— ¿Podemos hablar? —le pregunté una vez que Helena salió de nuestro campo de visión y él automáticamente se tensó.
No me había estado imaginando cosas.
Realmente Aeron había estado haciéndose señas con Erika para que probablemente ella no me diera la agenda.
—Lawri ahora mismo tengo una reunión muy importante, pero te diré, algo hablaremos en la cena ¿Sí?
Enseguida hice una mueca porque no me gustaba nada que estuviera tratando de hacer el tiempo, era sospechoso.
Si Minerva estuviera aquí estaría completamente de acuerdo conmigo... Además de que añadiría uno que otro comentario.
— ¿Recuerdas que ya tienes una cena a la que por cierto no fui invitada? —le recordé.
Él hizo una mueca con sus carnosos labios antes de envolverme en sus brazos acto seguido mi corazón salto por el gesto.
—Yo voy a donde quiera que vayas tú y si no estás invitada tampoco lo estoy, te llevaré a comer.
Soltó un suspiro para después asentir.
—Está bien ¿Quieres que haga algo o...?
—Sí, Becky vendrá a buscarte para que conozcas la empresa a fondo mientras yo me ocupo de la reunión —Respondió soltándome.
— ¿Becky?
—Es una de las chicas de contabilidad, creí que te llevarías bien con ella ya que estabas estudiando esa carrera.
—Entiendo —murmuré cuando lo que realmente quería hacer era gritarle que no quería conocer a ninguna Becky, no querías hacer el adorno de su oficina, justo ahora estaba comenzando a molestarme no tener ni idea de que hacer aquí más que perseguir a Aeron.
Era estúpido y no me hacía sentir bien.
—Te veré pronto —respondió el ingresando a su oficina.
—Becky ya está aquí señora Stephanidis —me llamó Erika sacándome de mi estupor y recordándome que ella había presenciado todo incluso la humillación de Helena hacia mí, así que altiva me giré para fulminarla con la mirada.
— ¿Ansiosa porque me vaya Erika?
Ella comenzó a boquear como un pez fuera del agua soltando sosos balbuceos de mosquita muerta, como si no conociera a las de su clase.
—Yo no...
—Ahorratelo —la corte caminando hacia la asiática que debía ser Becky.
—Señora Stephanidis, es un placer —hijo esta vez que estuve cerca de ella y me sonrío con sinceridad.
—El placer es mío Becky, ¿Qué tal si comenzamos el recorrido alejándonos de este piso? —le pregunté sin evitar enviarle una mirada fulminante a Erika quien miraba en nuestra dirección y se sonrojaba de golpe.
—Oh, estoy completamente de acuerdo —respondió a la vez que fulminaba con la mirada a mi enemiga—. El ambiente está cargado.
—Creo qué vas a caerme muy bien Becky —le dije sonriendo y ella correspondió mi sonrisa.
Para después de dos horas Becky y yo ya nos habíamos hecho amigas y habíamos decidido quedarnos en el departamento de contabilidad.
—Me gradué el año pasado y gracias al cielo que el señor Stephanidis medio trabajo, ya sabes, no es fácil encontrar trabajo sin experiencia.
— ¿Conoces a Aeron? —pregunté curiosa y ella negó con la cabeza.
—Conozco a su prima, Anissa, fue ella quien le pidió la oportunidad para mí.
—Cuando hablaste de su prima rápidamente supe que se trataba de Ani.
— ¿Por qué? ¿Por qué con Ángeles no somos contemporáneas?
—Nah, solo porque Ángeles es odiosa y no ayudaría a nadie incluso si su vida dependiera de ello.
—Conmigo era gentil al igual que la señora Helena.
Acto seguido yo la mire estupefacta antes de soltar una carcajada que llamó la atención de más de uno.
— ¿Estás bromeando?
—No lo hago ¿Por qué...?
Entonces capté que probablemente ellas solo fueron unas arpías conmigo.
Pero ¿Por qué?
—Olvídalo, mejor cuéntame de qué te encargas aquí.
—Yo soy auxiliar de contabilidad, aquí en el departamento somos muy unidos así que nos ayudamos todos.
—Yo estudiar contabilidad en la Universidad Élite, lo dije cuando el dinero estaba escasiando en casa y no me alcanzaba el sueldo que tenía para pagarla.
