Valentina estaba completamente atrapada en su propia burbuja de caos, rodeada de papeles arrugados, cafés derramados y una desesperación que había alcanzado niveles casi cósmicos. Álex Montes había vuelto a su oficina hace unos minutos, dándole la oportunidad de sobrevivir a este día, pero solo tenía unas pocas horas para hacer milagros con el informe que estaba a punto de destruirla por completo.
¡Lo estoy haciendo mal! Pensó Valentina, mirando el informe que no parecía tomar forma alguna. ¡Estoy a punto de ser una leyenda de fracasos!
Pero ¿qué otra opción tengo? Si algo había aprendido durante los últimos días, era que no había forma de escapar de este desastre, salvo que lograra darle un giro milagroso a este informe.
Martina, que había estado observando todo el proceso con una mezcla de diversión y preocupación, se acercó a Valentina en su escritorio, mirando el abismo de estrés en el que se encontraba.
—¿Te has detenido a pensar en lo que estás haciendo, Valentina? —preguntó Martina, poniendo las manos sobre la mesa con una sonrisa juguetona.
Valentina levantó la vista con los ojos desorbitados. ¡Ay, por favor, no me vengas a dar otro de tus consejos de superhéroe! pensó.
—¡Martina, por favor! —exclamó, como si estuviera a punto de explotar. —Estoy en un punto de no retorno. ¡Esto está mal, esto es el fin! Si sigo así, no solo me voy a quedar sin trabajo, ¡sino que me voy a convertir en el chiste de toda la oficina!
Martina observó el caos en el que se encontraba Valentina, con los papeles desparramados por toda la oficina, los archivos sin clasificar, y un vaso de café derramado sobre la esquina de la mesa. Pero en lugar de darle una palmada en la espalda para consolarla, la miró como si fuera un experimento interesante.
—¿Por qué todo tiene que ser tan dramático contigo? —dijo, cruzándose de brazos mientras tomaba asiento en la silla frente a ella. —Álex no es tan terrible. Solo es un hombre serio, ¿ok? La clave es darle lo que quiere, y si no sabes cómo hacerlo, pues… lo haces a tu manera.
Valentina la miró como si se le estuviera escapando un poco la cabeza.
—¿A mi manera? ¿¡Cómo se supone que haga eso?! ¡¿Tienes idea de quién es Álex Montes?! ¡Es como una máquina con traje! ¡Ni un ápice de emoción, Martina! ¿Cómo esperas que le entregue algo que no sea un desastre de proporciones épicas?
Martina dejó escapar una risa.
—Sí, pero con la actitud correcta puedes hacer que cambie de opinión. Álex es un tipo exigente, pero si te muestras confiada, puede que hasta te vea con otros ojos.
Valentina la miró sin entender del todo.
—¿Otros ojos? ¿Quieres decir que debería convertirme en una persona diferente? ¿O debería ir con un cartel de "Soy tu nueva amiga"? —dijo, levantando una ceja con sarcasmo.
Martina sonrió de forma cómplice.
—Tienes que venderte, amiga. Álex no va a amarte por ser la chica tímida e insegura. Tienes que mostrarle que puedes hacer el trabajo. Y por favor, no sigas todo este drama. Hazlo con calma, y verás que las cosas mejoran.
Valentina pensó en eso por un momento. ¿Cambiar de actitud? ¿Cómo podría hacerlo? No estaba segura de que pudiera actuar como si no le importara lo que sucedía, pero tal vez Martina tenía razón. Si se dejaba llevar por el pánico, solo empeoraría las cosas.
—Ok, lo intentaré. —dijo, con una sonrisa forzada, mientras empezaba a ordenar los papeles de nuevo. Si voy a morir, al menos moriré con estilo. Eso pensó mientras sentía la presión de su jefe acechando a lo lejos.
La hora de entrega estaba cada vez más cerca, y Valentina se encontraba en un estado de semi-pánico. Había logrado ordenar parte del informe y darle un formato decente, pero algo seguía faltando. ¡Esto tiene que ser perfecto! pensó, mirando las palabras en la pantalla con un nivel de paranoia que solo podría ser comparado con un thriller psicológico.
De repente, la puerta de su oficina se abrió y Álex Montes apareció nuevamente. El hombre parecía haber nacido con un aura de autoridad, tan grande y aterradora que Valentina no podía ni parpadear sin pensar que su carrera estaba en juego.
Álex la observó, esta vez con una mirada mucho más intensa que antes. Eso no era bueno.
Valentina se levantó rápidamente de la silla, como si fuera una estudiante sorprendida en medio de un examen de matemáticas, sin saber lo que estaba haciendo. Su corazón latía tan rápido que parecía un tambor.
—¿Valentina? —dijo, con esa voz suave pero autoritaria, como siempre. —¿El informe?
¡Ya no había vuelta atrás! Valentina pensó, tragando saliva y mirando hacia el escritorio. Finalmente, con un par de respiraciones profundas, se acercó a él, entregándole el informe. El segundo en que sus manos tocaron el documento, sentía que su vida pendía de un hilo.
Álex lo tomó, sin decir nada, y comenzó a leerlo, su rostro completamente impasible. La tensión en el aire era tan densa que Valentina sintió como si pudiera cortar la atmósfera con un cuchillo. ¿Qué iba a decir?
Minutos pasaron y Álex seguía en silencio. La ansiedad de Valentina se convirtió en una presión insoportable.
Finalmente, después de lo que pareció una eternidad, Álex levantó la mirada.
—Esto... no está mal. —dijo, sin una sola muestra de emoción en su voz. Solo una pequeña chispa de algo que Valentina no podía identificar. —Pero aún tiene fallos. No lo has estructurado como te pedí.
¡PERO POR FAVOR! Valentina pensó, apretando los dientes, pero logró mantener la compostura.
—¡Lo siento mucho, Álex! Estoy trabajando en los detalles, le prometo que está todo bajo control.
Álex la miró durante un largo momento, como si estuviera decidiendo si iba a decir algo más. Finalmente, dijo, sin emoción alguna:
—Para la próxima vez, no me hagas esperar tanto. La paciencia no es mi virtud favorita.
Valentina tragó saliva, tratando de que su rostro no reflejara el alivio que sentía por el hecho de que, al menos, había sobrevivido otro round con su jefe.
Álex se dio la vuelta y, como siempre, se fue de la oficina con una indiferencia total. Valentina lo miró irse, sin saber si debía sentirse orgullosa de haber completado el informe o aterrada por saber que aún no había alcanzado la perfección.
—¡Ay, Dios! —murmuró, dejando escapar un suspiro profundo. ¿Esto es lo que me espera todos los días con Álex?
¿Valentina logrará mejorar la próxima vez? ¿O su batalla con Álex será aún más difícil a medida que pase el tiempo?
¿Cuánto podrá aguantar antes de que el estrés la derrumbe por completo? Y más importante aún: ¿qué sorpresas le tiene preparado su jefe, con su frialdad tan desconcertante?