No pegué el ojo en toda la noche, no pude siquiera pensar en dormir; sólo pensaba en ella, en Jessica. Fernando me juro que era ella, incluso me mostró una foto, se veía diferente, más madura.
Debe tener algunos diecinueve... ¡Carajo! No me la imagino de parte de Alex, no me la imagino con él sabiendo lo que me hizo, lo que nos hizo. Hago esto por ella, hago esto por lo que nos pasó y saber que está con él, me mata, me llena de ira, tanta que quiero gritar. Es difícil de creer, yo la vi, yo la busqué y no hallé nada...
—Damián, el auto nos espera —escucho la voz de Fernando tras la puerta.
—Enseguida salgo —me termino de calzar las botas y salgo mientras guardo mi arma en la cintura. Fernando se tensa.
—¿Por qué llevas el arma? — pregunta siguiéndome por las escaleras. Yo me detengo.
—No te preocupes, no pienso matarla, aunque esté con Alex. No creo poder matarla.
Bajo las escaleras y salgo de la casa. Rápidamente me subo al auto, Fernando lo hace tras de mí y éste arranca.
—¿Estás seguro que quieres esto? ¿Estás seguro que quieres verla? Damián, es una universidad, no puedes... sólo no hagas nada malo.
No le contesto. ¡Claro que quiero verla! ¡Quiero que me explique qué carajos pasó! ¡Quiero que me dé la cara! ¡Quiero que me abrace! ¡Quiero que me bese! Quiero que me diga si aún me ama tanto como yo la amo a ella...
Los minutos se me hacen eternos hasta que el auto da la vuelta, mostrándome al instante una universidad gigante, ni siquiera me molesto en ver su nombre. Está llena de estudiantes por todas partes. La camioneta se detiene y yo no pierdo el tiempo y bajo. Observo a mí al rededor y veo un campus hermoso, soleado y hermoso.
Fernando se baja rápidamente y me sostiene el hombro.
—Tienes que calmarte, Damián. Está claro que no podemos entrar, tal vez corramos con la suerte de verla por aquí, tiene un auto...
—Rojo —termino por él.
La veo como si de una cámara lenta se tratase. Está hermosa, más hermosa de cómo la recordaba. Su cuerpo delgado ahora está un poco más definido, su cabello castaño está más largo y su sonrisa... su sonrisa es perfecta. Cierra la puerta del conductor del auto de lujo y con mochila al hombro se encamina hacia adentro. No pierdo el tiempo y corro hacia ella, corro como nunca sin importar que Fernando me llama sin parar.
Me detengo en seco cuando veo a alguien bajarse del otro lado; un chico, alto y robusto. ¿Quién carajos es él?
—¡Jess! —la llamo, pero ella no parece inmutarse —, ¡Jessica! ¡Jessica! —el chico es quién se da cuenta, así que le toca el hombro y me señala.
Siento un cosquilleo en el pecho en cuanto sus ojos me ven, su ceño se frunce levemente, pero se detiene. Le dice algo al chico y se encamina hacia mí. Su cabello se mueve por el viento y su caminar es distinto, más sensual, de hecho, toda ella es más sensual. Aprecio su ropa y noto lo diferente que está, lleva jeans rotos, blusa corta y chaqueta ¡¿Chaqueta?! Ella las odia.
Fernando llega a mi lado, justo al tiempo que ella, sin embargo, ella sólo se dirige hacia mí, cuando dice:
—¿Tú quién eres? ¿Acaso quieres algo? —su voz sigue siendo la misma, sigue siendo tan dulce pero ahora, ahora es más intensa.
—¿Estás jugando conmigo acaso? ¡¿Ese hijo de puta te lavó el cerebro?! —ella abre los ojos ante mi grito.
—Cálmate, Damián —ahora es Fernando quién habla.
—Escucha, Damián —ella habla en tono desafiante —, ¡¿Quién te crees que eres para hablarme de esa forma?! ¡No te conozco de nada!