— ¿Y porque no lo retomas? Ahora que eres la esposa del jefe y tienes su apoyo.
—No creas que no lo pensé Becky, pero ¿Y si ahora soy demasiado mayor?
— ¡Nunca es tarde para estudiar y ser mejor cada día!
Esto me hizo sonreír.
—Tienes razón, yo... Creo que lo haré.
*
— ¿Compraste la agenda, Erika?
Ella asintió para dejar escapar un suspiro cansado.
—Casi no lo hago, pasé las cosas de trabajó como me pediste, pero en serio Aeron, ella en cualquier momento lo notará.
—Ya lo sé, y mientras lo descubra ella estará bien, solo quiero protegerla, no quiero lastimarla.
—Lo sé, lo que no entiendo es cómo no se ha dado cuenta.
Aeron sonrío levemente y negó con la cabeza.
—No tengo ni idea, pero estoy loco porque lo descubra.
Erika le sonrió de vuelta y apretó su mano.
*
—Gracias por esto Becky, quizás debería considerar decirle a Aeron que me transfiera aquí en vez de estar en su oficina sin tener ni idea de qué hacer como su asistente.
Ella río divertida y asintió.
—No hay problema en tanto no me quites mi trabajo.
—Eso no va a pasar.
—El viernes iremos por unas bebidas ¿Quieres venir?
—Sí yo...
—Law, hora de irnos —dijo Aeron llegando por mí y de inmediato le sonreí.
—Claro, voy por mis cosas.
Ya en el auto comenzamos a hablar sobre cómo le había ido en su reunión y cómo me había integrado también al departamento de contabilidad.
—Estuve pensando que... Me gustaría volver a la universidad.
Él enseguida quitó su vista de la carretera para enfocar sus maravillosos ojos en mí.
— ¿De verdad?
—Sí, tú sabes porque dejé la uni y...
Enseguida estacionó el auto para prestarme absoluta atención.
—No te avergüences sirena, voy a ayudarte tanto como sea posible ¿Lo entiendes?
Asentí sin poder decir nada.
Lo único que me da vergüenza es tener que pedirle algo a Aeron.
—Sí pero que sepas que voy a pagarte esto...
—No, todo lo que yo quiero es que seas feliz, con eso me doy por pagado.
Tu mano fue detrás de mi cuello y me jaló en su dirección para besarme tan dulcemente como él sabe hacer.
*
Al llegar a casa le sugerí bañarnos juntos pero Aeron declinó mi propuesta porque de bañarnos juntos llegaríamos muy tarde para la cena.
Yo solo podía pensar durante el baño en qué me importa una mierda la cena, quería estar con él.
Así que no me di por vencida.
Cuando salí de la ducha él se estaba secando el cabello con una toalla alrededor de su cintura. Probablemente había utilizado el otro baño.
Coqueta dejé caer mi toalla como si no lo hubiera visto y fingí buscar mi ropa interior.
En menos de un minuto lo tuve dándome la vuelta y enpontrándome contra la peinadora en dónde me sentó para colarse entre mis piernas. Todo esto sin dejar de invadir su lengua en mis labios.
Mis brazos se aferraron a su cuello inmersa en la pasión que surgía con solo tocarnos.
— ¿Qué hay de la cena? —pregunté jadeante cuando su boca abordó la mía solo para adueñarse de mi pezón y darle suaves mordidas.
—Voy a comenzar por el postre primero —gruñó y en un segundo estuvo arrodillado entre mis piernas lamiendo mi parte más sensible de manera muy intensa.
Mi Aeron había vuelto y yo estaba más que feliz por recibirlo.
Su húmeda lengua exploró la costura de mi sexo haciéndome jadear de gusto a la vez que su pulgar se movía alrededor de mi clítoris.
Mi respiración cada vez se hacía más trabajosa mientras movía mis caderas entorno a él.
Mis dedos aferrados a su pelo.
Se sentía tan bueno, tan perfecto.
Estábamos hechos el uno para el otro, siempre había sido así contrario a lo que todos dejeran nosotros lo sabíamos.
Perdí la cabeza cuando hizo que entraran sus dos dedos mientras que succionaba mi clítoris haciéndome tener un orgasmo malditamente perfecto.
—Definitivamente lo más delicioso que he probado.
—Aeron...
Él se llevó los dos dedos que había utilizado para hacerme llegar a su boca probando una vez más mi sabor.
