Llegaron hasta un rancho cerca del mar y se alejaron a un lugar más apartado donde no concurría mucha gente, querían que fuera tranquilo. Era un lugar precioso, las palmeras se levantaban a cada paso que daban, Roxana caminaba de la mano con Nicolás, sonriendo y charlando mientras se apoyaba contra su hombro. En cambio, Daniel y Sídney iban tras ellos obviamente separados y en silencio. Cuando llegaron hasta donde querían, tendieron dos mantas sobre la arena donde depositaron sus cosas. —Bueno chicos, —habló Roxana— Sídney y yo nos vamos a cambiar. — ahora le estaba tomando de la mano a Sídney a la que le sorprendía su simpatía, pero no se quejó, sí que debían cambiarse. Se separaron de ellos y se metieron en el rancho, preguntaron por el baño y se les mostró. Las dos se dispusieron a ca

