“Cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, de pronto cambiaron todas las
Preguntas.”
MARIO BENEDETTI
Alguien dijo en algún momento: “Si no levantas los ojos, creerás que eres el punto más alto...” Muchos de nosotros creemos que somos el ultimo vaso de agua en el desierto, y mientras alimentamos nuestro orgullo con cereales sacados de la mas fina vanidad y plenilunio desprecio, no nos damos cuenta que creyendo estar en la cima y viendo el techo del cielo, en realidad ese azúl que vivimos, es el mas intrincado y tenebroso abisal del fondo marino.
Ahora, quiero que estos fieles, convencidos de ser selenitas llegados en el primer vuelo a la tierra y andan por ella en short, chancletas y cámara al cuello, como el mas arrogante turista. Lean estas tres historias y luego me digan.
I
En el siglo XIII, el rey Gustavo de suecia, tenía la fama de ser un férreo autosuficiente que discutía y porfiaba hasta el aire que respiraba. Todo lo sabia, y si alguien tocaba algún tema, sea del que fuese, tenia la mejor y mas necia manera de ganar en la platica. Nada era excelente, sin pasar por su aprobación. Más, de tanto y tanto saber, una tarde reunió a las grandes excelencias del país y a todo su reino, sin excepción de nadie. Para asegurarles en un enérgico discurso, de que esa bebida, la cual llamaban Café, era un delicado y fino veneno. Así, delante de todos, escogió a un ladrón y supuesto asesino, para darle una indeleble y sabia condena. Ordeno, que puntualmente y sin excusa alguna, le dieran a este en cada amanecer, una taza repleta de café por el resto de su miserable vida.
“En tu camino nunca habrá viento favorable, si no sabes para dónde vas”
El rey, en 1792, murió en agónico asesinato. El reo de la extraña condena, y que tomo durante muchísimos años, una dosis de la sabrosa bebida. Vivió bastante tiempo, lo suficiente como para fallecer, siendo un anciano, de muerte totalmente natural. Y en otra sobre reyes, Aquí les ofrezco mi segunda historia.
II
En 1412, comienzos del siglo XV. Donde se inventa el grabado en madera, y Juana de arco perece en la hoguera. Siglo en donde los otomanos conquistan Constantinopla, Alfonso V de Aragón, entra en Nápoles, y se celebra el concilio de Basilea. Además de que Colon comienza a frotarse las manos para decirle ¡Hola! a la América.
Un joven, se encontraba condenado de por vida, en un oscuro y frió calabozo. Los guardias del rey lo encontraron con dos liebres en su bolso, en pleno bosque de la suprema majestad. Este al enterarse, le condeno sin siquiera mirarle la cara, a toda una vida solo con pan y agua, en la sweet de sus infernales rejas.
Así fue que al joven, le pusieron al carcelero más sangriento y cruel que había en el reino. Dentro del calabozo, este lo primero que hizo cuando vio al desdichado condenado, fue tomar un hierro al rojo vivo y pegarle sus iniciales en el centro de la espalda, como al más vil animal del ganado. Luego de ver como gritando horriblemente, caía desmayado el chico, disfrutaba caminar lento por los pasillos del calabozo regocijándose con una espeluznante carcajada.
Al muchacho lo encadenaron del las manos pegado a la pared, con un pequeño banquito, en donde podía sentarse a dormir, o a reposar las piernas cuando ya no pudiese mas.
El fiel carcelero, llegaba muy puntual en la mañana, y luego de escupirle el pan y el agua, se los ponía en el suelo para así ver las piruetas que el azaroso chico haría para comer y beber agua con los pies. Esto le causaba tanta risa, que casi se orinaba en los pantalones el basto hombre. Además de tener cierto publico entre los soldados del castillo que se acercaban para mirar.
El infeliz chico, apenas se alimentaba con alguna migaja de pan que lograba atrapar entre los sucios dedos de sus pies, y que con algún éxito lograba llevar a su boca. Con el agua pasaba lo mismo, mojaba la punta de los pies y con mucho trabajo los chupaba. Aunque en esta dura faena siempre terminaba por derramar el jarro, lo que hacía reír a sus aborrecibles espectadores.
Un día en la mañana, tuvo una inesperada visita. El propio rey en persona fue a ver el show que tan famoso se había vuelto en su comarca. A petición de este, esta vez le pusieron al chico un trozo de carne, vino, y una roja manzana.
