Narra Sebastián
Desde hace un tiempo mi padre ha sacado a flote algunos temas de conversación que no son muy cómodos para mí. La primera vez pensé que era algo que olvidaría, pero tras su insistencia, sé que va muy en serio.
—Sebastián, sé que eres consciente de que dentro un tiempo te convertirás en el heredero de una de las fortunas más grandes ¿verdad?
Asentí, pues lo sé desde que soy un niño.
La familia Farrell es conocida por sus múltiples negocios, por la industria y por su poder adquisitivo. Desde hace varias generaciones se ha mantenido el apellido de esta familia, para mis abuelos en un pasado, era importante eso de cuidar y mantener esos “linajes” de preparar a los herederos y así cuidar de los negocios. Aquella herencia de la que mi padre habla, no es más que una gran responsabilidad y mucho trabajo.
—Es por eso que necesito verte como lo que eres, Leonardo trabajará de tu mano, pero no puede hacer las cosas por ti. Necesito estar seguro de que puedes mejorar muchos aspectos para estar al frente, que puedes sacar la compañía adelante, que puedes hacerlo incluso mejor que yo y que junto a eso, puedas manejar tu hogar. Yo no estaré siempre, así que es importante para ti que cuentes con el apoyo de una mujer, una que le haga frente a tu casa, que administre el hogar. Una que te de hijos a los que debes preparar y…
—¿Está bien? —pregunté interrumpiendo su discurso—. ¿Su salud está bien? Es que me habla de lo mismo y empiezo a preocuparme.
—Estoy en perfecto estado, Sebastián; pero soy humano, con el paso de los días me deterioro y ya no soy un joven, soy un viejo agotado que necesita ver a su hijo estable para que el día que se vaya de este mundo, se marche con total seguridad y tranquilidad. Es por eso que estamos teniendo esta conversación.
—No se adelante a hechos, ¿para que una mujer? siempre se ha contratado a alguien para que se haga cargo de todo ¿no?
La mansión de mi familia no tiene nada que envidiarle a una casa real, tenemos todo lo que una persona puede necesitar, hay personas suficientes para que la mansión funcione bien; ¿para que una mujer?
—También pensaba lo mismo, pero cuando conocí a tu madre supe que el apoyo jamás me faltaría, fue mi soporte, mi complemento de vida. Ustedes fueron mi polo a tierra, una vez aterricé en mi realidad y obligaciones, me di cuenta que podía con absolutamente todo. y tu mi querido Sebastián, también necesitas ese polo a tierra.
—No pedí que hicieras esto —dije mirando mi comida. Seguía sin probar un solo bocado de la cena.
—No necesito tu aprobación, no te estoy informando, Sebastián; te estoy dando una orden. Todo está organizado, quizás tengas que viajar a un par de lugares, pero no es nada que no puedas hacer; te brindaré todos los medios para que cumplas con cada cita. Tienes a las mujeres más integras, sé que entre ellas podrás conocer a una que…
—¿Qué pasa si no acepto?
Hoy he interrumpido a mi padre varias veces, algo que no hago, pero este día no me importan.
—Me temo que tendré que cambiar algunas cosas en mi testamento, pues estoy viendo mejores aptitudes en alguien más.
Leonardo siempre ha sido el favorito de mi padre, lleva una vida queriendo que sea como él.
—¿De verdad haría algo como eso?
—Completamente, eres mi hijo, te amo y por eso hago todo esto. Pero si no dejas orientarte, entonces debo hacerte a un lado. Siempre lo he dicho, Sebastián, mientras estés bajo mi techo y gozando de mis privilegios, deberás escuchar lo que digo. Ayudaré y apoyaré solo a quien se deje orientar de mí, el resto ya lo sabes.
Crecí bajo los lujos y privilegios de una familia adinerada, he estado en los mejores centros educativos, mejores universidades; he estado en los mejores clubes sociales. Mi padre se ha encargado de orientar mi educación y eso me ha llevado a hablar diferentes idiomas, tener conocimientos de diferentes áreas. He podido practicar todo tipo de deportes, desarrollar habilidades en eso, en la música, en las artes. He ido muchos lugares alrededor del mundo, he hecho lo que él ha querido toda la vida, en todo aquello que sea productivo. Me he dejado llevar, me he dejado orientar en todo lo que quiere, pero esto, esto es el colmo.
—¿Tengo la opción de al menos pensarlo? —pregunté sin mirarlo.
