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1965 Words
— Nunca me has dicho cómo conociste al tío Taylor Peter se encoge de hombros ante mi comentario, nos encontrábamos en un parque de diversiones y estábamos en medio de una de nuestras tantas conversaciones mientras nos comíamos un helado, ambos observábamos a Sammy jugar con otros niños. Cada vez que tenía tiempo lo llevaba a algún parque o algo para divertirlo, después de todo mi pobre hermanito no tenía culpa del padre y la madre que se gastaba. Pet había accedido a acompañarnos, ya que yo no tenía auto y el parque al que quería llevar a Sammy quedaba un poco lejos de casa. — Cuando mis padres murieron— toma una pequeña pausa para saborear su helado—, mi custodia fue dada a mi familiar más cercano y solo tenía una tía, Taylor era su amante de algunas noches, ella era… era una completa loca, bebía, fumaba y solo se dedicaba a follar y mantener sus vicios— la nostalgia surca sus ojos, por un momento me sentir mal por hacerlo recordar su pasado, era notorio que le dolía hablar de ello, es que a pesar de solo tener veintidós años Pet había pasado por mucho— un día solo desapareció dejándome solo en casa, no tenía dinero, comida, absolutamente nada… — Oye Pet, no es necesario … — Calla— me corta— es mi momentos y no puedes opacarme— intento tomar su tomo relajado nueva vez—. Al ella desaparecer terminé en la calle, comiendo de los basureros…— fija su mirada en su helado — Taylor me encontró y me llevo con él, lo demás es historia— asentí. No quería saber más, o quizás si pero creo que mi amigo no estaba de ánimos para tener ese tipo de conversación, por mucho que se esforzara en demostrar lo contrario. — A pesar de su carácter de mierda es un buen tipo— ambos nos reímos tras mi comentario. — ¿ Qué hay de ti?, es decir se que eres la hija de su mejor amigo y eso, pero como llegaste a él y aprendiste a manejar a tan temprana edad. Suspiro, bueno no podía pretender que el me contara su vida y yo dejar la mía en el anonimato. — mi papá tenía un taller— inicio y mi garganta arde levemente al recordar esto—, todos los días me iba con él, mamá discutía por ello la mayoría de las veces — sonrío con nostalgia al recordar esa versión de mi madre— solía decir que papá me convertiría en un chico al tenerme todo el tiempo metida en un taller, los autos siempre han sido mi debilidad, jugaba en ellos mientras que papá los arreglaba, a los siete intenté encender uno a mi padre casi le da un infarto al verme— ríe al escucharme— me dijo que no volviera a intentarlo entonces le dije que si no me enseñaba aprendería a mi modo— suspiro — creo que vio la decisión en mis ojos así que a escondidas de mamá me enseño a conducir— una lagrima traicionera rodó por mi mejilla, la limpio rápidamente — para mi cumple años número once, Taylor fue a casa, papá me había permitido dar una vuelta en su coche por mi cumple a escondidas , Tay, vio el auto y pensó que era el, cuando me vio su quijada calló al suelo, para él era una especie de conejilllo de indias así que se propuso enseñarme todo lo que sabía — sus ojos se abren como platos — Él me enseñó a correr, en un principio papá se negó rotundamente pero al final accedió, dos años después papá falleció. — ¿ Porqué lo buscaste a él cuando las cosas se pusieron feas?— interrogó. — Él... él es importante para mí, creo que la única persona después de mi padre en quien confiaba a ojos cerrados— sorbo mi nariz, no me había fijado en que estaba llorando hasta ese momento— cuando el cerdo de Jorsh me amenazo con hacerle daño a Sammy sino le daba dinero no supe que hacer— Pet me observa en silencio esperando a que continúe—, solo tenía dieciséis años, mi madre se había convertido en el estropajo de ese tipo y tanto Samuel como yo estábamos solos en esto… así que busqué entre las cosas que conservaba de papá y encontré su número, por suerte aún lo usaba— tomo un poco de helado para intentar apartar la molestia en mi garganta, sin embargo, no tiene mucho efecto.— Taylor quería denunciarlo, incluso matarlo pero mis súplicas lo controlaron, Samuel estaba de por medio, así que después de horas maldiciendo hizo la jodida pregunta que cambió todo, me miro directamente a los ojos y preguntó… ¿ Aun recuerdas cómo se conduce?. Peter me observa con una mezcla de sorpresa, curiosidad y cierto ápice de ¿ admiración?, no obstante, no emite comentario alguno, me permite recomponerme unos segundos entonces continúo. — No eres más que una niña, no sé en que estaba pensando, dijo Taylor — río al recordar sus palabras — pero he visto niñas parecer mujeres con la ropa y el maquillaje adecuado. Me llevó de compras, y luego con una de sus folla-amiga, Ella creó a Snake, me maquilló, puso tacones y peluca, cuando me mire al espejo parecía una chica de veinte años, para mi suerte siempre he sido de cuerpo voluptuoso y eso me ayudo, ya para ese entonces mi madre había vendido el auto de papá pero Taylor lo recuperó y módifico, dos semanas después me llevo a la jungla, corrí y gané... me dedicó unos meses más y después se despidió de mí alegando que estaría bien, recuerdo que me dijo... " eres mi guerrera, te quiero niña pero yo no soy de permanecer mucho en un mismo lugar, no puedo". De lo demás ya eres partícipe… Asintió en respuesta — Ahí fue cuando decidió llamarme y dejarte a mi cargo — susurró —. Casi un año y no ha vuelto a aparecer, ¿ crees que este bien?. — De no estarlo ya lo sabríamos — me encogí de hombros— además sigue retirando el dinero que le depositamos por el arriendo del taller. Él no dejaría que nadie toque lo que es suyo. — ¿ Y Snake?