[ADRIEN] La fiesta ya no tiene el brillo inicial de los primeros brindis, pero sigue siendo impecable. La música envuelve el salón con una elegancia medida y los invitados se mueven entre mesas y copas con la misma precisión con la que se negocian acuerdos. Claire está a mi lado, serena, impecable, respondiendo con educación a cada felicitación. Nadie podría adivinar que debajo de esa calma existe una línea invisible que ambos estamos intentando no cruzar. Es entonces cuando mi abuelo se pone de pie. No golpea la copa, no eleva la voz. Simplemente se levanta, y el salón entiende que debe callar. Claire lo percibe antes que yo; siento cómo su postura se endereza ligeramente. —Queridos amigos —comienza él, con esa serenidad que siempre esconde estrategia—, esta noche celebramos una unión