El chico desesperado trato de atrapar la carne, la cual estaba tan jugosa y grasienta que al llevarle a su boca, resbalaba y caía irremediablemente al piso, causando la risa de todo especialmente la del propio rey sentado en un trono móvil frente al convicto. Con pañuelo en mano secaba las lágrimas de tanto reír. Al final solo pudo darle una mordida a la manzana, que rodó hasta los pies de sus opresores.
El rey, se retiró sumamente extenuado de tanto divertirse, no sin antes darle el consejo al carcelero, de que se entretuviese mucho más con el condenado, ya que no le pronosticaba un mes mas de vida, debido a lo flaco y desnutrido que se observaba. Así comenzaron los errores del presumido rey.
Pasó el tiempo, y el chico con dificultades aun, lograba alimentarse más y más cada día. Creció su barba y su cabello, y con ello también crecían las habilidades de sus piernas, las cuales a su vez se transformaban en unas masas musculares muy sorprendentes.
Recibiendo algún que otro latigazo, ponían unas pelotas hechas de cuero de ciervo en sus piernas, las cuales tenían que mover las esferas y hacer malabares, para divertir al rey en sus visitas. Se hizo tan famoso el monarca con esto, que otros reinos enviaban a sus carceleros para instruirse con tal experiencia de aprovechar una buena represión y escarmiento.
En una fría noche bien avanzada y lluviosa, quizás la mas en tanto tiempo. Se abrieron las puertas del calabozo. Entrando el carcelero con una botella de vino en su mano derecha, y en la otra el látigo. Junto a este, apareció una chica, que se tambaleaba de un lado a otro riendo, más ebria y desaliñada que este. Arreglo algo su cabello que apenas le dejaba mirar, y acercándose al chico le dijo que le mostraría todos los encantos que Dios le dio, si la divertía con sus piruetas.
Rieron los dos con delirantes y crueles. El inicuo hombre agrego, que solo un par de latigazos que le arrancaran la piel, bastaran para echarlo andar. Así fue, y el joven comenzó a divertirlos. Mientras hacia las piruetas, una de las pelotas se le cayó al suelo, el carcelero dándose unos tragos le regaño con otro latigazo. Pero sin tener mas remedio, se acerco fatuo a entregarle la esférica. Fue cuando el joven flagelado, logro atrapar con los entrenados pies, el cuello del carcelero, al que apretó sin piedad, ni equivocación alguna, solo le soltó cuando sintió los huesos traquear.
Como dijo José Martí: “Los derechos de un ser humano se toman, no se piden, se arrancan, no se mendigan...La libertad cuesta muy cara, es necesario o resignarse a vivir sin ella, o decidirse a comprarla por su precio.”
Allí, yacía en el piso el horrible hombre ahorcado. Su acompañante casi petrificada, cayó desmayada junto al cuerpo de este. El chico, con las mismas habilidades que le enseñaron los sangrientos latigazos. Agarro las llaves, en la cintura del carcelero. Abrió sus grilletes liberando unas entumecidas manos, se puso el vestido de la dama, la capa del difunto y en medio del mal tiempo, logro burlar la guardia y salir del castillo .El rey, iracundo. Ordeno buscarle hasta en las raíces de los árboles, y quintuplico el precio de su cabeza. Lo cierto es que el agraviado chico desapareció.
Una década después, fue invadido todo el reino. El castillo quedo ocupado, y se ondeo una nueva bandera y escudo en el. La suerte del rey, fue decidida por el mismo, bebiendo un letal veneno, que le cerró los ojos ante la debacle que le ahogaba. Algunos afirmaron, que entre el ejército invasor, había un soldado que peleaba como un verdadero león .Poseía dos espadas en las manos, y afiladas dagas en los descalzos pies.
Por cierto, hablando de leones, aquí les va mi tercera historia...
III
Nadie estaba tranquilo, ni en la lóbrega noche cuando dormía profundamente. Porque de tan solo emitir el diminuto ruido de un cabal suspiro, hasta las propias hienas se movilizaban asustadas.
Era el león más fuerte, voraz, bagual, y sanguinario de toda el África. Rugía y el alarido invadía como viento del norte los corazones de todos los animales que tenían la desgracia de escucharlo y desfallecer ingente del temor.
