Compromiso
Stella McCartney veía como el amor de su vida, el futuro padre de sus hijos, si él lo deseaba, besarse con la única persona que no detestaba al cien por ciento, su prima. Su corazón le dolía con cada segundo que pasaba y ellos se devoraban en la oscuridad del balcón principal.
— Están muertos.
Juró mientras las lágrimas caían por sus mejillas, rápidamente las limpió y maquinó todo tipo de escenas donde Alexander Roth era solo suyo. Al precio que sea.
Stella McCartney, heredera del imperio "M&S", cumplía 18 años y oficialmente era presentada como la única heredera de los McCartney. Su fortuna era tan vasta que podía mantener a varias generaciones y jamás se preocuparían por el dinero. Sin embargo, solo habría generaciones si el amor de su vida decide salir con ella y no con su "santa" prima.
— Ella dijo que sí.
Catherine, su amiga desde toda la vida, confirmó lo que se negaba a escuchar. Finalmente entendió que lo estaba perdiendo.
— Solo son novios, Cathe. Es algo tan pequeño y que jamás durará. Les doy un mes.
— Según comentan sus amigas, llevan más de un mes saliendo.
Stella quería morirse en el momento que su amiga destruyó sus fantasías más profundas. Stella no entendía por qué ellos querían salir si eran tan incompatibles ante sus ojos. Estaba molesta, herida, como si fuera traicionada y que claramente no era así.
— Sara sabía que me gustaba, ¿cómo pudo hacerme eso?
— Stella, ella no sabía que actualmente te gusta, solo que antes tenías una ligera atracción y si fuera así dudo que se detenga solo porque así es.
— ¿La estás defendiendo? — Stella casi gritó.
— Claro que no, boba. Tú eres mi mejor amiga, casi hermana.
Cathe quería golpear a su amiga para hacerla entrar en razón. Mientras tanto, Stella caminaba de un lado al otro tratando de controlar sus emociones en lugar de buscar una salida para terminar con esa relación.
Solo se fue de viaje un mes, y ellos ya salían. Maldijo a su familia por convencerla de hacer algo así. Ella quería salir con Alexander desde que tuvo memoria y planeaba confesar sus sentimientos en su cumpleaños. Planeó el día perfecto, sin embargo, este no era el regalo "perfecto".
Cathe la ponía al tanto de todos los hechos que pasaron en su ausencia, pero Stella la ignoraba abiertamente. Se estaba muriendo, sentía que su corazón era maltratado tanto que no sabía cómo lidiar con algo así.
En momentos como este pensaba que ni todo el dinero podía ayudarla, algo que rara vez pasaba por su cabeza. Entonces, Stella dejó atrás todo lo que hacía y pensó en algo tan irreal que cuestionó su cordura. ¿Y si utiliza todo lo que tiene a su favor? Dinero, poder, manipulación y perseverancia...
Una semana después.
— ¿Alexander no vas a saludarme? Solo me fui un mes y parece que ya te olvidaste de mí.
Stella tomó de la mano al amor de su vida, tratando de acercarlo a sus brazos y seducirlo como le enseñó Catherine.
— ¿Cómo podría olvidarte, cariño?
Alexander Roth la abrazó, pero se percibió cierto rechazó a acercarse tanto como Stella quería. A ella no le hizo gracia, pero tuvo que admitir que Alexander siempre se mostró reacio a dar muestras de afecto.
— En estos días no me visitaste ni una sola vez.
Stella hizo un puchero y lo miraba con ojos llenos de dolor. El corazón de Alexander se ablandó un poco, pero volvió a poner distancia entre ellos.
— Estuve ocupado, Stelly. Quizá otro día podemos salir.
Ella sonrió al escuchar el apodo con el que la llamaba desde que tuvo memoria.
— ¿Ocupado con el trabajo?
Alexander se mostró incómodo para continuar con el tema, pero sabía que Stella no se quedaría tranquila. Después de todo lo iba a descubrir tarde o temprano.
— Stella, no sé si ya te contaron, pero tengo una relación — Stella sintió el mundo derrumbarse a sus pies. — Sara y yo tenemos dos meses como pareja.
Stella no podía respirar. Con cada palabra su corazón se estrujaba como si fuera el papel más frágil, aunque en su expresión no se podía ver absolutamente nada. Sin embargo, Alexander vio su palidez sin darle importancia. Él solo pensaba que a Stella no le gustaba la noticia porque pasaría menos, muchísimo menos, tiempo con ella.
— ¿Stella? — preguntó, Alexander.
— Eso es bueno. Me alegro de que salgas y te diviertas, es bueno para ti.
Alexander no pudo soportar esa escena. Entonces su móvil sonaba y el nombre de "Mi Sara" brillaba en la pantalla.
— Me tengo que ir, nos vemos luego, Stelly.
Alexander terminó con esa situación y el montaje de Stella dándole un apretón en su hombro como despedida.
Stella subió a su habitación como pudo porque su mente reproducía una y otra vez como Alexander le decía que salía con su prima. Ya dentro, cerró la puerta y la aseguró con llave, no quería que nadie la moleste.
— ¡Maldita seas! ¡¿Por qué lo hiciste?! ¡¿POR QUÉ?! — gritó a todo pulmón.
Se sentía tranquila porque sabía que nadie se encontraba en su casa, más aún que vio a Alexander salir en su auto.
Tiró todo lo que encontró, mordió los ositos que quería que Alexander le regalara, arrancó las fotos con su prima y las destrozó con todo el dolor y odio de su alma.
La odiaba a morir.
Fue entonces que las sirvientas y su nana golpearon la puerta, llenas de preocupación por sus gritos, pero Stella las ignoró mientras continuaba con su rabieta.
— ¡FUERA!
Con eso bastó para que nadie vuelva a tocar la puerta, mas no para que se vayan porque querían saber si estaba bien y qué le pasó para que reaccione así.
Stella respiró después de romper la ventana con una bola de cristal hecha en Francia, regalo de su abuela. Respiró profundamente y maquinó el plan perfecto para alejarlos definitivamente.
Y sería perfecto ya que casi nadie sabía que a ella le gustaba Alexander. Bueno, las únicas personas que no sabían era su prima y algunos familiares.
Nadie sabía que los próximos meses serían tan terribles para ella, quien creía poder hacer de todo para separarlos. Planeó todo cuidadosamente, ubicó los escenarios, las personas involucradas y las fechas precisas para que Sara se aleje de su futuro esposo. Se juró que así tenga que vender su alma al diablo lo haría, todo con tal de tenerlo para sí.