Ahora que finalmente había sido comprado por una completa desconocida también desconocía exactamente qué era lo que debía hacer a su nueva dueña pero de algo estaba seguro debía seguir sus órdenes sin importar que fuera.
Seguía los pasos de su nueva dueña mientras contemplaba a su alrededor, sus pupilas avellana jamás habían visto su alrededor o siquiera la luz exterior.
Ya que después de todo su vida solo se resumía a trabajar sin parar en las minas, poco descansaba además de eso nunca sabía cuándo era el día o la noche.
Pero tampoco fuera como si importará saber eso, lo único que deseaba es ser feliz por un momento y saber si era día o noche no le provocaría tal sentimiento de alegría.
— ¿Qué es esa cosa brillante?— pregunto el menor con total inocencia mientras tenía sus manos sujetas en una cadena que unía a sus pies y manos.
La mirada de la mujer se trasladó a los ojos del menor mientras esté bajaba la mirada cosa que hizo sonreír a la mayor.
— Se llama sol pero para otros es un dios que nos vigila.— respondió para detenerse cosa que hizo que de igual forma el menor lo hiciera.
Había un enorme carruaje conocía lo que eran ya que varias veces había visto algunos pero siempre eran rotos o eran simplemente demasiados viejos.
Era sorprendente ver aquel carruaje y esos caballos que imponían bastante respeto o al menos eso era lo que pensaba el castaño ya que le daban algo de miedo.
— Archiduquesa neha.
Su mirada de inmediato se trasladó al cochero que había dicho esas palabras, se encontraba sujetado a los caballos para no avanzarán sin la nombrada.
Aunque al menos ahora sabía el nombre de su dueña; neha.
Sonaba agradable como su apariencia que desbordaba belleza en su vestimenta.
Cuando noto que la mirada de aquel cochero se dirigió a el menor este bajo la mirada al suelo mientras que la Archiduquesa se aclaraba un poco la garganta.
— Bueno creo que deberíamos irnos, a mi hermano le espera una sorpresa.
Sin más aquella refinada dama subió al carruaje con la ayuda inmediata del menor ya que deseaba ayudar con todo su corazón a su dueña.
Cuando vio que subió bajo la mirada nuevamente esperando alguna orden por hacer, era conciente de que no era digno de hacer una pregunta fue educado para jamás hacerlas.
—Recuerda jamás preguntes algo, solo haz lo que te ordenen.
Recordo las sabias palabras de un esclavo de gran edad, siempre vestía un costal de papas ya que su vida entera estuvo en situación de esclavo, estuvo por que falleció en un día de tormenta.
Con solo pestañar podía recordar gritos de aquel día o noche jamás supo la hora, pero no importaba cuando habían robado la vida de su único amigo.
— Puedes ir conmigo.
El joven de ojos avellana alzó la vista para ver al cochero quien le había dicho esas palabras, no necesito repetirlo, enseguida subió sin preguntar alguna cosa.
Al sentarse enseguida avanzo el carruaje, un remolino de sentimientos había en su joven corazón, se giró un poco para ver aquella carpa de la cual había salido.
Su situación no cambiaría pero al menos podría cumplir el sueño de su amigo.
—¿Sabes? Ruego cada noche por el mismo deseó: libertad, para conocer las estrellas, libertad correr por el bosque.
Desconocía que era esa palabra pero conocería esas estrellas y correr por el bosque y cumplir el deseo de su amigo.
— y dime muchacho, ¿Sabes leer?
Pregunto aquel hombre que tenía una barba que llegaba a su cuello manteniendo su vista al camino, desconocía esas palabras ¿Que es leer?
— No se que es leer...— respondió con sinceridad mientras posaba su vista en el camino que era verdaderamente majestuoso.
Nunca había visto árboles tan altos que dieran esa sensación de tranquilidad, los minutos pasaban y el paisaje cambiaría de igual forma dando paso a un hermoso pueblo pequeño.