Entre la carnadura escalofriante de su cuerpo, y las manchas de sangre, que como condecoración de laceradas victimas, invadían su pelaje. Hacían pensar que Aristóteles, cuando clasifico las especies animales, debió dividir dos grupos. Primero este león, luego todos los animales del mundo.
Más de una vez, y quizás por diversión. Se introducía, luego de un pequeño rugido, al estanque de los cocodrilos para robarle alguna presa que habían atrapado. Monos mutilados, cebras picadas a la mitad, chitas cojas, y hasta un rinoceronte sin su cuerno, eran parte del programa recreativo que se trazaba para cada día, esta bestia africana.
Pero, si existía algo que lo divertía completamente .Era el hecho de acechar algún grupo de cazadores vengativos por la muerte de varias reses, y heridas mortales a alguien que intento detenerle en la tribu. Así, eran destrozados todos, y dichoso aquel que tenia tiempo de gritar agarrando sus pobres lanzas como palillo de dientes.
Solo podía salvarse aquel que de solo imaginar la presencia, lograba correr sin que se le vieran las piernas en la huida. La arrogancia crecía en cada inicuo rugir. Las ínfulas, el desdén, la tenebrosa inteligencia, y abrupta autosuficiencia, era todo lo que ofrecía con mirada vilipendiada, a toda la infinita sabana.
Un día, cuando el sol se encontraba escueto en la cúspide, tocando cada rincón de la árida tierra africana. El rey felino se encontraba reposando una jugosa cría de jirafa, que sus sometidas leonas habían cazado para el. Dormía profunda y placidamente, hasta que de pronto alguien hizo un ruido que le despertó sosegado y bruscamente.
Airado, miro con ínfulas de un lado al otro, sin encontrar huella alguna del futuro difunto. Solo una pequeña aventurera mosca correteaba entre sus garras. De inmediato lanzo medio garrazo y el insecto seguía allí inmóvil. Luego garrazo completo y el mismo resultado. La mosca correteaba juguetona.
Encolerizado, soltó un avenate, e infernal rugido que hizo temblar las piedras de la sabana. La mosca con toda la calma del mundo, sobrevoló su larga cara, para al final terminar posándose en la oreja derecha del rabioso felino, que la movía de un lado al otro en ataque de locura. Luego fueron inmensas mordidas al aire. Abanicaba su mirada y rojiza melena, además de lanzar con la cola torpes latigazos. Se paro en dos patas, y con las garras totalmente afuera, rasguñaba ofuscado el viento.
Todo era en vano. No existía en cada esfuerzo suyo por aniquilar al diminuto insecto resultado alguno. Más bien lo contrario, en el momento en el que el león agarraba un pequeño respiro, la mosca se poso en el centro de su nariz. Y como alguien dijo que el mal genio es lo que nos mete en líos, y el orgullo es lo que nos mantiene en ellos .Era pleamar para el inmenso felino, que sin aguantar más salio corriendo a todo dar, con pandemonio sumergido en el cuerpo y sin parar, luego de mucho tiempo transido y flagelado. Estrello su cabeza contra el más fuerte y viejo árbol de la sabana.
Allí, ya hacia el rey de reyes, el mas poderoso de todos y el dueño de la sabiduría absoluta. Ni siquiera los buitres tuvieron el coraje de ingerir su carne. Ni siquiera el viento en los árboles hizo movimiento alguno. Hubo silencio sepulcral en toda África. Solo se escucho el zumbido de un pequeño insecto que despegaba en busca de nuevos quehaceres.
“Quien todo lo puede, ha de temerlo todo”
Pierre Corneille
FIN
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Espero, haber ayudado en la reacción de aquellas personas que sufren cautivas de su propio orgullo, necedad y arrogancia. De lo contrario, es mejor y muy recomendable, que aprendan a vivir en la más extrema soledad .Porque tarde o temprano quedaran así, completamente solas.
Nadie puede, por mucho poder y dinero que crea tener, hacer que el sol salga solo para el. Ni coleccionar la luna en su pequeño cofre. Los rayos son de todos, y hasta a quien consideras tu enemigo se regocijara de ellos. Se sencillo, se discreto y valeroso. Forra tu corazón en una consecuencia sagrada del amor de Dios, y solo así tendrás el poder de decidir cuándo es tu ocaso o tu amanecer.
YURI