—Vístete sirena, debemos irnos o la comida se enfriará.
Entonces asentí como una tonta perdida aún en la neblina del placer que él me había causado.
*
Ni siquiera me arreglé demasiado, encontré un vestido rojo en el closet además de un par de tacones dorados y joyería a juego. Sin embargo me sentía como una verdadera diosa.
Mi seguridad estaba regresando.
Me maquillé natural y bajé las escaleras en busca de Aeron pero me encontré en la sala con Jasmine escribiendo algo en la sala, la chica al parecer sintió mi mirada pues alzó sus ojos en mí dirección y sonrió de modo aprobatorio viendo mi atuendo.
— ¿Saldrá con el señor Aeron?
Yo bufé por lo bajo antes de responderle.
—No me hables de usted Jas, vas a hacerme sentir vieja y sobre lo de...
— ¿Una vieja con ese cuerpo? Lo dudo mucho sirena...
La voz de Aeron ronroneante llegó a mis oídos haciéndome erizar y ocasionando que cualquier cosa que hubiera estado a punto de decirle a Jasmine muriera en el instante que me di la vuelta para mirarlo.
En ese momento no había nadie en la habitación salvo nosotros dos y mis ganas desesperadas porque me hiciera el amor sin reservas, incluso si ya lo habíamos hecho minutos antes.
Lamí mi labio inferior con mi lengua deleitándome con su endemoniadamente sexy atuendo y su cabello ligeramente desordenado.
—j***r tu estás...
—Esa boca, tenemos una invitada aquí —señaló él dándome una nalgada suave que Jasmine no pudo ver pero que a mí me excitó—. Jas ¿No deberías haberte ido a casa con tu madre ya?
Ella pareció levemente avergonzada.
—Sí, es que yo... Estaba estudiando y perdí la noción del tiempo.
—No te estoy reclamando nada bonita, solo no me gusta que vayas sola por la noche. Venga, déjame llevarte a casa o si lo prefieres puedes quedarte a dormir.
El modo dulce como Aeron le había hablado a Jasmine me causó curiosidad y algo extraño en mi interior, había sonado tan paternal que removió una fibra en mí.
— ¿En serio? —preguntó Jasmine atontada haciéndome salir de mi ensoñación.
Él le sonrió enseguida y asintió.
—Siempre que quieras.
—Muchas gracias señor Aeron, pero creo que por hoy será mejor que vaya a casa.
Él asintió mientras ambos veíamos como Jasmine tomaba sus cosas para después salir con nosotros.
Al entrar al auto casi instintivamente Aeron tomó mi mano haciendo que las mariposas revolotearan en mi vientre a la vez que le hacía preguntas a Jasmine sobre la escuela.
Cuando estuvimos solo el silencio nos envolvió y por suerte llegamos rápido a nuestro destino.
Curiosa lo miré antes de fruncir el ceño en dirección de Aeron quien me sonreía como si se divirtiera de mi desconcierto.
— ¿Por qué estamos aquí? Íbamos a cenar ¿No?
— ¿Estás hambrienta mi sirena?
Aquella pregunta sugerente me gustó y tomé una respiración profunda de anticipación.
Me lamí una vez más el labio con su mirada intensa sobre cada movimiento que hacía y me incliné sobre él para tomar su boca en la mía.
—Definitivamente lo estoy.
Enseguida él tomó mi cuello en su mano y me arrastró hasta su boca dándome un devastador beso que hizo que me temblaran las rodillas.
—Vamos por tu cena —susurró en mis labios antes de salir del auto dejándome ligeramente confundida hasta que llegó a mi puerta y la abrió ayudándome a salir.
Acto seguido la brisa golpeó mi cabello desordenándolo en diferentes direcciones. El olor salino del mar llegó a mis fosas nasales dándome una paz que hacía mucho tiempo no sentía.
Estaba en una preciosa playa con mi persona favorita en todo el mundo, el amor de mi vida.
Aeron Stephanidis Areleous.
En este momento solo puedo consentrarme en sentir, su mano contra la mía, la fría noche que nos abraza, la luna que nos ilumina y un montón de pétalos sobre el suelo que seguramente nos llevarán a un camino hermoso.
Mi corazón late deprisa por la anticipación y me siento tan bien que mis ojos comienzan a nublarse por las lágrimas retenidas.
