•❈•NO SOY UN CHICO•❈•

1247 Words
Un silencio que parecía una eternidad se hizo presente junto a la incomodidad. —Raissa fue a New York de compras, le alenté a que te diera una sorpresa —soltó una risita de niña traviesa—. Espero que haya alcanzado a verte, me gusta que te relaciones con ella. Es una chica acorde a tu… —¡Eres única, mamá! —exclamó exasperado y sin dejarla finalizar la oración— ¡Entre Raissa y yo no existe ninguna relación! —Por tu tono de voz, creo que te molestó mi comentario —la mujer inquirió de manera firme—. Pero sabes bien que no me importa, quiero que sientes cabeza de una vez por todas, y ver corriendo a mis nietos por toda la casa. —Eso será cuando llegue el momento, y yo decidiré con quién —manifestó con los dientes apretados. —No me hables en ese tono, Bash —le regañó—. Recuerda que soy tu madre, y solo quiero lo mejor para ti. La familia Vlachos, es una de las más ricas e influyentes de Grecia y sería muy conveniente para nosotros un matrimonio entre ustedes, reforzaríamos una alianza. —¿Y crees que eso me importa? No me trates como a un chico, soy lo suficientemente mayor como para hacer mi propio dinero —le recordó. —Soy tu madre, así tengas cien años. Sé lo que es mejor para ti, por eso me preocupo —ella le dejó claro su punto de vista. —Madre, no quiero discutir en este momento contigo. Además, el avión va a despegar. Sin decir nada más, terminó la llamada. Se ajustó de nuevo el cinturón de seguridad, y se reclinó en su asiento. Cerró los ojos, muy poco le importaba que sus hombres de seguridad supieran las discusiones con su madre. Al contrario, estaban acostumbrados ya que eso ocurría con frecuencia. Muchas veces había discutido con su padre, por haber ido a la universidad en América, y no en el Reino Unido, como él quería. Pero principalmente lo hacía para descansar de ambos, a veces era agobiante estar entre el medio de los dos. Sus discusiones eran insoportables, alejarse para él fue como respirar. Sin embargo, sus padres no tuvieron más opción que aceptar. Lo hizo sentir muy orgulloso, y en el instante en que enfermó y Bastiaan se hizo cargo del negocio familiar. Dándole a demostrar que había valido la pena visitar la hermosa Grecia, solo verano y en Navidad durante muchos años. Cosmo Karagiannis, había muerto de un infarto dos años después que le cedió el control absoluto de toda su fortuna. La cual, Bastiaan con su esfuerzo, dedicación, astucia, inteligencia y determinación, triplicó. Ya no eran ricos e influyentes, en la actualidad eran más poderosos y reconocidos a nivel mundial. Muchos querían aliarse a sus empresas, solo para tener un poco del prestigio de esta. —Tienes c0j0nes cuadrados al mandar al caraj0 a Raissa de la manera en que lo hiciste —Leander se estaba burlando de él. El avión se estabilizó, y una de las azafatas se acercó con una botella de whisky y dos vasos. —Ella y mi madre quieren volverme loco —esperó a que la empleada les sirviera un trago. —Sabes que la chica tiene años esperando poder atraparte —le recordó Leander. —Yo no quiero nada con ella, y mi madre se empeña en metérmela por los ojos —expresó con los dientes apretados. —Sea con ella o con otra, tendrás que casarte algún día —su amigo era sincero. —Es cierto, pero más que continuar con mi apellido, quiero a una mujer que sea mi compañera —dio un trago hasta el fondo de bebida—. No quiero ser como mis padres. Sus padres no tenían un matrimonio, ellos tenían una guerra bélica de poderes. Cada uno quería demostrar a su manera quién era el más fuerte. —Te entiendo perfectamente, porque también estuve ahí —luego le informó Leander cambiando el tema—. Llegaremos en ciento veinte minutos a Brooksprings. —¿Has llamado a Astrid? Le informé esta tarde que llegaríamos hoy —comentó Bastiaan. —Le diré a Donna que lo haga. Al darse cuenta de la manera cortante en que Leander habló, frunció el ceño. —¿Sigues molesto con ella? —él quiso saber. —Esa puerta mejor no abrirla en este momento, Bash —miró a los lados. —De acuerdo, no quise entrometerme —se encogió de hombros—, pero si quieres un consejo, no le des tregua. Es mi prima y la amo, pero en algún momento tiene que sentar cabeza. —¡Ja! Me parece absurdo que seas tú quien diga eso —Leander negó con la cabeza y se tomó su whisky. —Tienes razón, no soy quién para hablar del tema —Bastiaan alzó las manos en gesto de rendición. —Señor, disculpe —La voz de la azafata llamó la atención de los dos hombres—. Tiene que venir a ver lo que hizo su prometida. —¡¿Mi qué?! —gritó Bastiaan completamente indignado. —Lo siento, señor —la joven se aclaró la garganta—. Lo que hizo la señorita Raissa en su habitación. Ambos hombres se levantaron al mismo tiempo, y fueron a ver de qué se trataba. Raissa había destrozado el lugar. Desde los espejos y lámparas, pasando por las sábanas y almohadas. —¡J0d3r! —Bastiaan estaba completamente furioso— ¡Esta mujer quiere volverme loco! —Es una chica enamorada —Leander se estaba carcajeando. —Cuando llegue a esa j0dida ciudad en donde está Astrid, lo primero que haré será llamar a Néstor e informarle todas las estupideces que hace su hija —Bastiaan estaba completamente decidido a sacudirse a la mujer de una vez por todas. —Pienso que no deberías de hacerlo —esa vez Leander hablaba en serio—. Al menos no de forma agresiva. —¿Por qué no? —quiso saber él. —Sabes que la última vez que hablaste con él, fue para decirle que no aceptabas su propuesta de sociedad —Leander hizo un gesto—. Si le dices que no quieres nada con su hija, lo tomará como un rechazo y eso puede traer repercusiones. Bastiaan lo miró algo sorprendido, porque nunca lo había visto de esa manera. —Tienes razón, pero no sé por qué presiento que saldré jodido en todo esto con Raisaa si no hago algo rápido. —Si esa es la mujer que tiene el destino para ti —su amigo le palmeó el brazo, burlándose—. Entonces así será, Bastiaan, y lo sabes. Leander, había sido su mejor amigo, desde que tenía nueve años. Él era completamente griego, puesto que nació en Atenas. Su llegada siempre fue un misterio, y más por el disgusto de Minerva, su madre, que cuando se enteró de que el chico fue adoptado sin consultarle, se marchó a Grecia por dos años. Su padre insistió en que se trataran como verdaderos como hermanos. Por su parte, Bastiaan había nacido en América. Pero por insistencia de su abuelo materno, para que aprendiera el idioma, vivió en Grecia hasta los siete años. Por eso fue muy fácil para él relacionarse con Leander, y desde entonces se habían vuelto tan cercanos, que aunque no compartieran la misma sangre se sentían como hermanos.
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