Residencia Van Doren. Habitación de Invitados. 2:30 AM.
La Gala había terminado en un caos de flashes y susurros malintencionados. Aunque los Moretti habían mantenido la frente en alto, el golpe de Valeria había sido certero. Enzo se había quedado en la biblioteca con Harrison y Giorgio, enfrentando el interrogatorio de los patriarcas, pero Mila... Mila se había negado a soltar el vestido dorado de Cassie.
Ahora, en la penumbra de la habitación, el lujo del Hotel Plaza parecía un sueño lejano y amargo. Cassie se había quitado los tacones y se había desabrochado el corsé del vestido de seda, pero seguía sentada en el borde de la cama, meciendo a una Mila que se negaba a quitarse la corona, aunque la tuviera torcida sobre sus rizos despeinados.
De repente, el silencio se rompió. No fue un grito, sino un hipo pequeño, seguido de un sollozo que parecía salir de lo más profundo de los pulmones de la niña.
—Mami-Cassie... —la voz de Mila sonó rota, despojada de toda su altanería de princesa.
—Dime, mi vida —susurró Cassie, besando la sien de la pequeña.
—¿Yo soy un error? —Mila levantó la vista. Sus ojos azules, antes brillantes de orgullo, ahora estaban inyectados en sangre y nublados por las lágrimas—. La estrella fea dijo que yo soy una "bastarda". Sé que es una palabra mala porque el abuelo Giorgio puso cara de susto cuando la escuchó. Significa que nadie me quería, ¿verdad? Que yo nací porque ella quería hacerle daño a Papi.
Cassie sintió un nudo en la garganta que casi no la dejaba respirar. Tomó las manitas de Mila entre las suyas. Estaban heladas.
—Escúchame bien, Mila Moretti. Las palabras de las personas malas son como basura que el viento se lleva. Tú no eres un error. Eres el acierto más grande de la vida de Enzo. Él te eligió. ¿Sabes lo difícil que es que alguien te elija entre millones de niños y diga: "Esta es la que yo quiero"? Eso es mucho más importante que la sangre.
—Pero... ¿quién es el otro señor? —Mila empezó a llorar con fuerza, escondiendo la cara en el busto de Cassie, mojando la seda dorada con sus lágrimas—. Si Papi no es mi papi de sangre... ¿quién soy yo? ¿Soy una niña de nadie? ¿Por eso ella me dejó? ¿Porque yo no me parecía a Papi?
Mila se desahogó de una manera devastadora. Sus manos pequeñas golpeaban suavemente el colchón mientras su cuerpo temblaba por el esfuerzo de llorar. Era el colapso de una niña que había intentado ser un adulto para salvar a su familia.
—Ella dijo que yo era "sobras" —sollozó Mila—. Cassie, me duele aquí adentro... como si me hubieran apretado el corazón con un guante de hierro. ¡Quiero que se detenga el dolor! ¡Quiero ser una niña normal que no tiene secretos feos en la televisión!
Cassie la estrechó contra ella, dejando que Mila mojara su piel, dejando que su dolor se transfiriera a sus propios hombros. Cassie recordaba ese sentimiento. El sentimiento de no encajar, de ser "demasiado" o "insuficiente".
—Llora, pequeña. Llora todo lo que necesites —decía Cassie, meciéndola—. No tienes que ser valiente conmigo. Aquí no hay cámaras, ni abuelos, ni empresas. Aquí solo estamos tú y yo. Y yo te prometo, por mi madre que está en el cielo, que nadie va a quitarte tu nombre. Eres una Moretti porque tienes el fuego de los Moretti. Y eres una Van Doren porque tienes mi terquedad.
—¿De verdad soy una Van Doren? —preguntó Mila, hipando, mirándola con esperanza.
—Si tú quieres, lo eres. Mi papá Harrison ya te mira como si fueras su dueña —Cassie sonrió con tristeza—. La sangre es solo agua, Mila. Lo que importa es quién te sostiene la mano cuando tienes miedo. ¿Quién te la está sosteniendo ahora?
—Tú —susurró Mila, apretando los dedos de Cassie—. Y Papi.
—Entonces eso es lo único que es real.
Mila se quedó callada un largo rato, con la respiración entrecortada. Se quitó la corona de diamantes con un gesto brusco y la lanzó al suelo. El objeto carísimo rodó por la alfombra como un juguete olvidado.
—No quiero ser una princesa hoy, Cassie —dijo Mila, frotándose los ojos—. Quiero ser solo Mila. Una niña que tiene sueño y que quiere que le cuentes un cuento donde no haya estrellas mentirosas. Cuéntame de cuando tú eras pequeña y te sentías solita.
