CIERZO

2426 Words
                                                          La única  vez que me encontré personas sin problemas, fue cuando estaba paseando por un cementerio...                                                                                                                                                                                                                              VINCENT  PEALE                               “Obsesionado en dejar que mis labios volasen libres por el mundo, descubrí que estaban presos en tu piel...dime mujer, ¿Cómo puedo hacer para desangrar los deseos y hacerlos morir, para que desde el cielo te persigan eternamente?”                  Así terminaba Jeremías la última carta del día. Recibió su pago y se deleito de cómo el cliente iba satisfecho y oriundo leyendo por la acera todo el trabajo hecho .Tomo el bolso, luego la bicicleta y salio disparado, como todas la tardes, rumbo a la casa de su adorada y bella Daniela .Allí, entre sus brazos e intercalando besos, daba el glosado reporte de cómo le había ido en la universidad. Formando una falacia, no siendo todo más que una densa lluvia sobre la semilla, haciendo florecer en los ojos de la chica una admiración incontrolable.                    La pequeña realidad de todo cabía en la agenda marrón que acompañaba a Jeremías, dentro de la cual no dejaban de existir clientes en búsqueda de una epístola que le devolviese o reafirmara, algún que otro atarantado amor. Que si un despechado, una mujer engañada, o primos enamorados, entre otros, exigían laboriosidad inmediata al joven.                Él no era estudiante universitario, simplemente un instrumento para tejer sueños e ilusiones en una época en donde la decadencia transida de los sentimientos convierte al amor en un abatanado espejismo en la Habana de 1985.              Jeremías, se levantó temprano como siempre y partió rumbo a su local de trabajo, la playa. Allí inspirado por la brisa y el fantástico ir y venir de las olas, saco papel, lápiz y comenzó a trabajar, haciendo entre otras cosas la carta a una futura esposa a la que el prometido nunca había visto mas que por fotos. Después  hizo una bella confirmación del amartelamiento de un abuelo por su querida  viejita. En la tarde   de ese día  escribió para una perrita cumpleañera de parte de su dueña con lágrimas incluidas y todo. Finalizando la tarea de hoy , trabajaría en el encargo de una bella y despampanante sirena de  diecinueve años, que le pidió  una férvida, amorosa y extensa misiva, que le regalaría a su querido y apuesto esposito de setenta años, conmemorando su primer mes de casados. El joven sudo frio y se exprimió hasta la ultima gota de neurona, tratando  de ayudar a la bella chica. Esta le pago bien cuando lo busco, allí mismo en la playa, para retirar el trabajo terminado y se marchó con un caminar muy rosado, no sin antes digerir con la mirada el cuerpo esbelto del salvavidas que caminaba por la arena rumbo a Jeremías.         --¡Te aseguro que no se ni su teléfono y mucho menos su dirección! —Dijo el joven escriba estrechando la mano del recién llegado que no dudo en reír.                     El fornido chico, acostumbrado a verle en su mundo de románticas misivas día tras día bajo la sombra del mismo cocotero, poniéndole una mano en el hombro, pregunto si podía escribir para él una carta diaria, toda una semana, para acabar de conquistar el amor de una chica que había conocido en el mercado. Confeso que le tenia el corazón tarareando mega himnos de amor. Así, sin problemas Jeremías acepto, y para la agenda de mañana  anoto este conversionante  trabajo por sobre todas las cosas.             Esa noche estuvo hasta tarde en el cuarto de Daniela. Sentado en la luna tejió con la punta de dos estrellas, un manto para cobijarla entre las nubes, y lentamente sabanas blancas fueron las banderas de un inmenso deseo entre los jovenzuelos. Al otro día, el chico  comenzó con lo paneado de ayudar a conseguir, mediante sus  palabras, un buen arquero de cupido que entregase  en los brazos del salvavidas, a la bella chica que conoció, y así fue.            Cuando ya iba por el quinto día de misivas, una tarde llego empapado en locura el fornido chico corriendo donde su laborioso artista. Con las manos a la cabeza y una fluida sonrisa carmesí de oreja a oreja hasta bailo delante de él. Le contó que ya la chica mordió el anzuelo, aceptando en ir a pasear mañana todo el día hasta la tarde, y  que el raudal que desbordo el rió fue, luego de pasar con su letra en la noche  la cuarta y maravillosas misiva, le regalo un ramo de rosas en forma de corazón, que la dejo echando chispas en la cornea.              --¡Amigo!, como escribió Joubert: “El genio comienza las obras grandes, mas solo el trabajo las termina”. – Le dijo a Jeremías poniendo una mano sobre su hombro y con la otra recibiendo la misiva del día.               