Se siente tan bien.
Tan correcto estar aquí con él.
Tan malditamente perfecto que casi no puedo recordar el porqué últimamente me estaba sintiendo tan insegura sobre Aeron.
Nuestros pasos se detienen cuando una mesa hermosamente adornada sobre la arena nos da la bienvenida.
Yo nunca he sido sentimental, lo juro.
No soy una llorona.
Pero en este instante mis lágrimas están cayendo libres por mi mejillas ante esto.
Tan romántico.
Tan dulce que ni siquiera sé qué decir.
Mi cabeza se posa sobre su hombro y Aeron besa mi cabello de una forma tan cariñosa que mi llanto se intensifica.
¿Por qué me siento tan sensible?
—Aeron... Esto es...
—Esto es todo lo que te mereces y más. No dejaré que la cena inventada por mi madre para alejarme almenos por una noche de ti sea algo doloroso para tí sirena, siempre voy a darte lo que mereces, pide lo que quieras y es tuyo. Cualquier cosa para ver en esa preciosa cara una sonrisa.
Él tomó mi barbilla e hizo que lo mirara.
Sus pulgares barrieron mis lágrimas y me sentí expuesta como nunca antes.
—Ahora, no llores. No me gusta.
Y lo único que pude hacer fue alzar la cabeza y besarlo.
Ni siquiera me importaba una mierda la comida.
Soy adicta a los labios de Aeron.
A toda su escencia y su ser.
¿Cómo voy a decirle que lo único que quiero es a él?
Para siempre.
Y que eso no va a cambiar nunca.
Ambos nos dejamos caer a la arena perdidos en el mágico beso que compartíamos y en un momento nuestra ropa estorbaba así que nos fuimos deshaciendo de ella.
Aeron llevó sus labios a mis pechos, mientras uno era amasado suavemente el otro era devorado por su caliente boca.
Mis ojos se cerraron por lo sensible que estaba a la vez que aferraba mi puño a su cabello.
Los dedos de Aeron indagaron por mi desnudez hasta llegar a mi centro cálido y torturarme dulcemente.
Gemidos escapaban de mi boca como cantos y letanías mientras me removía contra su toque.
Mi mano se deslizó por su pecho caliente pellizcando su pezón y aruñando lentamente su abdomen musculoso hasta llegar hasta su m*****o erecto.
Lo tomé en mi mano masturbándolo y está acción lo hizo gruñir a la vez que se aferraba más a mi pecho y sus dedos me penetraban a un ritmo perfecto.
Pero yo necesitaba mucho más.
Lo necesitaba por completo a él.
Follándome como quería.
—Fóllame ya Aeron, por favor.
No tuve que volver a pedirlo.
Enseguida nuestros ojos conectaron como siempre, nuestras almas se conocían.
Nos pertenecemos.
¿Cómo pude dudar de él?
Entonces Aeron se metió entre mis piernas y la magia más intensa comenzó.
Nuestros ser se unió sin dejar de mirarnos a los ojos, su piel se pegó a la mía haciendo que mis pezones chocaran con sus pectorales en un movimiento puramente erótico mientras me penetraba con suavidad pero a la vez con posesividad.
Rodeé mis piernas en su cadera sintiéndolo aún más dentro de mí y me arqueé jadeando.
Sus pupilas estaban vidriosas por el placer que estábamos experimentando.
Tiré de su cuello para acercarlo a mí y besarlo a la vez que las embestidas se hacían más duras.
—Dios sí Aeron... —murmuré como una letanía.
—Eres mía Lawri, desde que te vi lo fuiste, para siempre.
Su lengua se introdujo en mi boca robando cualquier cosa que fuera a decir.
Su pelvis chocó más fuerza con la mía haciéndome soltar gemidos ahogados por su boca, mis uñas se aferraban a la piel de sus hombros para no dejarlo ir.
Aunque él no fuera a hacerlo.
No entendí su posesividad tan marcada porque él casi nunca es así pero me gustaba como el infierno.
Giré mis caderas al mismo ritmo que él entonces el orgasmo que experimenté me dejó ciega de placer por un momento mientras Aeron tomaba aún todo de mí y luego de un par de segundos se corrió en mi interior llenándome de su esencia.
Él me miró como si nunca me hubiera visto y un temor irracional vibró en mi vientre pero lo olvidé tan rápido como Aeron se inclinó para besar mi boca con suavidad.