— lo miro sin entender — ¿ cómo creaste, sin ofender, a esa perra tan cínica?. Una enorme carcajada brota de mi garganta, Pet se me une— Creí que te gustaba, Snake— mascullo entre risas. — Me fascina— confesó un poco más recompuesto, su mirada se posó sobre mi rostro y por un instante sentí que me observo más de lo necesario — pero ustedes son como aceite y agua, es decir, solo mírate... tú eres… — Fea— completo lo que a mi entender era su frase final, Maya la fea. — No— declara con seguridad— inocente, tierna— sus manos acarician mi rostro— todo en ti es bondad, en cambio ella es... cínica, arrogante y muy maldita. — Ella es mi gran creación — confieso sintiéndome extrañamente bien tras sus palabras — después de mi primera carrera entendí dos cosas, la primera: debía hacerme un tatuaje— ambos reímos — la segunda: Snake debía de ser todo lo contrario a Maya si deseaba permanecer y ganar. Así que eso hice, en todo momento hago todo lo contrario a lo que Maya haría. — Prefiero a Maya— confesó después de unos segundos de silencio, sonreí con ternura y con sentimiento inexplicable en el pecho, porque la verdad se sentía muy bien que alguien apreciara a Maya, a la verdadera Maya por lo que era. *** — Ni para una buena mamada sirves— mis ojos se abren como platos al escuchar eso. Sammy sostiene mi mano, Peter aún no se ha marchado esperando a que entremos, tomo a mi hermanito y me devuelvo rumbo al auto de Pet otra vez. — Vuelvo en seguida — Peter me pregunta con la mirada que sucede, le señalo hacia dentro. Giro sobre mis talones en dirección a la casa, solo buscaré algo de ropa para ambos, no es necesario ser un genio para saber que las cosas están descontroladas ahí dentro. Entro en silencio, no veo al por ningún lado, aún así no me fío, mi vista se posa en la mujer que yace sobre el sofá de la sala, maldigo al verla, está desnuda de la cintura hacia abajo me acerco para taparla. — ¡ Dios!— lágrimas de impotencia descienden por mis ojos al verla en ese estado, su mirada está fija en la pared, es más que obvio que está ebria hasta la médula— ¿ Qué estás haciendo, mamá?. Retiró el abrigo que llevo puesto y lo coloco sobre sus piernas para intentar ocultar un poco su desnudez, está tan absuelta en su mundo que ni se molesta en decir nada, hace mucho tiempo que dejo de intentar argumentar lo imposible. Subo rápidamente a la habitación de Samuel, busco su mochila, introduzco algo de ropa y me dispongo a salir, bajo casi corriendo las escaleras, piso el último peldaño y siento un dolor profundo en mi cuero cabelludo. — ¿ A dónde crees que vas?— mi estómago se revuelve al sentir su asqueroso aliento rozar mi cuello, el edor alcohol está impregnado en él. — Déjame en paz maldito— intento zafarme de su agarre pero lo afianza más obteniendo un grito de dolor de mi parte. — Podemos divertirnos mucho, no me van las feas pero contigo puedo hacer una excepción — sin darle tiempo a decir nada más, estampo mi codo en su estómago, el golpe lo disloca lo que provoca que caiga hacia atrás, está más que borracho el maldito. — Ni en tu mejor sueño, maldito cerdo —corro hacia la salida dejándolo tendido en las escaleras, con la borrachera más el nivel de drogado que está seguro y se queda tendido ahí. No me detengo a comprobar cómo quedó y salgo huyendo de ahí. Subo rápidamente al auto, Peter no espera que diga nada solo tomar asiento y arranca. Su mano se posa sobre la mía y me da un apretujón, lo miro de soslayo agradeciéndole con la mirada. No hace falta decir nada, él se imagina lo que sucedió porque no es la primera vez que nos ayuda, por lo mismo nos esperaba afuera hasta que yo le confirmara que podía irse, ¡ Dios hasta donde hemos llegado!. Acomodo a Samuel sobre la cama, antes de haber llegado ya estaba rendido del sueño, arropo su cuerpecito y camino rumbo a la improvisada sala. La casa es bastante pequeña, en la cochera funciona el garaje, tiene dos habitaciones, una pequeña sala y la cocina, entre los dos nos distribuimos la Renta. — Te ves cansada — susurra tendiéndome una cerveza pienso en declinarla pero necesito algo para aliviar toda la tensión acumulada. — No puedo más — le doy un sorbo a la cerveza. — En unos días cumplirás la mayoría de edad, después de eso todo será más simple— asiento intentando convencerme de sus palabras. — He estado pensando — me observa atento a cada palabra — en cuanto termine el instituto me largaré junto a Samuel, necesito ahorrar todo lo posible. — Sabes que para eso debes correr mas— asiento. — Necesito que cuadres con Taylor, inscribeme en todas las que puedas— me reprueba con la mirada. — Maya... — Se que piensas que no debo esforzarme tanto pero ya lo he decidido, necesito el dinero, ¿ estás adentro o debo buscar a alguien más?. — Sabes perfectamente donde estoy.
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