Valentina estaba en su escritorio, mirando la pantalla de su computadora con los ojos vidriosos. Había estado repitiendo la misma tarea durante horas, modificando los informes, ajustando los gráficos, y reorganizando párrafos. Álex Montes había dicho que todo estaba "bien", pero Valentina no podía quitarse la sensación de que algo faltaba. Si no era un informe perfecto, al menos había sobrevivido al juicio más difícil de todos: el de Álex.
Pero… ¿era eso suficiente? ¿Cómo se mide el éxito en este lugar? Si le daba un giro a las cosas, si le agregaba algo especial, ¿sería eso lo que Álex esperaba? O tal vez… ¿estaba simplemente jugando a sus propios juegos, como siempre?
—Valentina, no pienses demasiado. Solo hazlo. —se decía a sí misma, intentando concentrarse en lo que parecía un informe interminable.
Pero claro, lo más fácil nunca ha sido lo que hace bien. Mientras intentaba sumar datos y hacer cálculos que ni ella entendía, su teléfono vibró. Era un mensaje de Martina. Valentina suspiró, pensando que, al menos, si no podía escapar de esta rutina, al menos tenía a su amiga para hacerle el día más llevadero.
Martina: ¿Sobreviviste a la última revisión de Álex o ya te pusieron en cuarentena?
Valentina respondió rápidamente, esperando que la ironía la ayudara a relajarse un poco.
Valentina: Todavía vivo. Pero solo porque no me he dejado desquiciar todavía. ¿Qué tal tú? ¿Sigue sin un café en tu vida?
Martina, siempre tan oportuna, respondió de inmediato.
Martina: Lo que necesito es un poco de tu paciencia. Porque si Álex te sigue dando esas “aproximaciones” en lugar de críticas, me voy a mudar a una isla desierta. Pero, a propósito, ¿qué harías si te pidiera algo hoy en la tarde?
Valentina levantó la vista del teléfono y miró la pantalla, como si las palabras de Martina estuvieran flotando frente a sus ojos. ¿Qué haría si le pidiera algo más? Eso sería lo siguiente, ¿no? Siempre lo era.
Valentina: Nada. Ya he hecho lo suficiente. Si quiere que lo haga, ¡que me dé un mapa de instrucciones!
Martina no tardó en responder, con un tono algo más serio, o al menos intentando parecerlo.
Martina: ¿Seguro que te atreves a enfrentarte a él de nuevo? Digo, me encantaría verte salir de esa oficina sin que te desintegre con solo mirarte. Pero no olvides que tienes que pasar de ser la niña buena a la reina de la oficina. ¡Y para eso se necesita actitud, Valentina!
Valentina sonrió, sabiendo que Martina tenía razón. Era hora de que ella dejara de ser la subordinada perfecta que siempre seguía cada indicación al pie de la letra. Álex necesitaba saber que tenía una oponente, no solo una empleada obediente.
Poco después, Valentina vio que el reloj marcaba las 4:30 p.m.. Con un suspiro, decidió que ya era hora de hacer algo fuera de lo común. No iba a dejar que la situación fuera tan fácil. Tomó el informe con determinación y le dio el último vistazo. ¿Qué podría salir mal?
Álex, como siempre, no tardó en aparecer en la puerta. El fantasma de la oficina entró sin hacer ruido, su presencia ocupando todo el espacio.
—Valentina. —Su voz firme la hizo volverse rápidamente.
Valentina, con una sonrisa que intentaba parecer confiada (pero no del todo), dejó el informe sobre su escritorio y se levantó.
—Álex, aquí está el informe que me pediste. He incorporado todos los cambios que me sugeriste. A lo mejor no es lo que esperabas, pero he hecho lo mejor que he podido. —dijo, dándole el informe con una pequeña inclinación de cabeza.
Álex la miró con ese semblante frío, el que siempre ponía cuando estaba evaluando a alguien. No era ni una sonrisa ni un gruñido. Era el hielo absoluto.
—Lo revisaré, Valentina. Pero te advierto algo: no me impresionas con tus esfuerzos. Lo que quiero son resultados, no excusas.
Valentina tragó saliva y observó a Álex, queriendo morderle la lengua, pero se contuvo. Sabía que, en este momento, el poder estaba de su lado.
¡Esto es! pensó, mirando la mesa de Álex como si fuera un campo de batalla. ¡Lo voy a sorprender!
Cinco minutos después, el silencio era incómodo. Valentina observaba como Álex pasaba página tras página del informe, leyendo cada detalle con una concentración que parecía casi malsana. El sonido de su respiración era lo único que rompía la quietud.
Finalmente, Álex levantó la vista. ¡Oh, Dios! ¿Qué estaba pensando? ¿Qué iba a hacer ahora?
—No está mal. —dijo, con una ligera frialdad en su tono. —Aunque podrías haber sido un poco más específica con algunos detalles. Pero, te daré el crédito que mereces. Has hecho algo decente.
Decente. Esa palabra "decente" era una de las más ambigua y molestas que Valentina había escuchado jamás. ¿Eso significaba que lo había hecho mal? ¿O tal vez lo había hecho bien, pero él no lo quería admitir?
Pero en lugar de dejar que la duda la consumiera, decidió no rendirse.
—¿Decente? —repitió Valentina, levantando una ceja. —Bueno, es mejor que horrible, ¿no? Al menos eso es un avance. Ya no soy la "típica idiota" que solo sigue órdenes sin entender nada.
Álex la miró sin entender por un segundo, antes de esbozar una ligera sonrisa, casi imperceptible.
—No lo tomes de manera personal. Estás lejos de ser una idiota, Valentina. Pero debes mejorar tu enfoque. No todo tiene que ser tan perfecto. Solo los resultados importan.
Valentina resopló, sintiendo cómo la frustración comenzaba a invadirla. ¿Perfecto? ¿Nada tiene que ser perfecto? ¿Pero por qué parecía que todo lo que hacía debía cumplir con un estándar imposible?
—¡¿Entonces para qué me pides que haga todo esto si al final no importa?! —preguntó, a punto de explotar. —¡Álex, no eres el único que tiene un trabajo aquí!
Álex la miró fijamente, y por un segundo, Valentina pensó que su cabeza se caería de la presión. Pero no. En lugar de gritarle o despedirla, Álex se cruzó de brazos y la observó en silencio.
—Tienes razón en eso. Pero eso no significa que me conformaré con cualquier cosa. Tienes potencial, Valentina. Solo te falta un empujón.
Valentina frunció el ceño, sin saber si estaba siendo elogiada o regañada.
—¿Un empujón? —preguntó, con sarcasmo. —¿Sabes qué, Álex? Tal vez lo que necesitas no es que te empuje. Tal vez necesitas que alguien te dé un toque de humildad. —dijo, desafiante.
Álex la miró por un momento, y la sorpresa apareció en sus ojos, pero solo por un segundo.
—Creo que tienes razón, Valentina. Pero esa humildad no está en el trabajo que haces. Está en la forma en que te enfrentas a los desafíos.
Valentina se quedó en silencio, procesando sus palabras. ¿Era esto un avance? ¿O solo estaba atrapada en otro de sus juegos mentales?
Suspenso:
¿Qué significa realmente el comentario de Álex? ¿Está comenzando a ver a Valentina de otra manera o solo la está preparando para una nueva prueba?
¿Cómo manejará Valentina esta nueva interacción sin perder el control sobre su propia vida?
La batalla apenas comienza, y Valentina está a punto de descubrir que no solo debe enfrentarse a Álex, sino también a sí misma.