—Deliciosa...
—Te amo —susurré yo al mismo tiempo pero ya él se estaba retirando de mí.
Se hizo a un lado y se levantó para ayudarme a hacer lo mismo sin embargo no me respondió haciendo que mi temor creciera mucho más.
No sé si es que lo dije tan suave que no me escuchó pero no me gustaba nada que no me hubiera respondido cuando era él quién normalmente profesaba su amor hacia mí después de hacer el amor.
—Te preparé tu favorito —dijo cortando el silencio alrededor nuestro.
— ¿Tú? —arqueé mi ceja burlona y él me correspondió.
—Bien, me atrapaste. Solo quiero consentirte —dijo con voz ronca abrazándome por detrás arropándome en sus maravillosos brazos.
— ¿Y eso por qué? —pregunté inevitablemente recordando la regla de mamá.
Cuando un hombre quiere “consentirte” solo es por culpa.
Un nudo se hizo en mi garganta al sentirlo tensarse.
— ¿No puedo consentir a mi hermosa mujer?
Me giré en sus brazos para encontrarme con su rostro y de alguna manera vi verdad en ellos lo que me hizo tranquilizarme un poco y darle un suave pico para soltarlo e ir a devorar la deliciosa comida.
Él se sentó a mi lado en la silla tomándome de la mano y ambos empezamos a comer en un silencio cómodo aunque el frío azotara mi cuerpo aún desnudo.
—Luces como una obra de arte —dijo él de repente con sus ojos fijos en mí cuerpo.
Enseguida le di una sonrisa pícara pasando suavemente mis dedos por su m*****o ligeramente erecto.
—Ni hablar de ti.
Cuando iba a hablar su teléfono sonó privándonos de este momento íntimo que estábamos compartiendo.
Su mano soltó la mía y justo al contestar su rostro se descompuso.
— ¿Qué pasa? —pregunté cuando colgó y su pupila me observó temeroso.
—Es mi madre, ha tenido un accidente.
— ¿Qué le pasó?
—No lo sé, papá no ha dicho mucho.
— ¡Bueno, vamos!
Tomé mi vestido poniéndolo rápidamente sobre mi cuerpo pero en cuanto lo vi perdido sabía que había algo más.
— ¿Aeron?
—Ella... —se mordió el labio inquieto y supe que lo que iba a decirme no me gustaría—. Ella no quiere que estés allá.
Claro, ¿Cómo no me lo imaginé? *Cursiva*
Incluso así es una perra. *Cursiva*
—Te llevaré a casa y después iré a la clínica.
Yo asentí entre perdida y molesta.
Todo lo que habíamos hecho lo había arruinado hoy pero no quise decirle nada.
¿Para qué?
Cuando llegamos a casa intenté bajar del auto enseguida pero él me detuvo del brazo.
— ¿Vas a estar bien?
— ¿Por qué no lo estaría? —le pregunté con una ceja arqueada tragándome mi molestia.
En este momento no me necesitaba molesta.
Su mamá es su prioridad, entiendo eso.
—Estas molesta —afirmó mirando con detalle mi rostro.
—Estoy bien Aeron, ve a ver a tu madre. Ella te necesita ahora, de verdad.
Aeron acarició con suavidad mi pómulo y yo suspiré.
—Esto es siempre lo que quiere hacer ella, que peleemos pero no lo va a conseguir —añadí y él me sonrió a la vez que mi corazón daba un vuelco.
—Te llamaré cuando llegue —se inclinó y tomó mis labios en los suyos con un breve beso.
Entonces salí del auto no sin antes sonreírle.
Pero al entrar a casa y ver la soledad en esta me deprimió aunque no debía sentirme así.
Aeron siempre me defiende de su madre entiendo que esta vez allá decidido acatar su orden sin embargo no lo acepto.
Helena no es la dueña del mundo, no iba a verla a ella de todos modos, solo iba a dar mi apoyo a mi esposo.
De pronto una sonrisa cruzó por mi rostro y ya no pude deshacerme de ella.
Saliendo a la calle luego de minutos meditándolo me monté en mi auto y me dirigí a la clínica de los Areleous.
Aeron se podría feliz de que lo apoyara.
