No tuve más remedio que agarrar el pote de alcohol y comenzar a frotar cada una de las hojas invadidas por el maldito cotoncito n***o que dejaban las cochinillas diaspinas. Fue tan minucioso el trabajo que apenas me di cuenta de las cinco horas que pasaron. No bebí, no comí, solo me limite a curar y truncar la flagelación de mis pequeños amigos.
Prepare un café, que termino mas fuerte de lo que esperaba, pero sin resistencia agarre la taza, y sentado observando cada uno de los bonsái, bebí lentamente. Luego como automático, me levante y fui hasta el auto. Bote más de una lata de refresco, alguna otra de cerveza que quedaban vagando en los respectivos asientos y salí rumbo al centro de la ciudad.
Encendí un cigarro que acompañe escuchando a Oasis. Me distraje haciendo un perfecto video clip, entre la interminable cola, el humo, la música, y las vallas publicitarias. También me llamo la atención el echo que un ciclista sin camisa tuviese escrito en toda la espalda: “Púdrete Liza”. Preguntándome que le habrá hecho Liza, le vi perderse entre el tren de autos que avanzaban lentamente.
El camino se me hizo más largo que de costumbre, pero por fin llegue al lugar donde primeramente compraría unas bolsas de tierra y unas fumigaciones, además dos macetas para hacer trasplantes. Al salir buscaría el periódico. Algo rutinario en mi vida, y así fue. Metí todo en el auto, abrí la puerta para marcharme y hacer otras compras, cuando de pronto, con la mano en la llave para encender, se asoma a la ventana un rostro de mujer. Que, pese a tener dos ranuras de alcancía como ojos y una mirada cansada y algo perdida, portaba unos labios gruesos simpáticos muy bien detallados.
Era de cabello indio, muy liso y n***o como la propia noche, que al inclinarse para mirarme con claridad dentro del auto, le chorreo toda la cara, muestra que la convirtió en una mujer mas bella aun para mi. Luego se lo aparto de los ojos y sonrió.
— ¡Hola…! Disculpa que te moleste— dijo, con mi sonrisa transmití un: “No te preocupes”. — Comentaba la señora de la tienda que tú cultivas bonsái y los vendes. ¿Es eso cierto?
—Si señorita, hasta ahora es mi única fuente de trabajo, para servirle—Conteste.
—Precisamente quería pedirle uno, y que me de un presupuesto, porque la verdad no ando muy bien en cuanto a economía. — rio con esto último.
—Bueno en eso estamos todos, creo que es algo así como una moda no tener dinero—Reímos al mismo tiempo— Aquí tienes mi tarjeta y puedes llamar cuando quieras. Yo te daré un buen precio. Además debes ir a verlos porque hay muchas formas de bonsái como, sombrilla, la llorona, sinuosa, forma de cascada. En realidad es un sin fin de modelos por así decirlo—Acepto mi tarjeta, dándome su nombre, por cierto algo raro, Lakshmi.
— Es de origen sanscrito y significa “Un presagio afortunado” —aclaro de inmediato
— ¿Y que es sanscrito? — me sentí tonto preguntando esto.
— ¿No tienes un diccionario en casa?— rio y mostraba un tren de dientes blancos y coquetos que fueron apagados por su hermosa cabellera que como manantial de azabaches se desparramaba sin control.
Se retiró bruscamente dejándome con la duda y muchas ganas de mirar aquel esbelto cuerpo a través del retrovisor alejándose poco a poco. De hecho saque la cabeza por la ventanilla y la seguí inspeccionando. Aquel cabello n***o sometido a la brisa y nalgas simétricas obedientes a un ajustado jean .Sin dudas, la clienta más extraña y bonita que había tenido en mucho tiempo.
Continué este día, yendo a casa de Gabriel. Un amigo francés radicado en la Habana, que entre su mal castellano, me daba las quejas del calor caribeño. Además de contarme que al cambio le estafaron unos Euros, y que ayer junto a su negrita, había agarrado una de las borracheras más elocuentes y voraz de su cuarentona vida. Así, le deje un bonsái, de forma “Acariciando la roca”, de los que más difícil me resulta trabajar.
