Valentina estaba de pie frente al espejo del baño, mirando su reflejo con una expresión de desesperación. ¿Cómo rayos llegué aquí? pensó mientras se pasaba las manos por el cabello, tratando de aplacar la tormenta que se estaba desatando en su mente.
El día había comenzado como cualquier otro, con su jefe, Álex Montes, regresando a su oficina para darle la típica crítica implacable sobre su informe. ¿Cómo podía ser tan… perfecto en su maldad? No importaba lo que hiciera, siempre encontraba algo que estaba mal.
—No puedo seguir así —murmuró, mirando su reflejo, como si fuera un juez implacable que esperaba que le dijera la sentencia de su vida. —¡No puedo ser la chica que siempre se equivoca, la que está siempre al borde del colapso!
Y ahí estaba, Valentina, atrapada en un bucle de autocrítica. Por un lado, Álex le había dicho que se relajara, pero al mismo tiempo, le había dado un informe nuevo para trabajar, que claramente tenía más correcciones que una página de examen de la universidad.
¡Este hombre me va a volver loca! pensó, mientras se dejaba caer sobre el lavabo, tratando de encontrar algo de paz en medio de este caos.
El sonido de la puerta del baño abriéndose la hizo sobresaltarse, y al girarse rápidamente, vio a Martina, que se asomaba con una sonrisa traviesa.
—¿Sigues viva? —preguntó, levantando una ceja. —Pensé que te habías convertido en estatua de estrés.
Valentina la miró, y sin poder evitarlo, dejó escapar una risa irónica.
—A punto de convertirme en la primera estatua de estrés de la historia del arte moderno, sí. —respondió, con los hombros caídos, como si estuviera a punto de colapsar en cualquier momento.
Martina se acercó con un gesto de comprensión, pero también con una sonrisa burlona.
—A ver, Valentina. ¿Te das cuenta de lo que estás haciendo? Estás esperando que Álex te diga lo perfecto que eres para sentirte mejor. Y eso no va a pasar, amiga. No va a pasar.
Valentina la miró, confundida.
—¿Por qué no? Si todo lo que hago nunca es suficiente, ¿por qué no puedo esperar algo de al menos un poco de reconocimiento? —dijo, sintiendo que sus palabras salían con un tono de frustración que la había estado rondando todo el día.
Martina la miró con una expresión casi maternal, como si Valentina fuera una niña que todavía no entendía cómo funcionaban las reglas del juego.
—Porque Álex no es tu terapeuta, Valentina. —respondió con un tono que hizo que Valentina frunciera el ceño. —Él es tu jefe. Y a veces, los jefes no tienen tiempo para darte palmaditas en la espalda. ¿Lo entiendes?
Valentina suspiró, mirando al techo como si ahí pudiera encontrar las respuestas a todas sus preguntas existenciales.
—Pero eso no es justo. Yo también soy una persona, ¿sabes? No soy solo una máquina que hace informes. Tengo sentimientos, ¡quiero que alguien me diga que lo hice bien!
Martina se cruzó de brazos, sin perder su actitud tranquila, y la miró con esa mezcla de cariño y sabiduría que solo los mejores amigos podían ofrecer.
—Está bien, entiendo que necesitas reconocimiento, pero no te lo tomes tan personal. Álex es un hombre obsesionado con la perfección. No es que te odie o te quiera hundir, simplemente… es su manera de ser. Y te va a pasar lo mismo todo el tiempo. Lo único que tienes que hacer es superarlo y seguir adelante.
Valentina la miró con cara de incredulidad.
—¿Superarlo? ¿¡¿Como si fuera tan fácil?! —respondió, gesticulando de manera exagerada, casi como una actriz en una escena dramática de telenovela.
Martina soltó una risa y la tomó por los hombros, guiándola hasta la salida del baño.
—Valentina, lo que necesitas es dejar de tomártelo tan en serio. Vas a trabajar con él todos los días, así que tienes que aprender a hacerle frente sin que te vuelva loca. No dejes que te consuma.
¡Ay, cómo me gustaría tener esa actitud! pensó Valentina, mientras se obligaba a seguir a Martina de vuelta a su escritorio. En el camino, su mente estaba a mil por hora, repensando todo lo que Martina había dicho. ¿Sería posible no tomárselo tan en serio? ¿De verdad podía ignorar las críticas de Álex y no sentir que estaba fracasando en su vida profesional?
Al llegar a su escritorio, Valentina se sentó de golpe y comenzó a trabajar en el nuevo informe. Aún no podía quitárselo de la cabeza. ¿Era eso lo que realmente necesitaba? Ser más relajada? La respuesta parecía obvia, pero al mismo tiempo, algo en ella le decía que no sería tan fácil.
Pasaron unas horas, y Valentina estaba comenzando a sentir que se ahogaba en el mar de correcciones y correos que le llegaban cada dos minutos. A medida que avanzaba, más sentía que algo no estaba bien. ¡Dios mío, este trabajo está arruinado!
De repente, la puerta de la oficina se abrió, y Álex apareció nuevamente. Esta vez no fue con una mirada fría, pero sí con esa presencia que hacía que todo en el aire se detuviera.
—¿Cómo vas con el informe? —preguntó sin siquiera mirarla directamente, como si ya supiera la respuesta.
Valentina se giró rápidamente, tratando de recuperar un poco de compostura. ¡No puedo dejar que me vea tan vulnerable!
—Está... está casi listo, Álex. —respondió, como si fuera una mentira dicha con la mayor seguridad posible.
Álex la observó fijamente, como si estuviera tratando de ver a través de ella. Luego, caminó hacia su escritorio, sin decir una palabra.
¿Por qué siempre hace esto? pensó Valentina, mirando su reloj. ¿Lo hace para ver si me pongo nerviosa? Ella comenzó a sudar, sintiendo cómo su respiración se aceleraba a cada segundo que pasaba en silencio.
Finalmente, después de lo que pareció una eternidad, Álex rompió el silencio.
—Bueno, lo revisaré luego. —dijo, sin emoción alguna, antes de girarse hacia la puerta. —Nos vemos a las cinco.
Y con eso, salió de la oficina, dejando a Valentina con el corazón en la garganta.
¿Eso fue un halago? Valentina pensó, completamente confundida. ¿Lo está haciendo a propósito para que me sienta insegura o realmente fue un avance?
Ella miró el informe y luego miró la hora. Tenía menos de dos horas para terminar, y la presión nunca había sido tan grande.
¿Será Valentina capaz de entregar el informe a tiempo y de manera perfecta? ¿O se quedará atrapada en su propia ansiedad?
¿Qué se trae Álex entre manos? ¿Será este solo otro juego suyo para probarla, o realmente está comenzando a ver algo en ella que no había notado antes?