Mirada reprobatoria...
La casa Weston se hallaba serena y silenciosa, en medio de casi una hectárea de jardines. Era una casa pequeña, sin mayores pretensiones, que parecía exactamente lo que era; la vivienda de un caballero inglés en 1797. Solo un observador muy perspicaz podía percatarse de que dos de las canaletas para la lluvía estaban muy hundidas, o de que una de las chimeneas le faltaba una esquina, o incluso de que en algunos bordes la pintura empezaba a descargarse.
Adentro, la única habitación totalmente iluminada era el comedor, pero allí también se advertían rastros de avandono. En las sombras, el tapizado de las sillas georgianas estaba deshilachado y descolorido. Los adornos de yeso del altísimo cielorraso habían empezado a estropearse, y en una pared había un espacio más claro donde alguna vez hubo un cuadro. Pero la muchachita que estaba sentada aun lado de la mesa no prestaba atención a todas las imperfecciones de la habitación, pues tenía los ojos fijos en el hombre que se hallaba frente a ella.
Farrell Batsford curvo su muñeca para que el puño con volados de seda de su camisa no se manchara con el jugo de la carne asada. Se sirvió un solo trozo y sonrió a la muchacha unpoco convincente.
-Deja de parar moscas y come tu cena- ordenó Jonathan Northland a su sobrina, y de inmediato apartó la vista de ella-, Bien, Farrell, ¿qué sabías sobre la casa en tu finca?
Regan Weston Trato de mirar su comida e incluso de probar algunos bocados, pero no lo logro. No entendía como podían esperar que se calmara y comiera en un momento así, Cuando estaba tan cerca del hombre que amaba. Echo otro vistazo a Farrell a través de sus largas pestañas oscura. El tenía aspecto aristocrático; nariz fina y ojos azules, almendrados.
Su chaqueta de terciopelo y su chaleco de brocado dorado sentaban a su perfección a su físico delgado y elegante. Tenía el cabello rubio bien arreglado, y se le ondulaba apenas sobre el borde de su blanquisimo corbatín.
Cuando Regan lanzó un profundo suspiro, su tío volvía a dirigirle una mirada de reprobación. Farrell enjuagó con delicadeza las comisuras de sus labios finos.
-Tal vez mi prometida desee dar un paseo por la luz de la luna- Sugirió Farrell, pronunciando cada palabra con claridad.
>, pensó Regan. En una semana se casarían, y entonces Farrell sería solo para ella, para amarlo y cuidarlo con su devoción, para abrazarlo; le pertenecía solo a ella. Abrumada por la emoción, no pudo hablar; sólo asíntio la cabeza en respuesta. Al arrojar la servilleta sobre la mesa, notó una vez más la mirada reprobatoria de su tío. No sé estaba comportando como una dama. De allí en adelante, de recordó que por milésima vez, no debería olvidar quien era ella... y quién habría de ser; la esposa de Farrell Batsford.