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1292 Words
Semanas después Olivia Desde que Mathew se mudó a nuestra casa las cosas han cambiado mucho. Ahora Christopher pasa más tiempo con él, enseñándole acerca de los negocios, mientras yo me encargo de manejar mi propio negocio. Dirijo una de las empresas de bienes raíces más grandes del país, por lo que siempre estoy ocupada fuera de casa. Este hecho ayuda mucho debido a nuestra relación no convencional, incluso si Mathew está en casa. Últimamente me he dado cuenta de que observo más de la cuenta a Mathew y este hecho me tiene inquieta. Pero es que me resulta imposible no fijarme en él si lo veo pasearse en la casa sin camiseta cuando Christopher no se encuentra en casa. Muchas veces he tenido que alejarme rápidamente para que no me vea sonrojada por admirar su cuerpo, porque admito que más de una vez he babeado al verlo. Es un chiquillo muy guapo, su tez es blanca y su cabello al igual que su barba son de color castaño; tiene ojos de color café hermosos, además de su barba perfectamente afeitada que lo hace lucir más varonil. Y qué decir de su cuerpo... tiene músculos por todos lados, se nota que se esfuerza mucho por mantenerlo en forma. Y este aspecto me trae loca, porque sí, no negaré que Chris es guapo, pero su sobrino, ¡Dios! Es capaz de mojar mis bragas con tan solo una sonrisa. Lo sé porque más de una vez me ha pasado. Tiene una cara angelical Comienzo a creer que lo hace adrede, pero cuando viene su novia a visitarlo pienso que me estoy volviendo paranoica. Molly está muy enamorada de él y por lo visto el sentimiento es mutuo. Además, es una chica muy dulce y tratable; aunque hay algo que me causa mucha intriga cada vez que viene, y es el hecho de que siempre le veo marcas en algunas zonas visibles de su cuerpo. Cuando le pregunté, me dijo que era muy torpe y que se tropezaba todo el tiempo con cosas. No me creí de todo el cuento, pero no tuve más remedio que aceptarlo. No creo que sea Mathew el que le hace daño, me parece imposible de creer que sea del tipo de hombres que agrede a las mujeres. Estoy rogando que Mathew se vaya a la universidad para volver a mi vida normal, necesito mi propia privacidad y mi cuarto. Después de tantos años durmiendo sola ahora me incomoda dormir con Chris en la misma cama. Giro a verlo e inmediatamente llegan a mi mente esos bellos recuerdos que vivimos cuando éramos una feliz pareja recién casada. Estábamos enamorados y éramos jóvenes cuando lo hicimos, pero pensamos que nuestro amor duraría para toda la vida y no fue así. A los pocos años, nuestra relación se fue enfriando hasta llegar a este punto. Ambos teníamos ocupaciones que ameritaban cada día más de nuestro tiempo, nos dejamos llevar por el trabajo y eso acabó con nuestra vida matrimonial. El poco sexo que me daba era 1 vez al mes y ya luego ni eso hacíamos. Buscamos ayuda profesional y eso tampoco nos ayudó, intentamos de todo y no pudimos retomar lo que teníamos. Después de un tiempo nos dimos por vencidos y ahora solo nos mantenemos a flote en una relación sin amor, a pesar del cariño que nos tenemos y la confianza. En varias oportunidades, Chris ha tenido una que otra aventura, pero dice que no es nada del otro mundo. A veces me gustaría amarlo como se lo merece porque la verdad es que es un buen hombre, pero lastimosamente no puedo hacerlo y a él le pasa lo mismo conmigo. Somos una especie de amigos con derechos y así me siento bien. No tengo necesidad de buscar en la calle a alguien que me satisfaga porque el sexo no es algo que defina mi vida. Me conformo con el sexo casual que me brinda mi esposo cada vez que puede y es mejor. Decido levantarme de la cama y dejar de pensar en el pasado, a fin de cuentas, las cosas no se arreglarán por pensarlas. Entró a la ducha y me sumerjo en el agua tibia que cae por todo mi cuerpo. De pronto siento que unos brazos rodean mi cintura y levanto la vista para darme cuenta de que es Chris quien me tiene agarrada de esta forma. —¿Será que puedo bañarme con mi esposa? —ronronea en mi oreja y besa mi cuello —. Han pasado muchos días desde que no estamos juntos me gustaría aprovechar antes de irme, quien sabe cuando regrese. Sonrío de medio lado al escucharlo y asiento. —Tienes razón. Debemos aprovechar, al menos tú podrás buscar a alguien que te satisfaga mientras te encuentras fuera de casa, pero yo no. —Bueno, tú también podrías buscar a alguien, Oliv. —Me conoces, Chris, sabes que no lo haré. Asiente. —Está bien, tranquila, yo puedo hacerlo. Se acerca a mí y toma mi boca posesivamente. Besa y muerde mis labios y me aprisiona contra su cuerpo mientras las gotas de la regadera caen encima de nosotros. Al cabo de varios minutos, logramos satisfacernos por completo y continuamos tomando un baño. —¿A qué hora sale tu vuelo? —pregunto. —Dentro de una hora. Asiento. —¿Mathew también te acompañará? —por favor, Dios, que diga que sí. —Sí, él irá conmigo, será bueno para que se vaya familiarizando con los empleados y conozca más del negocio. —Tienes razón. Bueno, espero que les vaya bien, pasaré el fin de semana sola en casa y los próximos días también por lo que acabas de decirme. —Así es, pequeña. Pero ya sabes, si surge algo no dudes en llamarme. —Lo haré, tranquilo. Terminamos de bañarnos y nos vestimos. Bajamos al comedor para iniciar nuestra rutina de familia feliz y le pedimos a Martha nuestros desayunos. Hoy solo debo ir a ver una propiedad y tendré el resto del día libre. —¿Y, Mathew? —pregunta Chris a Martha. —El joven todavía no baja, señor. —Muchas gracias, Martha. Ya puedes retirarte. Luego de terminar el desayuno, Chris me dice que irá a ver a Math, porque ya deben irse y él sigue sin aparecer. Subo a cepillarme los dientes y arreglo mi maquillaje. Cuando estoy por salir de la habitación, Chris aparece por la puerta con el ceño fruncido. —¿Qué pasa? —inquiero. —Mathew está enfermo. Dice que no podrá ir porque algo le cayó mal en el organismo. Que vaya yo, para no perder el negocio que tenemos previsto. —Pues, hazle caso. Aquí estaremos pendiente de él. Le diré a Martha que prepare una toma de manzanilla para que lo refresque. —¿De verdad, Oliv? —Claro que sí, tonto. Ve tranquilo. —Gracias, Oliv, eres la mejor. Nos despedimos y lo veo salir con su maleta. Llamo a mi secretaria y le digo que posponga la visita a la propiedad porque me quedaré a cuidar de Mathew. Subo a su habitación con la manzanilla que le ha preparado Martha y toco la puerta. Nadie me responde y eso me causa intriga. Abro la puerta detenidamente y no veo a Mathew en la cama. Decido entrar y lo llamo, pero no recibo respuesta. Dejo la taza encima de la mesa y levanto la vista para buscarlo, pero al hacer esto alguien me hala fuerte y me pega contra la pared. —Hola, señora Olivia... ¿Vino a cuidarme? ¡Joder! Mathew está frente a mí con solo unos vaqueros sueltos y sin camisa. Trago grueso y creo morir. ¡Demonios! Ahora sí, estoy perdida.
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