Ambos se fueron del lugar, solo que Jeremías se desvió y fue directo a donde su áurica Daniela. El salvavidas, a recabar firmemente en su ávida conquista. Así pasaron los días , el joven alborozado, entusiasta, y dispuesto transcriptor de sentimientos, tuvo más trabajo que nunca.          Entre los casos llamativos estaba el de una chica de catorce años enamorada ciegamente del profesor de educación física, quince años mayor. El chico se negó en ayudarla, lo que provoco que en un ataque de histeria, la chica corriese rumbo al mar gritando que se ahogaría. Cediendo ante el chantaje, acepto en escribir para la coercitiva niña una alcahueta nota, que ni siquiera cobro.          Siguiente a esto, apareció un chico homosexual, el cual necesitaba aclarar mediante una extensa carta, unas cuantas declaraciones turbias que había hecho de su persona el ser que mas amaba. Le confeso además, con lagrimas en los ojos, que sospechaba de su romance con una vecina que a su vez era lesbiana.  Además, el muchacho le pago extra por que culminara la redacción con una frase de la marquesa de Sevigne: “Si los hombres han nacido con dos ojos, dos orejas, y una sola lengua, es porque se debe escuchar y mirar dos veces antes de hablar”.         Cansado mas que nunca, llego donde Daniela, la cual lo tomo de la mano e hizo acompañar a una exclusiva exposición en la ciudad de objetos y documentos sobre la historia eslava. Los Antas, que si habitaban en el Este entre los carpatos, el Ilmen y el mar de Azov. Documentos sobre el imperio Búlgaro del Volga, sus costumbres y creencias, allá por el siglo VII, mantenían muy emocionada a la linda chica. Jere, como ella le decía, le regalo una replica que vendían, no muy económica, sobre el Dios principal eslavo llamado Perun, que personificaba el cielo de tormenta con el rayo y el trueno.  En realidad fue una noche muy agitada para los dos, pero inolvidable y hermosa al mismo tiempo.        En la mañana Jeremías se dio un baño en el mar. Nado un rato para luego secarse con la fresca brisa mañanera. Antes de sentarse a escribir dio una vuelta por la playa con el objetivo de saludar a su amigo el salvavidas que hacia unos tres días no lo veía después de concluido su caso. En efecto, lo encontró solo bebiendo cervezas al otro extremo de la playa, sentado en una tabla con velas varada en la arena.          — ¿Y así crees salvar vidas compadre? – Le saludo sonriendo-          — ¡Estoy feliz Jeremy! No te puedes imaginar cuanto –Respondió bebiendo un sorbo de cerveza.               Comento, que el domingo próximo se iría con el nuevo y alienado amor rumbo a Europa junto a su familia. Abrazo a Jeremías mas de cinco veces mientras buscaba una nueva bebida para brindarle. También contó el corpulento muchacho, todos los planes que tenia para esta nueva etapa de su gallarda vida. Era la primera vez que portaba el corazón invadido de una fuerte y dulce dilección .Casi al desgañitarse, dijo con felices lágrimas, que ya era hora de no copiar más los nombres de sus chicas en el hielo y luego sacarlos al sol. Estaba enamorado y esta bendita muchacha tendría su nombre labrado en el más alto y fuerte roble. Al preguntarle Jeremías sobre si no estaba muy apresurado todo, este le contesto que: “La vida era ahora y no dentro de una, dos o tres horas. La vida era este minuto en que hablan, el segundo que se respira”. También dijo que ella estaba muy de acuerdo con todo y se lo demostró cuando juro amarlo eternamente, con lágrimas en los ojos, después de hacer el amor.                 El joven de las epístolas le dio un fuerte abrazo de despedida, no sin antes desearle la mejor de las suertes y que a la voluntad de Dios dejaba el volverse a ver. Cuando dio la vuelta, llamo a Jeremías e inesperadamente saco de su billetera una foto enseñándole —rápido, para no ocuparle tiempo— la dedicatoria tan linda que le puso. Decía así:                “Cultivaste mis sueños sutilmente, y en mi alma existe una rosa que deseo guardar en tu pecho para toda la vida...”                                                                                                                       Daniela                  Jeremías sonrió a palabras tan bonitas, luego palideció, trago en seco, y sus ojos se tornaron brillosos, cuando vio que, no solo la letra le era familiar, sino que la foto portaba el bello rostro de Daniela, su propia novia.                 Con escalofríos y un terremoto interno que le quitaba el equilibrio, sin mediar palabra alguna Jeremías corrió, agarro la bicicleta y dejando atrás carpeta, papeles, cartas, lápices, mochila y a un joven salva vidas que no entendía absolutamente nada. Dio pedales sin parar, bajo lomas sin frenar y sin apoyar su cuerpo al asiento. Solo pensaba en llegar y aclarar este asunto abstruso que le estaba arrugando las paredes del mismo corazón.                