— Lamento oír eso... Bueno, bienvenido al pueblo de Majesté
Tal y como había mencionado el cochero el pueblo era digno de ese nombre por la sencillez y belleza que se podía contemplar.
Cualquiera que viera majesté por primera vez podría comentar que es bello, se quedarían maravillados tal y como pasaba con el joven esclavo, quien mantenía una enorme curiosidad viendo todas partes, memorizando cada rincón.
Pocas eran las veces que salía de las minas y cuando lo hacía repetía el ritual de ver cada piedra, flor e incluso hormiga para guardarla en sus pensamientos.
— Esto es verdaderamente maravilloso...
Pronunció con apenas su habla en si, dios no podía ver algo ya que algo nuevo llamaba su atención.
Deseaba preguntar qué era para que servían, por qué habían tantas personas felices por ahí.
Pero no podía preguntar nada, eso era falta de respeto, por lo tanto debía ser castigado fuertemente si hablaba así que guardo silenció.
Y de igual forma calmo su emoción para ver únicamente a los caballos sin pronunciar palabra alguna.

Por otra parte en el palacio se respiraba un aire de lo más ordinario.
Los nobles irían al palacio para hablar con su emperador después de todo una reunión respecto a la sucesión sería llevada a cabo.
La princesa Adrienne se sentía molesta por no poder asistir, de hecho ninguna mujer podía estar en ese lugar ni siquiera la emperatriz.
Pero en fin, cada uno de los nobles tomo asiento en su lugar correspondiente para dar inicio a su ansiada reunión.
— Bueno, está reunión es para discutir sobre la sucesión del siguiente en el trono.—dijo el emperador.— Saben que la princesa Adrienne por ley debe ser la siguiente.
Todos asintieron.
— Pero su majestad, conoce que la ley también prohíbe la llegada de una mujer a la corona.— menciono un lord.
— Además de eso, no tiene las habilidades para pelear por el trono o siquiera defenderlo.— Añadió un vizconde
El emperador asintió, era verdad en la historia del imperio jamás una mujer había tocado ser heredera, siempre eran emperatriz por matrimonio pero jamás por sangre.
— Es la única que puede heredar el imperio, es mi primogénita.
Respondió enseguida para posar su vista en el Archiduque thomas quien era su mano derecha en estás situaciones, el nombrado conde de ojos verdes cabellera castaña, se levanto de su lugar para dar su opinión.
— Es comprensible que ustedes no aprueben a la princesa Adrienne, sinceramente es difícil imaginar la en ese puesto, pero no tenemos opciones solo hay dos candidatos para heredar la corona; Viktor duque de majesté y heredero a la misma, y el segundo tyre hijo de una amante real, hoy esclava.— hizo una pausa.— Si Viktor llega a la corona... No sabemos que haría de solo llegar, con tyre no sabemos dónde se encuentre además se perdería el honor del imperio.
Aquello provocó un silencio, era claro que todos querían que no llegara la princesa Adrienne a la corona pero si uno de esos dos llegaban a la corona no se sabría que pasará.
— Por derecho Viktor merece ser el heredero después de todo pertenece a la segunda casa más poderosa, después de la imperial.— pronunció un lord.
— Tyre de igual manera tiene derecho, fue aceptado por la emperatriz pero luego su madre se volvió en una esclava por un error, si deseamos de nuevo el favor del pueblo tyre es la opción.— menciono un noble.
Después de eso hubo silencio... Un largo silencio.
— sea cual sea su postura la princesa Adrienne Sera la emperatriz, por lo tanto mi heredera.
Dijo sin temer el emperador para luego levantarse de su lugar, cosa que hizo que el resto también lo hiciera por respeto.
Se notaba el disgusto en los nobles nadie deseaba que esa princesa llegará al poder.
— La reunión a terminado.
Después de eso el emperador se retiró siendo seguido por el Archiduque thomas quien corriendo se fue tras su majestad.
En el pasillo los únicos pasos que se podían escuchar eran los de ambos, y no era como si el emperador no supiera que era seguido al contrario le agradaba saber que Thomas pensaba lo mismo y le apoyaba.