—¿De nada? —me acerco a ella, muy cerca, pero no retrocede—. ¿Dónde has estado todo este tiempo? ¡Te busqué como un idiota y tú has estado viviendo la vida! —ella se ríe y levanta una ceja.
—Estás demasiado drogado. No me jodas —da media vuelta para irse.
—Jessica... ¿Qué estás haciendo? — pregunto derrotado.
No puedo desplomarme, no puedo hacerlo, pero la amo, la amo con cada parte de mi ser, la amo incondicionalmente, la amo con locura y con pasión. La amo tanto que no puedo explicarlo.
Ella se da la vuelta al escucharme.
—Yo no me llamo Jessica. Me debes estar confundiendo con alguien.
—Claro que no —contesta Fernando.
—Sí, más específicamente con mi hermana.
—¿Qué? —exclamamos mi amigo y yo al unísono.
—Me llamo Jennifer Aston y mi hermana gemela se llamaba Jessica Aston.
—Carajo... —susurra mi amigo.
—Vámonos... —es lo único que digo —, sácame de aquí, Fernando.
Ambos damos media vuelta y nos alejamos de ella. Todo me está dando vueltas y estoy a punto de vomitar como un perfecto idiota.
—¡Espera! ¿La conocías? ¡Oye!
Subo rápidamente al auto y éste arranca casi de inmediato. La veo quedarse allí con su ceño fruncido y con un millón de preguntas, supongo, pero no creo que tenga tantas como yo.
Llevo horas en el despacho, he estado todo este tiempo pensando en ella, en Jennifer. Son tan idénticas, es como si la viera a ella, pero más atrevida. Aún no puedo creer que tenga una hermana, gemela, una puta hermana gemela.
Todo esto me está volviendo loco y al mismo tiempo me está demostrando que tal vez no conocía a Jessica como lo creo, de hecho, ella jamás me habló de sus padres, jamás lo hizo y yo nunca le pregunté. Sólo me concentraba en ella, no me importaba un carajo su familia, no me importaba en qué casa vivía o de qué color era. A mí sólo me importaba ella.
Recuerdo que la conocí, salimos y a los cuatro meses la convencí de vivir conmigo. Nunca me dijo si se escapó o si sus padres lo sabían, ahora estoy completamente seguro de que no sabían de mi existencia.
Todo esto me duele el doble porque al menos creía que estaba viva, pero todo me golpeó en la cara y sólo tengo a su hermana gemela y ahora estoy más convencido que jamás la tendré a ella de nuevo. Dos lágrimas bajan por mis mejillas cuando bebo del Whisky.
Me las seco rápidamente y sin pensar muy bien las cosas, llamo a Marcos.
—Sí no tienes la dirección de la castaña, cómprate un ataúd —escucho su suspiro detrás de la línea —, dime el número de la habitación en su residencia.
—No vive en una residencia, señor. Tiene un apartamento a media hora de la Universidad.
—Mándame la puta dirección —le cuelgo.
Casi enseguida recibo el mensaje de texto, así que tomo mis llaves y salgo del despacho. Salgo de la casa y me doy cuenta que es de noche, Fernando me ve y se acerca.
—¿A dónde vas? —lo ignoro y me subo a mi auto. Él coloca las manos sobre la puerta —. Si vas a hacer alguna locura es mejor que lo dejes estar.
—Encárgate de tu trabajo. Para eso te pago —él entiende la dureza en mi voz así que rendido se aleja y yo arranco a toda velocidad.
Con la vista al frente recorro la ciudad a toda velocidad. Me paso algunos semáforos en rojo hasta que al fin llego a mi destino.
Me bajo colocándole el seguro al auto y entro rápidamente al edificio de apartamentos. Ignoro al portero y subo al ascensor casi de inmediato, éste me deja en el cuarto piso y con lentitud llego a la puerta que busco.
Respiro profundo y toco con demasiada fuerza. A los segundos ella abre la puerta.
