Cuando la madre de Kagome trató de correr Kagome la empujó con fuerza haciéndola caer al suelo dándose un fuerte golpe. Kagome caminó hasta pasar por encima del cuerpo de la mujer. Bajó y dejó un pie sobre su cabeza. La respiración de la madre de Kagome era errática, sabía que sería lo siguiente porque esa sed de sangre que vio en su mirada aquel día no fue su imaginación. Sabía que algo había cambiado, pero pensó que era solo su imaginación, ahora estaba pagando las consecuencias de no dejarse guiar por su instinto, ese que nunca le fallaba, pero por terca había ignorado. Sus manos fueron a los tobillos del pie sobre su cabeza intentando quitarlo, pero Kagome presionó con fuerza haciéndola chillar del dolor. La risa de esa maniática se escuchó por todo el lugar, era la primera vez que se

