De nuevo. ¿Cómo fue que llegué a este punto? ¿Cómo diablos es que una mocosa era capaz de ponérmelo duro hasta reventar y luego solo alejarse, dejarme con las ganas y la humillación? ¡¿Pero quién se creía esa enana?! ¡Diablos! Si nada más de recordar sus besos o mis manos sobre su enorme t*****o ya se me ponía dura otra vez. —Sí, tenía conocimiento de eso. ¿Qué tal con los abogados? Ellos ya estaban al tanto y están a tu disposición para lo que sea que necesites.—Le dije a Axel Martin, prestándole la más mínima atención mientras separaba mis piernas, bajando mi mano hasta allí, en un intento por acomodarme el pene. No podía seguir con esta reunión, solo pensaba en Nanna, en su lengua, en… ¡No! ¡Me tenía hechizado! ¡Solo esperaba que no fuera tarde para mí! ¡¡Nanna no!! —Sí,