Parece sorprendida sin embargo me invita a pasar. No le importa que sea un extraño. Lleva la misma ropa de esta mañana sólo que su cabello está recogido en una coleta alta.
Él apartamento es un poco lujoso, huele de maravilla y es muy luminoso.
—Siéntate donde quieras —se pierde de mi vista y yo me siento en el sillón. Aparece con dos tasas de café. Me tiende una.
—No es necesario —digo refiriéndome al café.
—De hecho, si lo es, estoy segura que dejaste el pasillo apestando a alcohol
—debido a su comentario tomo la tasa y bebo un sorbo.
—Yo... —empiezo, pero ella me detiene.
—Creo que yo debería hacer las preguntas. Ahora sé que conociste a mi hermana, ¿de dónde? —se sienta frente a mí y deja su tasa en la mesa de decoración, junto a una libreta.
—Yo era su novio —me sorprendo cuando la escucho reír. Tiene una risa diferente a la de Jessica, pero es muy bonita hasta contagiosa.
—No eras su tipo.
—¿Acaso tenía uno? Fuimos novios por un tiempo bueno —ella levanta las cejas sorprendida.
—Mi madre siempre pensó que, si alguna de sus hijas se iría, sería yo. No me mal intérpretes, siempre he tenido buenas notas y me llevo excelente con mis padres, pero con los chicos, soy un desastre. Luego un día, ella se fue, no amaneció en su habitación, dejó una estúpida nota diciendo que "iba a ser feliz" —hace comillas en el aire —, ¿Acaso lo era contigo?
—Estoy seguro que lo era —es lo único que contesto.
—Está más que claro que no sabías de mi existencia, es muy raro porque me dices que fueron novios mucho tiempo
—No sé nada de su familia. No me importaba un pepino su familia.
—¡Vaya! ¡Qué novio tan raro eres! De hecho, eso me lleva a otra pregunta. Llegaste a la Universidad en camioneta blindada y te resguardaban hombres. Estoy segura que no eres algún famoso, ¿a qué te dedicas, Damián?
Su pregunta me deja perplejo. Su pregunta me deja inquieto y sorprendido. Es muy directa, es tan diferente a su hermana.
—Eres muy directa, Jennifer.
—Sólo quiero conocerte, Damián, eso es todo —cruza sus brazos por debajo de sus pechos.
—Mi trabajo es... único.
—¿Único? —arquea una ceja—, ¿único cómo?
—Trabajo con mercancía, de aquí y de allá, eso es todo —cruzo mis brazos en mi pecho, imitando su acción. Ella sonríe.
—Mi hermanita se metió con... ¿un narco o con el hijo de uno? Sé que hay muchos por aquí —le regalo una sonrisa.
—El hijo de uno, pero ahora soy yo el narco.
—¿Y me lo dices, así como así?
—Algo me dice que puedo confiar en ti.
—Pues yo no confío en ti —bebe por primera vez un sorbo de su café —, ni en la relación tan extraña que dices que tuviste con mi hermana.
—No deberías confiar en muchos de los que están a tu alrededor.
—¿De qué me hablas? —ella frunce el ceño.
—Sé que tú y tus padres quieren saber qué le pasó a Jessica.
—¿Qué? —se levanta—, ¡¿Acaso tú lo sabes?! ¡¿Acaso tú la mataste?! ¡¿Escuchó algo que no debía y tuviste que matarla?! —sus gritos resuenan por todo el lugar.
—¡¿Qué mierda tienes en la cabeza?! —grito levantándome también —, ¡Yo la amaba! ¡jamás le hice daño! Además, ella sabía a lo que me dedico.
—¿Entonces de qué carajos hablas? Porque nos cansamos de llorarle a un ataúd vacío.
—Tienes el enemigo demasiado cerca y no te das cuenta, pero si no confías en mí, yo tampoco lo haré
Tomo la libreta de la mesa y anoto mi número.
—Llámame sólo cuando en serio desees saber qué le pasó a tu hermana, entonces entenderé que confías en mí.
La dejo allí de pie y salgo del apartamento.