Connor Todo mi cuerpo tiembla como gelatina. Mi boca se siente pastosa, seca y repentinamente me palpita el párpado del ojo izquierdo. Intento tomar aire, y asiento con la cabeza. Dejo caer la mano que he sostenido unos minutos en el aire esperando el saludo del hombre a quien tengo en frente y me volteo junto con Charlotte, para poder sentarnos antes de que mis piernas me traicionen y de pronto ya no sean capaces de sostenerme. - Debo admitir, Connor, que me ha sorprendido que llamaras esta mañana – el señor Gelley toma asiento frente a nosotros y no me quita la mirada de encima. - Sentí que ya era hora – respondo, intentando controlar el temblor de mi voz. - Tres años tarde – dice él por lo bajo. Su esposa le lanza una mirada de adverten