No sé cuándo tiempo conduje pero en cuanto estuve en la puerta de la clínica ya me estaba arrepintiendo sin embargo pensé darle mi apoyo a Aeron y Gavin y luego regresar.
El sonido de mis tacones resonaron en la delicada cerámica del suelo de Garner Clinic, obviamente la clínica más elegante y exitosa de toda Grecia y que por supuesto pertenecía a los Areleous aunque no tuviera su apellido.
Cada vez que daba un paso me daba cuenta que yo no pertenecía ahí, y esto siempre me pasa cuando llego a cualquier propiedad de los Areleous salvo las de Anissa, y quizás se deba a que ella no es una Areleous de sangre, no tengo ni idea.
Busqué con la mirada a Aeron por los alrededores pero no había una pista sobre él así que tuve que ir a la recepción y preguntar dónde se encontraba Helena Stephanidis Areleous y ella me lo indicó con cierto recelo cuando finalmente le dije que era la esposa de Aeron Stephanidis y Helena era, para mi desgracia, mi suegra.
Esa era la reacción que obtenía siempre que decía que estaba casada con un Areleous porque esta familia es la más rica de Grecia.
¿Por qué de todas las herederas hermosas él se casaría con una danesa pobre?
Nadie lo entendía.
Y aunque mi respuesta antes hubiera sido “el amor” ahora yo, estúpidamente me lo cuestionaba.
Fue mucho peor cuando al llegar a donde estaba la familia Areleous reunida encontré entre ellos a Erika y no solo eso, ella abrazaba a con posesividad a mí Aeron.
Esto fue lo suficiente para romper algo dentro de mí.
Yo nunca he sido insegura pero esto rebaza mis límites.
Ni siquiera sabía qué hacer.
Solo estaba perdida.
Estupefacta.
Y muy dolida, demasiado dolida.
Di un paso atrás para escapar de ahí lo más rápido que pudiera y que no pudiera ser vista por nadie.
No sabía cómo reaccionar.
Solo quería huir y eso hice.
Caminé lo más rápido que pude a la salida cuando una voz masculina dijo mi nombre.
— ¿Law? ¡Lawri!
Respiré hondo recomponiendo cualquier expresión de dolor que tuviera en el rostro, no me iba a mostrar débil ante ningún Areleous, aunque fuera uno amable como Asher.
Me di la vuelta y lo encontré mirándome con el ceño fruncido antes de ladear su boca en una bonita sonrisa y atraerme a su cuerpo para darme un abrazo que en silencio agradecí porque lo necesitaba.
De los Areleous él era el carismático, divertido y sexy médico de la familia.
— ¿A dónde vas? Aeron está...
—Sé donde está, voy a casa ahora.
Esto lo hizo fruncir el ceño otra vez de forma intuitiva.
— ¿Sin él?
—Soy una persona independiente Ash, no necesito de Aeron todo el tiempo.
Él levantó las manos en forma de rendimiento y me sentí tonta por atacarlo, la culpa no era de Asher, era enteramente de Aeron.
—Tienes razón, pero es Aeron quien no puede estar sin ti.
Sus palabras me hicieron temblar ligeramente deseando que fueran ciertas.
—Debo irme Ash, fue un placer verte.
—Lo mismo digo Law.
Enseguida me fui y por un segundo no supe qué hacer.
No quería ir a casa.
Estaba enojada.
Furiosa con Aeron.
Entiendo que su madre me odie y no me quiera aquí, pero ¡¿Qué coño hacía ella aquí en mi lugar?! Reemplazándome...
Dolía como la mierda.
Conduje calles abajo hasta que me detuve en un parque lejos de la clínica y dejé caer mi cabeza en el volante.
De repente me sentía cansada.
La puerta de mi ventana sonó al ser tocada por alguien y di un respingo aterrada de que fuera Aeron como si yo hubiera actuado mal y no él.
Alcé la vista y me encontré con el rostro del hombre que Aeron me había presentado.
Atontada bajé el vidrio haciéndolo sonreír y me fijé en los bonitos óyuelos que se formaban en sus mejillas al hacerlo.
— ¡Vaya, es bueno verte otra vez! —exclamó él aunque yo no estaba de humor.
—Sí, hola.
—Tu llanta se está baceando ¿Tienes una de repuesto? —preguntó trayéndome de vuelta a la realidad.
—Oh mierda —gruñí bajándome del auto para ver la llanta con el hombre detrás de mí.
