LA PROPUESTA

1164 Words
Adeline Debe ser una broma. —Debe ser una broma —digo con total incredulidad, pero él permanece serio. Me levanto de mi asiento, cruzandome de brazos y lo miro, pero él no dice nada—. ¿Acaso perdiste la cabeza, Sebastian? Él pone los ojos en blanco con fastidio y me abstengo de hacer lo mismo ante su reacción. ¿Qué esperaba? ¿venir a mi habitación luego de tanto tiempo sin vernos y proponerme ser su esposa falsa y que aceptaría sin más? —¿Acaso tengo que explicartelo otra vez, Adeline? Yo creo que está bastante claro ya. Bien, él tiene un motivo para buscarse una falsa prometida, porque conociendolo jamás dejaría ir tan fácil la oportunidad de tener el control total de una parte de las empresas Von Trier, y jamás se casaría con alguien por amor porque es el mujeriego egocentrico más desapegado de Londres pero, ¿por qué elegirme a mí? —¿Y por qué pedirmelo a mí? Estoy segura que hay una fila de mujeres dispuestas a matar por esto, ¿qué te hace creer que yo —señalo mi pecho— aceptaré ser tu esposa? Él suelta una risita y niega suavemente con la cabeza, pellizcandose el puente de la naríz, suelta un suspira y me enferma que parezca que estoy exasperandolo. Literalmente estoy a dos segundos de mandarlo a volar. —No creí que te costara tanto atar cabos, Adeline. Escuché la conversación con tu hermana —mi expresión cambia y escucho con más atención—. Sé lo del engaño de tu novio. Mis brazos caen a mis costados y mis uñas se clavan en mis palmas con enojo. ¿Qué él… escuchó… QUÉ COSA? —Eres un… —Mira, poco me interesa ese asunto, lo que estoy haciendo nos conviene a ambos. Piensalo, él va a casarse con la hija de un político, ¿sabes dónde quedará esa noticia cuando se sepa que Sebastian Von Trier, el millonario más deseado de Londres, está comprometido con la heredera del imperio Ashton? Será el evento del año y a nadie le importará un carajo el compromiso de los otros dos. Y piensa en que, mientras tú decidas tener simples aventuras, él estará casado con la hija de un político. Me es difícil no reírme por la cantidad de narcisismo escurriendo de sus palabras, pero en el fondo entiendo lo que dice. Mi mente comienza a maquinar y me es difícil concentrarme con su presencia a unos pasos de mi y las imágenes que llegan a mi mente de las gotas de agua deslizandose por su abdomen la noche anterior. —Te dejaré para que lo pienses —. Deja de recargarse en el tocador y mete las manos en los bolsillos delanteros de su pantalón, y lo veo avanzar hacia la puerta—. Y espero que veas cuanto nos conviene a ambos. Dice antes de salir, dejandome con las ideas revueltas y el corazón acelerado. ▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃ La ceremonia fué, simplemente, impresionante. Desde la antigua iglesia italiana, el deslumbrante vestido de Serena, los invitados hasta la música clásica, todo era de ensueño. Mis ojos se llenaron de lágrimas al ver a mi hermana mayor avanzar por el pasillo del brazo de papá, cuando tomé su ramo me guiñó el ojo y le lancé un besito. Los aplausos llenaron la iglesia cuando ambos dieron el sí finalmente y se fundieron en un beso. Momento en el que pude divisar a Sebastian del lado contrario al mío, pero aparté la mirada antes de que se diera cuenta. Por un instante me ví a mí, luciendo un hermoso vestido, caminando hacia el altar… con Sebastian esperando por mí. Por dios, no era una tontería, el matrimonio era algo enorme. Aunque nunca haya pensado en ello, en realidad no sé si podría aceptar algo así, pero si lo veo como un contrato, como un negocio de beneficio mutuo… La idea danza por mi cabeza inclúso cuando ya estamos en la fiesta en la mansión. Ya no me imaginaba a mí y a Sebastian, sino a Alexander y a Dione… ¿y si Alex en realidad ama a Dione y por eso va a casarse con ella? En ese caso no entiendo qué clase de amor te permite revolcarte con otra. ¿O si se trataba de un negocio? Las empresas Harrison estaban al borde de la bancarrota, quizás él solo buscaba a una niña rica a quien enamorar para poder sacar a flote la empresa familiar. Para mi buena suerte, no estaba enamorada realmente de él, si así fuera estaría destruída… para su mala suerte, estaba furiosa por el golpe a mi ego, por la mentira, por haberme usado, por la humillación y el anuncio de su compromiso, él jamás saldrá impune de eso, ¿quién se cree qué es? Salgo de mis pensamientos cuando me siento observada, y me doy cuenta cuan fuerte estaba clavandome las uñas en las palmas. Levanto la mirada y me encuentro con Sebastian sentado en una de las mesas, sus dedos descansan en el borde de una copa y distingo uno de ellos llevando un anillo de plata, su cuerpo parece relajado pero su altura lo hace ver imponente, me observa con una calma en su rostro que me hace entreabrir los labios en busca de más aire. Dirijo mi atención hacia otra cosa para que no distinga la forma en que reacciona mi cuerpo al tener su mirada sobre mí, porque aunque sea un idiota insoportable y arrogante, no deja de ser el hombre más atractivo y sexy de Londres. ▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃▃ Sebastian —¿Piensas mirarla toda la noche o vas a acercarte a ella? —. Nicholas toma asiento a mi lado, sirviendose champagne en una copa, llevo mi atención a él un instante y tiene la sonrisa más grande en su rostro, inclúso sus ojos brillan y todo se debe a la pelinegra que baila en medio de la pista junto a su hermana—. Pareces un psicópata observandola desde aquí. Ruedo mis ojos. —No digas estupideces. Nicholas ríe. —No va a comerte. —¿No deberías estar con tu esposa? —¿No deberías estar buscandote una? —¿Qué te hace creer que no la encontré ya? Nicholas no dice nada entonces giro mi rostro en su dirección, está observando a Adeline que ahora ríe junto a otra chica a un lado de la pista. Él niega, aún con una leve sonrisa en sus labios. —Se me ocurren varias cosas que podría responderte si se lo preguntas y ninguna de ellas está libre de insultos. —Siempre consigo lo que quiero, Nicholas, mucho más cuando se trata de negocios y esto lo es, así que no me subestimes. —Hay ciertas cosas que no están hechas para uno aunque las quiera… Termino mi trago de un sorbo, me levanto con desición y abrocho la chaqueta de mi traje. —Ya veremos.
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