Decidí hacer un corto y básico mercado, para retirarme a casa. Allí me acosté en el sofá poniendo los pies bien en alto. Abriendo una botella de cerveza, prendí la tele. Luego de un rato, chillo el teléfono el cual me hizo dar un brinco. Hable con algún que otro cliente, y una ex. Después quede dormido viendo un juego de béisbol, sueño que quedo truncado al sonar nuevamente escandaloso teléfono y hacerme nuevamente dar un brinco.
Fui sorprendido, cuando la chica de caderas bonitas saludo, y me dio gracia la forma en que contesto el como estas “Aquí, tratando de no deberle una vela a cada santo”.
No hablamos mucho, puesto que cortante me pido la dirección exacta del lugar. Se la di y no habían pasado treinta minutos cuando el timbre de la puerta avisaba de su presencia. Esta vez se apareció con un short que le quedaba “Tostones con carne frita”. El cabello mucho más recogido, creo que menos de lo que mi gusto podría aceptar en ella. Acompañándole, una colonia que me hizo pensar en el aroma que debe dejar el aleteo de un ángel en el cielo.
Enseguida la lleve al jardín y le mostré el lugar donde tenia los bonsái. La chica, modestia aparte, quedó fascinada, pero note como trato de disimular su sentimiento, casi reprimiéndolos. Observo lentamente cada uno haciendo un alto en algunos que le llamaban más la atención que otros. Por ejemplo en el de “Tronco múltiple” señaló: “Al que quieras convencer con tus ideas dale el ejemplo vivo de tus acciones”, como dijo Pastorino.
Siguió deleitándose y finalmente se detuvo en el bonsái con forma de sombrilla. Suspiro y sin pensarlo declaro que ese era el que quería. Se lo prepare y luego antes de irse, volteo y beso mi mejilla.
—Sabes—Dijo con ademán algo nostálgico— pronto me caso, y no se, pero me caes bien. ¿Te gustaría ir a mi boda como un invitado muy especial?
Realmente me sorprendía lo que escuchaba. Incluso ,pensé que se trataba de algún tipo de broma .Analice en centésimas de segundos todo el panorama, y llegue a la conclusión que no había ningún tipo de lógica por la cual ella bromeara con esto, y acepte.
Comento, así por arribita, todos los preparativos, y hasta de que color serian las rosas y las flores que armonizarían el evento. Sin darle tanta importancia al asunto, sentí alguna curiosidad por que llegara el momento para ir. Hasta le preste a la chica unas tijeras para cortar los tallos a las flores según su antojo a la hora de decorar.
—Por fin ¿qué es sanscrito?— Pregunte en el marco de la puerta y ella en la acera.
— ¿Y el diccionario?— contesto mirándome radiante y sonriente— te voy a regalar uno, perezoso. Es una lengua indoeuropea. Aparece en los textos antiguos y sagrados de la India, eso significa.
Continué con el ritmo habitual de mi vida. Pode las raíces de tres de mis bonsái. Trote en el mismo lugar encima de un pedazo de alfombra verde que tenia en el patio durante veinte minutos. Saque la basura y luego de darme un tibio baño con una cubeta, termine de leer por fin el grueso libro sobre las cruzadas que mi amigo francés me había prestado hacía ya medio año. Lo eche a un lado y quede rendido.
Los Bonsái iban de viento en popa, cada día que pasaba los veía más bonitos, algo así como un padre disfruta la hermosa metamorfosis de sus hijos, ellos eran mi único orgullo. Mirándolos comprendía a Pascal de cómo nuestra naturaleza es constante movimiento y cualquier tipo de reposo seria la muerte. El cuidarlos y dedicarme a ellos ayudando a su existencia brillar, me otorgaba gramos de vida.
