento para organizarme. No soy tan desastrosa, ¿verdad? Solo… bueno, un poco torpe hoy.
Álex no mostró ninguna emoción, pero su mirada se intensificó.
—Si torpeza fuera un crimen, estarías en la lista de los más buscados. —respondió de forma seca.
Ay, Dios, ¿en serio me acaba de decir eso? Valentina pensó que en ese momento su alma se desintegraba.
Álex miró el reloj de su muñeca, y con una calma inquietante, añadió:
—Tienes hasta las 3:00 p.m. para darme el informe correcto, Valentina. De lo contrario, las cosas se pondrán... interesantes.
El tono final de su voz sonó tan ominoso que Valentina se quedó petrificada, mirando cómo él se alejaba sin decir ni una palabra más.
—¿Interesantes? ¡¿Qué significa eso?! —murmuró Valentina, mirando el reloj. ¡Son las 11:30! ¡¿Cómo diablos voy a hacer un informe en 4 horas?! Su mente estaba en pleno pánico. Tenía que hacerlo. Tenía que hacer que Álex viera que podía ser más que una persona torpe que se metía en problemas.
De repente, la computadora hizo un ruido. ¡Una ventana emergente! Valentina la miró rápidamente, y por un segundo pensó que era un milagro. Pero al leerla, vio que no era nada más que un mensaje de error por su mal funcionamiento.
—¿Por qué el mundo me odia? —dijo, llevándose las manos a la cabeza, mientras observaba el calendario que estaba lleno de citas, tareas, y más tareas. Todo en su vida era una lista de cosas que nunca podría cumplir.
En ese preciso momento, alguien entró en la oficina de Valentina sin previo aviso. Era Martina, su compañera de trabajo.
—¿Te pasa algo, Valentina? Estás tan pálida que pareces un fantasma —comentó Martina, sonriendo mientras se sentaba en la silla frente a su escritorio.
—¡Es Álex! —Valentina lanzó los brazos hacia arriba como si estuviera a punto de desmayarse. —¡Me dijo que tengo hasta las 3:00 p.m. para entregar el informe o no sé qué pasará! ¡Es como si estuviera en juicio o algo! Y yo no sé ni por dónde empezar. ¡Esto es un desastre! ¡Estoy perdida! ¡Ayúdame!
Martina, con una risa contagiosa, se acercó y le dio una palmadita en el hombro.
—Valentina, relájate. Te va a dar un ataque de nervios. Lo único que tienes que hacer es ser directa con él. ¿Por qué no le dices que ya estás en ello, pero te falta un poco más de tiempo? —sugirió, sin preocuparse demasiado.
Valentina la miró como si Martina hubiera dicho la solución más absurda que había escuchado en su vida.
—¿Decirle eso? ¡¿Sabes lo que me dijo?! ¡Me dijo que si no entregaba el informe, las cosas se pondrían "interesantes"! No sé si eso significa que me va a despedir o que va a destruir mi vida como la conocemos. ¡Estoy aterrada!
Martina comenzó a reírse abiertamente, lo que hizo que Valentina se sintiera un poco mejor. Al menos alguien estaba disfrutando el momento.
—Valentina, no te preocupes. Álex es así con todos. Tienes que aprender a lidiar con él. Solo porque sea frío y distante no significa que sea el fin del mundo. ¡Relájate! —dijo Martina, mientras se levantaba para irse.
¡Ajá, claro! Relájate, como si pudiera. Valentina pensó, mirando la pantalla de su computadora. ¿Cómo podía relajarme cuando todo estaba al borde del colapso?
En ese momento, la puerta se abrió de nuevo. Y allí estaba él, Álex Montes, quien entró en la oficina con una mirada tan fría que hacía que el aire alrededor pareciera congelarse.
Valentina se levantó rápidamente de la silla, intentando sonar lo más profesional posible.
—El informe, Valentina —dijo Álex, con una voz que no dejaba espacio para dudas. “Lo quiero ahora” estaba implícito en cada palabra.
Ay, Dios, ¿por qué me estoy muriendo por dentro? Valentina sintió que su estómago se retorcía. Sacó un par de papeles de su escritorio, los cuales ni siquiera entendía bien, y los ofreció a Álex.
—Aquí está el… informe —dijo, con una sonrisa que no podía haber sido más forzada.
Álex tomó los papeles y los miró con una calma impresionante, como si estuviera observando a una especie rara de insecto.
—Esto es… incompetente. ¿Cómo esperas que esto sea útil? —dijo, mientras arrugaba los papeles y los dejó caer sobre el escritorio.
Valentina sintió que el piso se le venía encima. Esto era peor que un desastre. ¡Esto era un crimen!
—¿Me estás diciendo que esto no te sirve? ¿De verdad? ¡¿Qué más quieres que haga?! —exclamó, perdiendo un poco el control.
Álex levantó una ceja, claramente sorprendido por la reacción de Valentina.
—Solo quiero que seas capaz de hacer algo que se acerque a lo que te pido. ¿Eso es tan difícil de entender? —respondió, sin inmutarse.
Valentina respiró profundamente, mirando a Álex con una mezcla de frustración y nervios.
¿Qué tenía que hacer para dejar de ser la torpe de la oficina?
¿Qué hará Valentina para ganarse la confianza de Álex? ¿Realmente hay algo más detrás de su actitud fría y distante? ¿O este será el fin de su carrera en Montes Corporación?