Adeline
Termino mi conversación con Vanessa, una compañera de la universidad a quien no veía desde el verano pasado cuando nos encontramos en Los Hamptons y salíamos juntas de compras, y nos despedimos luego de quedar para otra ocasión.
En ese momento las luces bajan y música lenta se apodera del ambiente, lo tomo como señal para tomar asiento y atiborrarme de postre de chocolate, pero entonces una figura esbelta se interpone en mi camino.
Al levantar la mirada me encuentro con Sebastian, quien extiende su mano en mi dirección, —¿Bailas conmigo?
Miro su mano y luego regreso a su rostro antes de aceptar, él entrelaza sus dedos con los míos y su piel es tan suave que siento que encajaron como si estuvieran hechas para estar juntas. Dirijo mi atención hacia ellas un instante, mientras me guía hacia la pista, y la suya es enorme en comparación con la mía.
Nos detenemos y ubico mi mano en su hombro, pero en el instante en que siento su palma deslizarse por mi cintura baja tan lentamente como si fuera una sutil caricia, siento como mi corazón da un salto en mi pecho. Creo que es mi imaginación cuando siento que me pega más a él, mis ojos quedan casi a la altura de su cuello.
—¿Pensaste ya en lo que te dije? —elevo el rostro para verlo y mis ojos se encuentran con los suyos, su expresión es impasible.
Por un instante me pregunto si yo tendré en él el mismo efecto que él en mí.
▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃
Sebastian
La cercanía de nuestros cuerpos me permite percibir el suave aroma de su perfume. No puedo evitar el impulso de atraerla más cerca de mí mientras bailamos al ritmo lento de la música. Mis ojos descienden a su mirada perdida en algun punto detrás de mí, hasta que le pregunto si ya pensó en la propuesta que le hice y entonces nuestras miradas se encuentran.
Se toma un momento para pensar su respuesta y me es imposible apartar la mirada de sus ojos, notando los distintos tonos de azul oscuro en su mirada que me recuerdan al océano, un detalle que no me había detenido a notar antes, vuelve su mirada aún más hermosa. Aunque jamás se lo diría en voz alta.
—Lo he pensando...
Guarda silencio un instante y suspira.
—¿Entonces?
—Tengo algunas condiciones.
—Te escucho.
—Nada de muestras de afecto, nada de besos, de ir por ahí tomados de la mano…
No puedo contener la risa que brota de mi garganta. —¿Cómo esperas que pretendamos ser un matrimonio creíble para el resto si no actuamos como tal, Adeline? De las puertas para adentro ni siquiera tendremos que dirigirnos la palabra, pero cuando...
Ella abre sus ojos y niega rápidamente, —¿Cómo que de puertas para adentro? ¿no estarás pretendiendo que nosotros…?
No termina la oración pero sé a qué se refiere y ella toma mi silencio como una afirmación.
—Ja, por supuesto que no —. Trata de huir pero tomo su mano, atrayendola de regreso a mí y nuestros pechos chocan.
—Si de verdad quieres esto deberás ceder a algunas cosas, Adeline, ¿qué matrimonio no vive en la misma casa?
Vamos a fingir estar casados y con lo que propone creerán que estamos al borde del divorcio. Necesito que tome una decisión rápido para asegurar que tendré mi fideicomiso pero a este paso veo más seguro comenzar a fundar mi propia empresa.
—¿Cuánto crees que soportaremos vivir bajo el mismo techo?
—El tiempo necesario para que cada uno obtenga lo que busca.
Ella aparta la mirada.
—Es solo un negocio, ¿entiendes? Pondré de mi parte si tu pones de la tuya y haremos que esto funcione. Las muestras de afecto solo serán públicas, en privado no tengo intención alguna de ponerte una mano encima.
Si las miradas mataran, Adeline me estaría enterrando ocho metros bajo tierra.
—En verdad no creo que esto vaya a funcionar, todos saben que no nos soportamos, que nos odiamos desde que éramos unos adolescentes, nadie se creerá que nos enamoramos tanto como para casarnos, es una estupidez, en serio, y no creo que vaya a...
No me detengo a pensar la idea que me viene a la mente, porque no es una acción premeditada, simplemente un impulso que nace de lo más profundo al no poder apartar la mirada de su boca mientras habla, un impulso me empuja a tomarla del rostro y juntar nuestras bocas para callarla.
▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃
Adeline
Siento que el mundo se detiene cuando los labios de Sebastian chocan con los míos, mi respiración se corta y mi corazón late con tanta fuerza que temo que lo escuche. Mi mano se desliza desde su hombro hasta su pecho y siento que si no estuviera sosteniendome estaría en el suelo.
Y detesto que sea así, porque es un idiota arrogante, pero también es infernalmente atractivo, y es como una maldición, el magnetismo que atrae mi cuerpo al suyo, o la forma en que hace que algo estalle en mi vientre y hormiguee por todo mi cuerpo, inclúso cuando desearía no sentirme así, mucho más después de dejarme en claro que no removía nada en él con ese comentario, no puedo evitarlo.
Sus labios se mueven sobre los míos y permanezco quieta, hasta que siento el suave toque de su lengua y entonces caigo. Y mi boca se mueve al compás de la suya, son solo unos segundos, intensos, lento, y entonces sin más se aparta de mí y debo retomar la compostura, aunque después de algo así creo que hasta mi nombre olvidé.
No tengo la fuerza suficiente como para mirarlo a los ojos y creo que es peor, porque al observar a nuestro alrededor noto las miradas curiosas y sorprendidas de varias personas a nuestro alrededor.
Aclaro mi garganta. Me sorprende que Sebastian pueda continuar con el baile como si nada, pero ahora una ligera sonrisa adorna su rostro.
—Haremos que se lo crean.
Inhalo profundamente por la naríz, cerrando mis ojos un instante, y soltar antes de arrepentirme, —Está bien —digo rendida—. Será cómo tu quieras.
Su sonrisa se amplía y me toma por sorpresa girandome delicadamente para volver a pegarme a su pecho.
—Además, ¿quién creería que no te enamoraste de mí?
Ruedo mis ojos. —Eres un fastidio.
—El sentimiento es mutuo —me guiña el ojo.
Por Dios, ¿en qué me acabo de meter?
▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃
Al terminar la música ambos nos separamos y veo a las invitadas dirigiendose al centro de la pista, en un momento alguien tira de mi brazo.
—¿Qué rayos acabo de ver? —. Serena tiene una expresión de desconcierto en el rostro, pero trata de contener una sonrisa—. ¿Acaso besaste a Sebastian? ¿el mismo Sebastian al que le arrojaste champagne por haberte confundido con una mesera? ¿el mismo Sebastian con el que te llevas como perro y gato desde que se conocieron?
Me encojo de hombros. —Las personas cambian.
Trato de seguir mi camino pero ella vuelve a tirar de mi. —¿Que está pasando? Quiero saberlo todo ya.
Suspiro. Bueno, de igual forma no planeaba ocultarselo a ella.
—Te contaré todo, lo prometo, pero después, ahora ve a tirar el ramo.
—¿Voy? Vamos, mejor dicho.
Aunque no quiero, dejo que me lleve de la mano con el resto de las invitadas ansiosas y me cruzo de brazos, esperando que lance el dichoso ramo, cuando en el otro extremo veo a Sebastian junto a su hermano. Él me mira divertido y me abstengo de rodar los ojos. Entonces algo cae en mi pecho y por innercia lo tomo, Serena aplaude de alegría al verme con el ramo entre las manos e instintivamente observo a Sebastian, quien sonrie divertido mientras niega.