Aquella fecha del casamiento de la chica había llegado por fin. Tuve dudas de que hasta se acordara de mí, pero justo un día antes tuvo la amabilidad de llamar.
Esa mañana de sábado me di otro baño tibio pero esta vez con dos cubetas. Salí muy bien arreglado y perfumado. La cita seria puntual dos de la tarde en su casa a las afuera de la ciudad. Antes, envolví — con papel de regalo reciclable, asi se vive en una isla socialista— una botella de vino que mi amigo francés me había regalado luego de haberla traído de su país para celebrar algo con su mulata cubana y resulto en una pelea, producto de esto fue el abandono a mis manos de tan distinguida bebida. Continué camino hasta llegar al portón de una inmensa residencia, que portaba un cartel en la misma entrada con un relato c***o que me puse a leer regalo en mano:
“Había un hombre que estaba en el infierno, a punto de ser reencarnado, y dijo al rey de la reencarnación: ¿Y cuáles son? — Pregunto el rey— Y el rey de la reencarnación respondió: Si en la tierra pudiese haber una suerte asi, pues me reencarnaría yo y no lo dejaría para ti “.
Sonreí ante lo leído, los chinos y sus cosas. Del otro lado del portón sentí ruido, como arrastrando un cubo o algún tipo de cajón, al instante se asomo por la ventanilla del portón la carita simpática de una niña morenita.
— ¡Si te esperas un ratito te abro! — dijo con un tono más gracioso que su cara. Se volteó y grito— ¡Pirata…! Siempre quiere ver quien es primero que yo. ¡Hazte a un lado!
Inmediatamente se oyeron tres ladridos gruesos que me hizo retroceder dos pasos. Unos quince segundos después, el rugir del cierre algo falta de grasa que se abría para mostrarme la silueta pitufa de la niña invitándome a entrar. Pirata, me imagine por los ladridos, que era más grande, pero las apariencias sonoras si engañan en ocasiones, y allí me acompañaban los dos caminando por un sendero algo descuidado, no sin antes uno, ir olfateando mis pies y la otra dándome quejas de las travesuras del canino.
Era una casa antigua, bonita y amplia. En el centro del patio había un naranjo florecido que daba un aroma mucho más agradable. Delataba la tranquilidad existente, que si habría boda, seria en la más mínima discreción. La niña se adelantó para patear un saltamontes, cosa que el insecto no le dio tiempo hacer. Luego, derrotada en su intento, regreso a mi lado y continúo en su labor de guía.
Llegamos a un patio donde había un taburete en el medio, y sentada de espalda a nosotros, estaba la novia con vestido y todo perdiendo su mirada en el piso. En sus manos tenía una rosa con la cual recorría parte de la silla.
… Bebo el aire, escucho el silencio,
Tengo miedo de los pájaros tristes que se posan en los tejados mojados…
Desconfió de palomas navegando en las miradas…
Recito mirándome con una acaramelada sonrisa. La niña jalo de mi camisa para ponerme a su altura y exponerme un secreto al oído.
—No le hagas mucho caso. Ella está un poquito loca.
Se levanto de su poético taburete y se acercó con mucha distinción. Estiro con estilo su mano y me dio la bienvenida .Pese a tener la misma impresión de la niña sobre ella, no negare lo hermosa que estaba, y llamaba mucho la atención la armonía que existía entre el color blanco de su traje y el n***o existente en su pelo y ojos, era algo pasmoso. La niña salió corriendo con el perro y se intrinco en unos árboles que estaban en el fondo, no sin antes reñir con las mañas del canino.
No sabía que hacer o que decir ante la dama que me miraba algunas veces seria y otra jovial, llego el momento en que me sentí incómodo y paso por mi cabeza las ganas de hacer como el correcaminos: “bic bic” y partir de todo esto. Cuando afirme el regalo para entregárselo, sentí como un empujón me hacia preso en complicidad de la pared y esos labios hermosos e intrépidos que tanto llamaban mi atención, transitaban los míos sin algún tipo de autorización.