—No, me temo que esa posibilidad no está.
Esto se sentía como cuando era niño y hacía una travesura, mi padre amenazaba con quitarme algo, algún juguete de mi colección o alguna cosa importante y al final siempre lo cumplía.
—Está bien, si eso es lo que quieres, entonces lo haré.
—Bien, Francis tiene toda la información que necesitas, él te acompañará. Lo que sea que necesites se lo puedes informar a él, fue quien organizó todo.
Asentí y no dije más, parece que eso es todo.
No pude comer, mi estómago se cerró de inmediato. No estoy listo para asumir un compromiso, no quiero tener una esposa, aún no quiero amarrar mi vida a una mujer. Disfruto de la variedad que me ofrece mi soltería, disfruto de mi juventud.
Al terminar la cena, me levanté y salí del comedor, quería estallar, protestar, pero no podía hacerlo en frente de la única persona a la que le bajo mi cabeza.
—Señor Sebastián, su padre me ha pedido cancelar sus compromisos laborales por estos días —dice Francis como si nada.
—Lo sabias ¿verdad?
—¿Disculpe?
—Mi padre dijo que tu organizaste las citas, sabías de eso que él quería… tú… ¿por qué no me dijiste?
—Su padre me pidió discreción, no podía comentar nada al respecto.
—¿Una esposa? ¿cree que estamos en la época de mil ochocientos? ¿Cuál es el afán? Por más que lo pienso no entiendo por qué quiere que me case tan pronto. Francis, llevas una vida en esta familia, si sabes algo; este es el momento de decírmelo.
—Lo siento, señor Sebastián. No hay mucho que yo pueda decirle.
—Ash, solo deja de decirme señor ¿de acuerdo?
Me senté en el borde de mi cama y solté un suspiro cargado de todo, menos de algo bueno.
—¿Cuándo debemos empezar con esta pesadilla?
—Mañana.
Levanté mi cabeza de golpe y lo miré con mis ojos bien abiertos.
—¿Ma… mañana?
—Sí, venía a decirle eso. Mañana a primera hora lo acompañaré a su viaje a Los Ángeles, la familia Lancaster lo espera con ansias.
—Creí que éramos amigos Francis, me siento muy decepcionado en este momento. ¿lo sabes? Me siento traicionado. Me conoces desde que usaba pañales, me cargaste en tus brazos el primer día que nací, ¿Cómo pudiste ocultarme esto?
—Es mi trabajo, señor Sebastián. Lamento decepcionarlo. Ahora, debo retirarme, espero que pueda descansar. Mañana a primera hora estaré con usted.
—No podré descansar, Francis. Quiero que hoy vayas a la cama pensando en que yo no podré conciliar el sueño.
El hombre hace una señal con su mano y se retira de mi habitación.
Francis fue el secretario de mi padre, desde muy joven ha trabajado para él hasta que se convirtió en su mano derecha. Es la persona en quien más confía, se hace cargo a todo lo relacionado a sus asuntos personales, razón por la que está bajo nuestro techo. Ha entregado su juventud y su fidelidad a mi familia, razón por la que le tengo aprecio, pero hoy no estoy tan entusiasmado con él.
—Francis, espera —dije asomándome al pasillo.
—Sí, señor.
—¿Cuántas chicas son?
—Doce mujeres, señor Sebastián.
—¡¿Doce?! —solté alarmado.
Me emocionaría si tuviera que ver a doce mujeres bajo otras circunstancias, pero están me espantan en vez de encantarme.
La mañana siguiente una de las empleadas sube a mi habitación para ayudarme a empacar mis cosas, Francis se encarga de organizar esa parte, es la persona que conoce los lugares a los que iré; así que, yo solo puedo estar sentando en un sillón viendo lo que ellos hacen.
—Su diseñador envió algunos trajes de gala, señor Sebastián, ya fueron llevados al avión.
—Hasta mi diseñador lo sabía, vaya, fui el último en enterarme.
—Necesitará un abrigo, por favor empaque los abrigos del señor Sebastián en las maletas más grande —ordena Francis a la mujer que empaca mis cosas.
—¿Abrigos? ¿Qué? ¿vamos al polo norte también? —cuestioné sarcásticamente.
—Algo así, señor.
Fruncí mis cejas e hice un gesto de confusión.
—Carajo, esto no estará bien —solté dejándome caer por completo a ese sillón.