Al llegar con débil aliento, para mas angustia y desespero, no se encontraba nadie en la casa. Toco el timbre y nada. Subió por la reja, que hasta un rasguño le obsequio, tocando con la mano algo fuerte la puerta, pero tampoco. Husmeo a través de los cristales de la ventana y no hubo señales.                Jeremías, no tuvo otra idea que sentarse en la acera del frente a esperar. Allí lo recibió al rato una densa lluvia, que paulatinamente se torno constante, mas no lograba mover al desesperado muchacho del lugar. Pasaron minutos, horas, y hasta anocheció y en la casa de Daniela no había otra cosa más que oscuridad.              El chico amaneció mojado caminando de un lado para otro, pero sin quitarle los ojos de la casa. Con las alas rozando en piso y tejiendo alienado un sin fin de historias, además de preguntas con respuestas sobre lo que sucedía. Agotamiento, debilidad, y un sufrimiento que se calaba hasta los huesos, fueron formulas suficientes para que amodorrado se rindiera ante el conato sueño. Así quedo otro buen tiempo recostado a un poste de luz, en la compañía de la incesante llovizna.        Pasaron por su lado gentes que curiosas se detenían a mirarlo. Unos rieron y dieron opiniones contingentes de cuanto alcohol habría consumido. Una madre le tapo los ojos a su pequeña hija, otro señor se conmovió, le hizo una reverencia y lo bendijo con la señal de la santa cruz para, después seguir su camino.        Lo cierto, es que el chico era victima de la fría aflicción, y la ausencia de aduciones. Como dijo Simone Weil: “Hay una alianza natural entre la verdad y la desgracia, porque una y otra son suplicantes mudas, eternamente condenadas a permanecer sin voz entre nosotros”.        De repente, una delicada mano se posó adjutora sobre el hombro de un derrumbado Jeremías, despertándolo lentamente. La madre del joven flagelado fue a buscarle y lo llevo de regreso a su casa, en donde con delicado cuidado le dio la noticia de que Daniela había ido hacia un lugar cerca del aeropuerto, de donde partiría días después hacia Europa. Ella se había encargado personalmente de visitarla al trabajo y contarle. Le deseo buena suerte y el no verla más nunca en la vida.                 Todo era evidente, las pocas dudas por aclarar eran su única esperanza, ese clavo del que se sostenía para no caer. Pero se esclarecía para mal del pobre muchacho, que aun no asimilaba bien lo que sucedía. Fue un momento extremadamente duro, que se acompaño de enfermedades físicas oportunistas. Depresiones constantes y un ochenta por ciento de oxigeno ausente por dar tantas vueltas sin dormir, además de diseminadas lagrimas vestidas de recuerdos mientras cae la noche principalmente, causaban una perpetua blefaritis al joven.                 Fue internado de urgencia y allí, luego de largos días y constantes antibióticos, fue sano —físicamente— a su hogar. Continúo con otro tratamiento que le consiguieron sus amigos, a base de pastillas coloridas que tomaba no con agua y jugos precisamente.             Jeremías cambio, se fue animando a seguir adelante, pero nunca se ha recuperado. Con anodinia continúo escribiendo. Ahora, especializado en ser un soldado del adulterio, ayudando con sus conocimientos a engañar y provocar dolor en los corazones mas anejantes. Propiamente se dedico a enamorar a cuanta chica se le cruzaba en el camino. Las ilusionaba y hacia tocar bermejas estrellas subidas en su hombro, para luego dejándola caer bruscamente, reírse y regocijarse viendo en el suelo a un corazón golpeado y sin otro color que el de los hematomas.                 Hubo algo que nunca ha dejado de hacer tácito luego de lo que sucedió. Todo los días se detiene frente a la playa, toma una rosa y la desperdiga al pie de las olas, luego queda en silencio, como si fuese un ritual sagrado a lo que fue y no será, o un respetuoso homenaje que le ofrecía a las silenciosas ruinas de un corazón repleto de ilusiones y pasión.               En algún momento Jeremías entenderá que la vida, el corazón y Dios, forman un lícito, preciso y sideral equipo. La vida brinda opciones que pasan directas al corazón, si en ese proceso ocurre alguna lesión, por muy atarantado que se encuentre, ahí esta el Dios de los Dioses buscando rayos de sol que le indiquen a tus ojos la salida ante tanta oscuridad.               Como dijo D. Carnegie: “Señor, dadme serenidad para aceptar lo que no puede cambiar, dadme valor para cambiar lo que si se puede cambiar, y dadme luz y sabiduría para distinguir la diferencia”.               Las derrotas son parte de nuestra vida, como lo son las victorias, nos guste o no .Solo hay que tener valor suficientemente para salir adelante, entonces no nos habremos desviado de un real camino, y continuaremos siendo parte de la verdadera r**a humana.                                                                                                                                                                     YURI                                                                                            
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