Cassie le contó sobre sus días de soledad, sobre cómo se escondía en la cocina para comer pasteles porque sentía que el azúcar le daba los abrazos que su padre no tenía tiempo de darle. Le contó cómo aprendió que su cuerpo no era su enemigo, sino su fortaleza. Mila escuchaba con los ojos entreabiertos, encontrando consuelo en las heridas de la mujer que admiraba.
Finalmente, la niña se quedó dormida, agotada por la tormenta emocional.
En el piso de abajo. 3:15 AM.
Enzo entró en la habitación de invitados, arrastrando los pies. Su esmoquin estaba desordenado y su rostro reflejaba una derrota absoluta. Vio a Cassie sentada en la cama, todavía con el vestido dorado, vigilando el sueño de Mila.
—Se durmió hace poco —susurró Cassie, haciendo una señal para que no hiciera ruido.
Enzo se acercó y se sentó en el suelo, al lado de la cama, apoyando la cabeza en las rodillas de Cassie. Ella, sin pensarlo, empezó a acariciar su cabello.
—Mi padre quiere una prueba de paternidad privada, Cassie —dijo Enzo con la voz ronca—. No porque no la quiera, sino porque dice que si vamos a la guerra legal contra Valeria, necesitamos saber a qué nos enfrentamos. Pero yo no puedo... no puedo mirarla a los ojos y sacarle sangre para probar algo que mi corazón ya sabe.
—Tienes que hacerlo, Enzo —dijo Cassie con firmeza—. No por tu padre, sino por ella. Mila necesita saber que, incluso con la prueba en la mano, nada va a cambiar. Valeria usó la duda como un arma. La única forma de desarmarla es con la verdad absoluta.
Enzo levantó la vista. Sus ojos estaban llenos de lágrimas. —Ella me preguntó si yo lo sabía. Y le mentí. Le dije que Valeria mentía. Pero la verdad es que... siempre tuve la sospecha. Y me dio tanto miedo perderla que enterré esa sospecha bajo montañas de juguetes y lujos. Soy un cobarde, Cassie.
—No eres un cobarde. Eres un padre que tuvo miedo de perder a su hija —Cassie le tomó el rostro—. Pero Mila es más fuerte de lo que crees. Hoy ella te defendió a ti. Ahora te toca a ti defender su identidad, cueste lo que cueste.
En ese momento, Harrison entró en la habitación con un sobre en la mano y una expresión sombría.
—Enzo, tenemos un problema mayor —dijo Harrison en voz baja—. El abogado de Valeria acaba de filtrar a la prensa que Mila no es una Moretti. Mañana, las acciones de la empresa van a caer y el consejo de administración va a pedir una auditoría sobre la sucesión.
Enzo se puso de pie, su instinto de negocios despertando entre el dolor. —¿Y qué sugiere mi "socio" y futuro suegro?
Harrison miró a Mila dormida y luego a su hija.
—Sugiero que dejen de jugar a los novios de oficina. Si quieren proteger a esa niña y mantener el imperio unido, necesitan un vínculo legal que nadie pueda romper. Necesitan un matrimonio. No mañana, ni en un mes. Ahora. Una boda civil privada, antes de que el sol salga y los tiburones empiecen a morder.
Cassie se quedó helada. ¿Casarse con Enzo? ¿En medio de este desastre? ¿Por conveniencia?
—Es la única forma de que Cassie tenga derechos legales sobre Mila si a ti te pasa algo o si el juez decide que tú no eres el padre biológico —continuó Harrison—. Como madrastra legal y esposa del CEO, ella tiene voz. Como "amiga de la familia", no es nada ante la ley.
Mila se removió en sueños y murmuró algo ininteligible. Cassie la miró. Sabía que si aceptaba, su vida cambiaría para siempre. Ya no habría marcha atrás. Sería la esposa de Enzo Moretti, el hombre que la dejó hace cinco años, y la madre oficial de una niña que era el blanco de todo Nueva York.
—¿Cassie? —Enzo la miró, esperando su respuesta. No era una propuesta romántica, era una propuesta de guerra.
Cassie se puso de pie, alisando su vestido dorado manchado de lágrimas.
—Llamen al juez. Si es lo que Mila necesita para estar a salvo, lo haré. Pero que quede claro, Enzo... esto es por ella.
La novela iba lenta, sí. Pero en esa madrugada, en una habitación de invitados y con el corazón roto de una niña como testigo silencioso, se estaba gestando el contrato más peligroso y sagrado de la historia de los Moretti-Van Doren.