Ni siquiera recordaba su nombre.
—Puedo cambiarla para tí, solo necesito una llanta de repuesto ¿La tienes o tengo que...?
—Sí, sí por supuesto. Aeron puso una en el maletero del auto —dije llevándolo hasta este.
Pude sentir la mirada intensa de él en mí.
Ya me imaginaba que le atraía, siempre había tenido esta atracción de los hombres sobre mí pero ninguno me había interesado de verdad hasta Aeron.
Bastardo.
Él lo bajó para mí y puso manos a la obra.
—Así que eres la esposa de Aeron Stephanidis. No tenía idea de que tuviera ninguna, no una tan hermosa.
Yo arqueé una ceja aunque él no me estaba viendo.
¿Realmente acaba de decir eso?
Me abstuve de entornar los ojos.
—Vamos a cumplir nuestro primer año de casados.
—Aeron te tenía escondida —dijo antes de echarme una mirada rápida pero penetrante que a cualquier mujer la haría estremecer... Salvo a mí—. Ahora veo porque.
Automáticamente me crucé de brazos viéndolo retadoramente no obstante pronto supe que me había equivocado.
Esa pose atrajo su atención a mi escote pero él lo me miró de forma laciva, de alguna forma él era diferente... Apasionado.
— ¿Eso qué quiere decir?
—Que si yo fuera tu esposo solo te querría para mí —soltó sin filtros y con la voz enronquecida, tan masculina y aterciopelada que llamó mi atención.
—Eso suena bastante posesivo.
—Solo protejo lo que me pertenece.
Sí, eso sonó cavernícola.
Pero ¿Para qué mentir?
También muy sexy.
—Suerte que yo no sea tuya —la respuesta salió de mis labios como un extraño reto antes de que pudiera detenerlo y casi me golpeé por ser tan estúpida.
Él me dio una de sus miradas moja bragas que por supuesto a mí no me hacía efecto, aunque casi.
—Sí, suerte. Ya está lista tu llanta.
—Muchas gracias...
—Nash —sonrió él de forma burlona—. Me decepciona un poco que no lo recuerdes cuando yo recuerdo el tuyo a la perfección, Lawri.
—Lo siento, no es personal, no soy buena con los nombres —mentí descaradamente—. ¿Cuánto te debo?
—Un café conmigo.
Una vez más arqueé una ceja burlona.
Este hombre es atrevido.
— ¿Si sabes que soy una mujer casada?
—Pero bebes café ¿O no?
Su pregunta me hizo reír inevitablemente y él me sonrió de vuelta.
—Solo con leche.
— ¿Es eso un sí? —volvió a preguntar con las manos en sus bolsillos después de meter en mi maletero la llanta dañada.
—Es un quizás mañana, sin embargo hoy no es posible.
Nash se encogió en hombros sin apartar sus bonitos ojos de mí.
—Lo esperaré con ansias ¿Me darías tu número?
Una vez más una sonrisa amenazó por escapar de mi boca pero la detuve mordiendo mi labio inferior.
Abrí la puerta de mi auto y me introduje en este y él me siguió de inmediato.
—Esto es un “Ni lo sueñes”.
Él sonrió una vez más.
—Sé dónde trabajas —se burló.
—Estaré mañana en Little cupcake a las siete, no llegues tarde, entro a la oficina a las ocho.
—Definitivamente no lo haré.
—Nash, gracias —dije una vez más obviando su impertinente coqueteo.
—Me gusta ayudar a las damiselas en peligro —bromeó y me guiñó un ojo.
Cuando se fue tomé mi teléfono y llamé al único hombre en el que confiaba en estos momentos.
— ¿Law?
— ¿Dónde estás, bebé?
—En mi departamento ¿Sabes que me mudé ayer? Mamá está enloqueciendo sobre esto...
— ¿Dónde queda? Hoy es día de hermanos, necesito verlos.
— ¿Vas a despegarte de Aeron? —soltó él burlón.
Pero su pregunta me había hecho cuestionarme si realmente era tan dependiente a mi esposo, Asher también lo había insinuado.
—Dirección...
Él rió antes de responderme.
—Ya te la envío ¿Le avisarás a las chicas o quieres que lo haga yo?
—Hazlo tu, ya voy para allá.
—Te espero søster.
Søster: Significa hermana en danés.