La sorpresa me llevo a no tener ningún tipo de reacción, solo la sujetaba por la cadera hasta que fui relajándome poco a poco e incorporarme en la competencia. Ese deseo que tenía, no muy oculto, en un archivo de mi cerebro por su belleza extraña, me llevo a embaular esos labios y a su ves a un grado de creatividad que incendió el momento completamente.
Allí quedamos sin que nadie, a no ser la brisa, nos contemplara en la escena. Me sentí bien, y más que eso, el hombre más afortunado, sexy y macho re macho del mundo. Comprendí el sentido de todos los amantes, los besos de Carlos VI a la reina María Luisa. Del Zar Pablo a Catalina de Rusia, de Luís XV a madame Dubarry, y hasta la locura del rey Jorge III de Inglaterra. Todo un mar de sensaciones asumí en esa fusión especial de epidermis.
Luego de tocar el cielo con la punta de mis dedos, ella dio un paso atrás y se sonrió con picardía, entre tanto quede con los ojos semi cerrados y los labios en la misma posición—besando fantasma— en la que lo dejaron los suyos .Acomodo y plancho su vestido con las manos para luego sentarse.
—Príncipe del Bonsái. —comento dentro de un suspiro corto, en invitándome a sentar cerca de ella— En el centro de África existía una pareja de leones que tenían la fama de ser los mas despiadados y tercos carnívoros de todo el continente, demás esta decir lo ágil y fuerte de estos animales. Pero, como siempre hay un pero en la vida, tenían un mes detrás de la cebra más jugosas y reluciente de toda África. Una Greby de 440 Kg y 8 años de edad, la cual no habían podido atrapar por la agilidad e inteligencia que poseía el animal. Los felinos no querían otro goce que el tener a esa rayada con las vísceras afueras y se las ingeniaban con muchas estrategias para atraparla. Un día cerca del rió Tana, uno de los leones vio al hermoso animal bebiendo agua fresca y se escabullo. Trato de avisar al otro fiero cazador, pero no pudo puesto que espantaría su tan preciada presa. Fue lentamente acercándose. Cuerpo alargado ras de la tierra, orejas dirigidas a la respiración del animal, pupilas dilatadas y toda la furia de un verdadero león. Cuando estaba más cerca, el rayado animal sospecho algo. Paro las orejas, detuvo su hidratación y miro a su alrededor, el león inteligente comenzó a imitar otra cebra con su voz tratando de relajar al ya alarmado Equus. Continúo con su imitación hasta ya convencer a su victima, que eso que sintió no era más que otro colega herbívoro. Cuando de la nada salio el otro león, cegado de furia y confundido por el sonido de una cebra. Creyendo haberla atrapado, partió, con sus largos colmillos, el cuello de su pareja de cacerías, al darse cuenta de la confusión ya era tarde. Un fracaso más y la más absoluta soledad en las cacerías siguientes. Moraleja, nunca seas lo que no eres...
La chica se levantó e inmediatamente apareció Pirata, que una vez más había dejado a la niña atrás. Beso mis manos la dueña de esos labios anecdóticos con ese toque de despedida tan elocuente. La infanta que miraba callada, moviendo las manos en un aplauso delante y otro detrás, al mismo estilo de cómo entre, me tomo del brazo para conducirme hasta la puerta .Allí hizo que inclinara la cabeza para darle a mi cachete un simpático besito.
Salí en la búsqueda de mi auto, y no pare de reír por todo el camino de la tanta locura (aunque unas muy sabrosas) que viví en tan poco tiempo .Entre a mi carro y quede con la cabeza recostada al volante mientras reía. Desde el, pude notar la llegada de un auto frente al portón oxidado. Se bajó un hombre joven de chaqueta negra, que luego de pagar tuvo que gritarle al taxi para que se detuviera y le entregara un ramo de rosas que se le quedaba en los asientos de atrás.
Yo no me encuentro a mí mismo donde me busco. Me encuentro por sorpresa cuando menos lo espero.
Barón De Montesquieu
Yuri