3- Es un esclavo

1253 Words
La princesa quien miraba con atención y detenimiento aquel libro que se le había pedido leer para avanzar más en sus clases, ni siquiera lo había comenzado a leer. Por otra parte las damas de compañía con quiénes compartía edad se encontraban inmensa en una pacífica lectura, cosa que como habitualmente molestaba a la princesa. — Esto es inútil...—Se levantó la princesa.—Odio leer esto. Comenzó a caminar por aquella enorme habitación pero sus maldiciones se vieron interrumpidas por el sonido de la puerta. De inmediato una de las damas de compañía fue a abrirla de inmediato encontrándose con una agitada sirvienta, la princesa solo miro en aquella dirección para darle permiso para que pudiera hablar y decir el porque se encontraba en aquel lugar. — Su majestad, la emperatriz a pedido que fuera a verle.— menciono la sirvienta al tiempo que hacía una reverencia a la noble princesa en signo de respeto. — Comprendo, puedes retirarte.— respondió la princesa sin más apuro. Ante aquello la sirvienta se retiró en seguida para que luego solo se pudiera escuchar el como la puerta era cerrada con suavidad por Lorena, aquella dama de compañía de cabellera similar al dorado. Después de eso la mirada avellana de la princesa se enfocó en aquel piso para pensar en lo haría, seguiría las órdenes de ver a su madre. De hecho llevaba sin verle meses una gran cantidad de meses a pesar de vivir en un mismo palacio. — Lorena, mis guantes, Evelin necesito mi máscara. No era por ser delicada respecto a los gérmenes por mantener contacto con las cosas o por personas de hecho era por una cosa muy similar. Aquellas damas de compañía siguieron la orden de inmediato buscando lo que había pedido aquella princesa, posteriormente se le fue colocado aquella mascarilla con total cuidado al igual que aquellos finos guantes. Después de eso sin siquiera dar un gracias se retiró rápidamente para repetir la misma acción que la sirvienta, cruzar por aquella enorme puerta y terminar en aquel pasillo. No pensó en más y sin escuchar o prestar siquiera atención a su alrededor comenzó a caminar rápidamente a dirección a la habitación de aquella emperatriz. «¿que deseara ahora?» No podia dejar de lado aquella sensación de curiosidad por saber que deseaba su progenitora, después de todo no es como si mantuviera contacto alguno con ella. Aunque fuera su madre jamás mantuvo un fuerte lazo por lo tanto no se veían ni hablaban, a menos que fuera necesario. Suspiro la noble para lograr ver su destino, ajusto mejor sus guantes al igual que la mascarilla que apenas le dejaba ver a dónde se dirigía. Sin más palabras con suavidad y cuidado roca tres veces la puerta para que fuera abierta de inmediato por una enfermera. Su vestimenta era total blanca, llevaba puesto una mascarilla y guantes para protegerse claramente de lo había en esa habitación. Sin entro la joven princesa al interior de aquella enorme habitación para luego cerrarse la puerta tras su entrada. La decoración era demasiado elegante teniendo demasiado el toque femenino, ya que después de todo era solamente la habitación de la emperatriz. Después de eso su visita se dirigió en la cama de aquella noble emperatriz, su cama estaba cubierta por una delgada tela blanca que dejaba ver una sombra que claramente se trataba de la emperatriz. — Mi dulce princesa...—Suspiro—Me gustaría hablar a solas. Aquella enfermera asintió para hacer una reverencia y retirarse con tranquilidad de aquella habitación, un tanto deprimente. — ¿Deseaba verme su majestad? Se atrevió a preguntar la princesa mientras se acercaba despacio a dónde se encontraba aquella emperatriz manteniendo una distancia. — Así es... Debo aclararte algunas cosas. Aquello provocó algo de mayor curiosidad en la princesa quien se detuvo en su caminar para hacer de notar un rostro de confuncíon. Alzaba una ceja y una mueca en su rostro se podía ver. — ¿A que te refieres? Comentaba con un tanto de duda, no entendía nada de lo que se refería con aclarar ciertas cosas. — princesa...— Abrió un poco la cortina.— Deseo verte. Vaya manera de interrumpir aquel momento, asintió rápidamente para tragar un poco de saliva y acercarse más para luego con su mano abrir un poco más la cortina. Se podía ver un poco la vestimenta de la emperatriz; un sencillo vestido que servía como pijama. Si rostro era imposible de ver por aquel velo que lo cubría. — Eres tan hermosa...—Pausa.— me recuerdas a mi hace veinte años... — Agradezco tu cumplido, pero quiero saber que era eso de aclarar ciertas cosas. Eso hizo que la emperatriz volvería a cubrir el interior de aquella cama haciendo que no la viera. — Lo haré, ¿como podría comenzar?— comento en vos baja, para luego verse interrumpida por una intensa tos aquello hizo que no se alcanzará a cubrir con tiempo, haciendo que gotas de sangre cayeran en la delgada tela blanca. Eso solo alarmó a la princesa. — Tranquila estoy bien.— volvió a toser.—sere breve... Asintió la princesa sin pronunciar alguna palabra manteniéndose en silencio. — ¿Recuerdas como era antes? Mi belleza fue arracada como una flor en día especial, eso me recuerda a como tu padre me engañaba. Aquello no sorprendió a la princesa después de todo era conciente desde que el día que la la salud de emperatriz decayó igual lo hizo el amor de emperador. — En fin, un día por producto de su engaño nació un bastardo.— lo último lo dijo con gran enojó.— no permite que fuera nombrado principe. —Espera. — interrumpió la princesa.— ¿tengo un medio hermano? Eso había sorprendido demasiado a la princesa no podía terminar de crearlo tal vez por la sorpresa termino de rodillas en el suelo. — Lamentablemente si, pero descuida tiene un destino peor que la muerte. Aquello aunque no se viera lo decía la emperatriz con una sonrisa, vaya gusto le daba recordar los gritos de aquella mujer. Fue un día lluvioso así que como olvidarlo si ese mismo día aquella mujer que corrió del palacio dió a luz. — ¿Vive en prisión? — Al contrario en un esclavo, vivir en la prisión sería como un paraíso para ese sucio bastardo. Silencio solo se podía escuchar en ambas partes. Por una parte la princesa entraba en conflicto cómo era posible que le ocultaran el tener un medio hermano y más importante el que fuera un esclavo. — ¿Donde está? — Con suerte en una mina. En otra parte del palacio siendo exactos en la oficina de aquel emperador se encontraban el archiduque y el nombrado emperador. No era mucho el tiempo que llevaban ahí ya que después de todo fue hace poco cuando terminó la mencionada reunión para discutir sobre la sucesión del trono. — después de mi muerte, deberás apoyar a la princesa Adriane. El archiduque asintió mostrando una sonrisa llena de tranquilidad mientras ayudaba a sentarse a su querido emperador. — Prometo mi eterna lealtad a la princesa. Aquello hizo que sonriera inconscientemente el emperador le llenaba de gusto saber que su hija tendría un aliado cuando llegara al poder. Mientras que el archiduque por debajo mordía levemente su lengua para no decir nada más. — agradezco en verdad tu lealtad en estos años. — Para mí es un honor servir al emperador. Aquello provocó una sonrisa rior
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