Inuyasha y Kagome miraron la obra de arte que habían hecho con la madre de Kagome. Los diez dedos de sus manos a carne viva y las uñas sobre una pequeña mesa la sangre rodeándole los dedos de una manera que tanto marido como mujer encontraron artística. La mujer tenía el rostro bajo porque su garganta dolía por todos los gritos que se escaparon en el proceso que hicieron esos dos. Kagome lamió sus labios satisfecha de la ardua tarea que había hecho con su madre, por un momento consideró sacarle los ojos y dárselos de comer, pero quería que esa mirada que antes era altanera, vea el sufrimiento que le esperaba. —Te queda bien ese color madre, te hace ver más... llamativa—comunicó Kagome con una sonrisa levantándose de la silla. —Kagome, tu madre no parece muy de acuerdo, ¿Qué deberíamos ha

